domingo, 28 de noviembre de 2010

Domingo


No imagino la vida sin la gente a la que se quiere. No hago referencia a los que viene en paquete con nosotros. Hago referencia a ese otro grupo selecto, capaz de conseguir que este domingo deprimente no lo sea. Amigos, aunque no sé si ese título les hace justicia.

Gente que cuando ve lágrimas rodando por unas mejillas encendidas, transmite calma. Unos más cerca, otros a kilómetros de distancia, pero juntos. Nunca se alejan pase lo que pase. Siguen a nuestro lado. Entre otras, son capaces de convencer al más escéptico especimen humano (abrigado hasta las cejas por una sudadera de cremallera casi ausente) , de que se cree un elfo (no sé si de sangre o de la noche, no lo tengo muy claro) y dedique esas horas en las que no se puede evitar pensar en lo que falta, a matar anguilas voladoras y conseguir botines clicando sobre cosas que brillan.

Objetivo cumplido, igual que se cumplen las misiones. El especimen no piensa. No se siente mal. No llora.

El balance a esta tarde de domingo es el siguiente: soy algo de nivel 6 que ha llevado durante toda la tarde a dos elfos de sangre (un pícaro y un sacerdote nivel 80) pegados a mis talones matándome cosas feas. Han reído conmigo descubriendo un mundo en el que me llevan de la mano (o empujan vilmente), allanándome el camino.

Tengo a los mejores amigos del mundo. No envidio a nadie.

Gracias!

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