martes, 25 de enero de 2011

Cuento número 15. Lucio y la casita de caramelo


- Tienes nombre de pez. ¿Lo sabías? – La diminuta rubia ceñuda sitiaba el acceso a la casa. Cargada con un enorme elefante de peluche acosaba al visitante mientras le daba mil vueltas a una piruleta. Desoyendo las explícitas órdenes de su madre, la niña bloqueaba el paso a Lucio que, a su manera, reía las gracias de aquel demonio de mejillas pegajosas y coloradas.
- Tú no tienes dientes en la parte inferior de la boca.

La niña abrió el ovalo perfecto de sus ojos para cerrarlos a continuación dejando sólo un hilo, por el que como rayos, viajaban todas aquellas palabras feas que aprendió en el colegio y su madre le prohibía decir.

- Mamá. Dile que se vaya. Es feo.
- Cariño… - Beth apurada, agarró a la niña del brazo dirigiéndola a la habitación rosa del fondo del pasillo. – Ya tendrías que estar durmiendo.
- Si es un mal momento… - Eran las palabras precisas a añadir al guiso, él lo sabía.
- No, no. La princesa ya se va a dormir, ¿a que sí, cariño?
- No. – Respondió tajante la niña. Se había cruzado de brazos en mitad del corredor. La moqueta formaba una arruga a sus pies, señal inequívoca de la resistencia no violenta que la manifestante estaba dispuesta a mantener el tiempo que fuera necesario.
- Cariño… - Susurró Beth con los dientes apretados, mientras la empujaba hasta su dormitorio.

En tanto se alejaban, podía escuchar a la princesa tratando de negociar con su madre. Él no le gustaba, tenía el pelo blanco y largo como una chica. Vestía mal y olía raro. Si le decía que se marchara, podrían ver la tele y hacer palomitas dulces.

Lucio se entretuvo observando los porta-retratos que había sobre la chimenea. Una diminuta masa informe se desarrollaba en las fotografías. Primero calva y rosa, pero en la segunda imagen ya se le percibía algún rasgo de lo que era ahora, en la tercera casi era ella, en la cuarta se manifestaba por completo.

Un taconeo alertó a Lucio, que se alejó instintivamente de los retratos.

- Discúlpame… Normalmente no es tan desagradable con las visitas…
- Oh, no te preocupes. – Repuso agitando la mano para restarle importancia al asunto. – Alguna vez, todos fuimos niños.

Incluso él. Hacía tanto que parecía más un sueño que un recuerdo. ¿Fue feliz siendo niño? ¿Tenía él una habitación en un palacio? La reina se proyectó, entonces, como una aparición en una sala con la chimenea encendida, mostrándole orgullosa al rey, la última creación donde el niño que fue, había invertido toda una tarde de invierno.

La neblina cubría los ojos de cristal en los que Beth buscaba la aprobación. Era del tipo de mujer que, tras años de abstinencia tiene una cita. Lucio sonrió quedamente, y tomó asiento limitándose a agitar un par de veces el tenedor, sin probar bocado.

- ¿No te gusta la cena? – Preguntó la mujer. Su corazón latía deprisa, si él también se marchaba…
- No es eso, no me encuentro demasiado bien. – Mintió Lucio.
- Tengo una idea, ven al sofá. – Le invitó la mujer excitada, encabezando la marcha. - Quizá así te sientas mejor…

Lucio sonrió de nuevo, siguiendo a Beth. Comenzaron a besarse a la misma velocidad con la que se desprendían de las ropas. Cuando su cena le desabrochaba la camisa, y él se planteaba matarla en aquel instante o esperar un poco más, algo se movió en el pasillo. Allí estaba ella, oculta en la oscuridad, cargando con el desproporcionado elefante.

- Lo siento, tengo que irme… - Saltó del asiento recomponiendo su vestimenta, mientras maldecía a la princesa que, con aquellos ojos eternos, seguía cada uno de sus pasos.
- ¿Por qué? – Preguntó Beth contrariada. - ¿No te gusto?
- No. Lo siento.

Se puso el abrigo mientras bajaba a toda velocidad por las escaleras. Cuando sintió el frío en el rostro, se supo a salvo del azucarado palacio y de la princesa con mejillas de miel. No sería hasta muchos años después cuando volvieran a encontrarse. Pero cuando lo hicieran, sin elefantes de por medio, lamería sus mejillas.

Se alejó caminando, sospechando el restallar del maíz colorido en la bolsa de palomitas.


Por Miriam Alonso

No hay comentarios: