jueves, 20 de enero de 2011

Cuento número 11. Alessey y los acordes




Sed todos bienvenidos a El estante olvidado.
Este cuento está dedicado a la persona que está haciendo posible que el entorno que veis sea tan maravilloso. Maga que captura la belleza, la transforma, la besa o latiga. Princesa del reino de la ilustración y masme. Este es pa ti mariadelasmedusas!!!


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Música de guitarra de fondo. No estaba mal para variar. Acordes flotando alrededor del guitarrista, envolviéndolo, mientras se transportaba a un lugar donde sólo existían la música y él. Se rompía el hechizo cuando el autor separaba los párpados y traía de nuevo la luz ambiental a su realidad. Alessey observaba el escenario desde el fondo de la sala.

Para Edgar los aplausos no eran bienvenidos. Podrían metérselos donde les cupieran, pero eso lo diría cuando fuera famoso, por el momento inclinaría la cabeza y, con la sonrisa torcida que enloquecía a las féminas, bajaría del escenario. Antes de dar dos pasos, una jarra de cerveza bien fría aparecería en su mano y, acto seguido, un estilizado brazo secuestraría al instrumento, conduciéndole después al asiento que debiera ocupar hasta su próxima intervención. Las personas rebullían a su alrededor. Las voces debatían por adularle, pero él sólo pensaba en su guitarra.

- ¿Improvisarás después conmigo? – Preguntaron tan cerca de su oído que, alarmado, no pudo evitar dar un respingo.
- ¿Perdona? – El chico miraba a Alessey de hito en hito, preguntándose quién le habría invitado a la mesa. La sonrisa amplia del recién llegado tenía talante amistoso, aunque no pudo dejar de percibir también algo sórdido en ella. – Lo siento, pero no improviso acompañado.
- Una lástima… - Tomó asiento junto a la estrella de la noche, siendo la comidilla del resto de acomodados en el sofá con forma de media luna.

Edgar observó como miraban al recién llegado que, cómodamente, se instaló junto a él en uno de los extremos. Al momento sintió que el estómago se le encogía. Ya le habían hablado del cazatalentos, le habían dicho que frecuentaba el lugar. Podrían haberle avisado de que era él. Casi perdía su oportunidad, por estúpido.

- ¿Te apetece tomar algo? – Preguntó Alessey haciéndole una seña a una de las camareras.
- Sí, claro, eh… Tomaré una cerveza.
- Apenas le has dado un par de sorbos a ésta.
Alessey no sonrió al hacer el comentario. Edgar hubiera pagado porque se lo tragara la tierra. Tenía que reenganchar al cazatalentos o no consideraría lanzarlo al estrellato como hizo con el cabrón de Fred Aston.
- Bueno, quizá mejor un whisky...
- ¿Escocés?
- Sí, me gusta el escocés.

Poco después de retirarse la camarera, se marcharon Aaron y Rowan lamentando no poder presenciar su próxima actuación. Rowan le besó la mejilla deslizándole sus mejores deseos para la noche. Le prometió llamarla y contarle cómo había salido.
Apuró el vaso sintiendo como los taninos se le agarraban a la lengua y le dejaban la garganta tan seca que tuvo que toser un par de veces. Alessey le miró con curiosidad. Quizá el chico estuviera deseando beber agua, pero no lo haría, no tenía tiempo. Era el momento de volver a demostrar su talento.
No escuchó al maestro de ceremonias invitándole a subir al escenario. Tuvo que ser Kevin, desde el otro lado del sofá, quien le alertara de la llamada. Y mientras, el observador de la noche, permanecía expectante, viéndole quedar como un idiota.

Fue la primera vez que no estuvo cómodo en un escenario. Los dedos no le respondían como debieran hacerlo, parecía que sus muñecas estuvieran agarrotadas; no podía ser uno con la música. No mientras aquel tipo mantuviera la vista clavada en él, tomando nota de todos sus movimientos.

Todavía aporreaba la guitarra cuando la base dejó de sonar. El público confuso, batió palmas con desgana mientras bajaba del escenario abatido, con la guitarra colgando del hombro.

- Has estado horrible. – Declaró Alessey cuando Edgar se aproximó a la media luna.
- Lo sé… - Agarró la americana dispuesto a esfumarse tan rápido como un billete de veinte en la puerta de un casino.
- Luego lo harás mejor.

Edgar observó al cazatalentos sintiendo que las piernas le temblaban. Le estaba regalando una nueva oportunidad, y ésta no pensaba desaprovecharla. Triunfaría. Todo podría arreglarse. Lo haría bien, mejor que nunca. Sorprendería al hijo de puta que le miraba luciendo aquella extraña sonrisa torcida.

Salieron del bar en silencio, caminando uno junto al otro. Irían al Faust, a pocas manzanas de allí. Mientras giraban una esquina enfilando un callejón angosto, Edgar pensaba que la acústica del Faust no era la deseable, pero le daba igual. Se ganaría a aquel cabrón.

Alessey se detuvo en la oscuridad volviéndose hacia Edgar mientras buscaba en el bolsillo interior de su abrigo un pequeño cuchillo con el que cortaría sus dedos de guitarrista.

- ¿Estás listo para improvisar?

Por Miriam Alonso

4 comentarios:

Asuncion Macian Ruiz/Medusa dijo...

:____________________________D Pero super cuánto lloroooo!!! Tia mil de gracias reina mora, fine pearl of the Turia river! Lof yu milenios mil!!
(me toy comiendo un helado a tu salud xD om nom nom)

Pandora_cc dijo...

x_D

ginesvera dijo...

Delicado con un toque de tanino, como ese whisky escocés. Talento en sorbos menudos anhelando el trago largo y esas notas improvisadas de guitarra. Regálanos más música, más noche.

Pandora_cc dijo...

Celebro la delicadeza, pero aún más la caricia tanina. Gracias por su comentario, señor Vera. Vida y arte.