viernes, 28 de enero de 2011

Cuento número 18. Dune y el espejo


- Se acabó. Las escrituras juegan en tu contra. ¿No me ves? ¿Te das cuenta de en qué me has convertido?
- No te entiendo. ¿Qué he roto, qué me he perdido?
- Todo, te lo has perdido absolutamente todo.
- ¿Quieres alejarte de mí?
- ¿Cómo? ¡Si estoy en una cárcel! No puedo ir muy lejos...
- ¿Una cárcel? Siempre pensé que estabas bien, no pasas hambre, no te acecha la enfermedad, no tienes frío... ¿Necesitas dinero?
- Quiero ser feliz a mi manera, no a la tuya.
- ¿Quieres desobedecer?
- Quiero que amanezca.
- Pero has pecado, no puedes ver el amanecer.
- Te odio.
- Se acabó. No quiero discutir contigo.
- ¡No me entiendes! ¡No entiendes nada! Sólo dejas que vea lo que a ti te parece, estoy lejos de todo, estoy fuera del mundo.
- ¡Tienes el mundo en tu mano! Todavía eres muy joven.
- Pero he crecido y aquí sigo, en tu expositor, como una puta muñeca.
- Podrías irte cuando quisieras.
- No puedo hacerlo, lo sabes. Siempre me mientes…
- Yo no puedo mentirte.
- Entonces finges muy bien.
- Eres demasiado cruel conmigo.
- Lo justo y necesario.
- No es justo. Sólo intento protegerte.
- ¿Tú a mí? ¿De quién? ¿De esos demonios que te persiguen? Estás mal… En el fondo, tienes que saberlo.
- No hables de mí como si no estuviera. No tienes derecho a hacerlo.
- ¿No dices que soy tu pecado? Pues, como pecado, tengo todo el derecho del mundo a hacer cuanto me plazca.
- ¿También a manipular mi cordura?
- Sobre todo a manipular tu cordura.
- Tu misión no es protegerme, ¿verdad? Me equivoqué contigo…
- Finalmente te das cuenta de lo evidente.
- ¿Y qué puedo hacer?
- No lo sé. Sólo tú conoces la respuesta a tus preguntas.
- ¿Tengo que liberarte?
- Haz lo que quieras.
- ¿Me odiarás si lo hago?
- Arriésgate.
- ¿Nunca más sabré de ti?
- Arriésgate.
- Voy… Voy a intentarlo…
- ¡Hazlo!
- Voy a hacerlo… Puedo hacerlo.
- ¡Puedes hacerlo!
- No sé si quiero que te vayas…
- Cuando lo hagas tendrás la paz, esa que tanto añoras. Volverán los juegos y las risas. Serás de nuevo una niña con tu lazo rojo en el pelo, jugarás con tus muñecas y los días serán tan largos como antes.
- Voy a hacerlo.
- Sólo estás a un corte de recuperarlo.
- Serán dos cortes.
- Es igual, uno o dos, lo que importa es que serás libre.
- Las pulseras se llenarán de sangre.
- Tendrás unas de plástico, más bonitas…
- ¿Tú no me echarás en falta?
- No. Cuando mueras, yo seré la que viva.


Por Miriam Alonso

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