lunes, 31 de enero de 2011

Cuento número 20. Morgan y el bosque encantado




- ¿Dirías que soy mediocre?
- ¿Cómo? – Preguntó Andrew sonriendo. En ocasiones Morgan le parecía bipolar. No dejaba de llamarle la atención el modo en que sus pensamientos podían llevarla a lo más alto, o hundirla en la estrechez, en cuestión de segundos. - ¿Qué es ser mediocre?
- Creo que lo soy. No he innovado para la exposición, no sé si alguna vez lo hice.
- ¿Qué estás diciendo? – Suspiró con resignación. Ya habían tenido esa charla cien veces. Siempre que la musa iba de visita a casa de otros artistas. Pero cuando regresaba, dispuesta a ser retratada, se esfumaban las dudas.
- ¿Qué me hace distinta al resto?
- Morgan, ¿sabes qué tienes que hacer? Pinta, lee, escribe, fotografía todo lo que llame tu atención, haz ese corto del que hablas continuamente. Muévete. Llama a la musa y dile que tu sofá es el más cómodo, mullidito y rosa que va a poder encontrar.
- Eres un cielo… - Morgan sonrió al ver como, de los ojos claros de Andrew, saltaban chispas entusiastas.
- ¿Trabajarás esta noche? – Preguntó el chico tomándole la mano.
- Sí. Organizaré la exposición, y puede que, si me sobran las musas, cree algo nuevo.

Salieron de la cafetería despidiéndose con un beso. No eran novios, esa palabra estaba demodé. Tampoco el término amigos, ni el de pareja, parecía encajar con ellos. Pero eso era lo de menos, ambos tenían cosas más importantes en que pensar.

La exposición era su oportunidad para darse a conocer en la ciudad. Hasta entonces había hecho algún trabajo, pero la mayoría encargos en los que no era libre para proyectar su arte, el cliente mandaba. Pero en esta ocasión no. Todo cuanto se colgara en las paredes era ella, retales de su vida, experiencias, inspiración. Daban las seis cuando se metía en la cama, todavía con la agenda en las manos, tachando y reescribiendo ideas para la puesta en escena.

Soñó con el bosque, un bosque encantado.

Se volvía espeso según avanzaba, atravesando las sendas cubiertas de zarzas, que le manchaban los calcetines blancos, de color rojo mora. Pero, mientras caminaba internándose cada vez más, las zarzas desaparecían y en su lugar, de las ramas oscuras de los árboles, brotaban manzanas rojas y brillantes. Sólo una por árbol.

Sentía la necesidad de morderlas. Pero cuando se paró a pensar cómo hacerlo, vio que le resultaría realmente difícil lograr su objetivo, porque los manzanos no tenían troncos por los que trepar, era como si flotaran. Sabía que esto era lo normal, porque estaba en un bosque encantado. De modo que trató de alcanzar la manzana por otros medios, y saltó tan alto como pudo. Al caer escuchó un sonido seco, parecido al de una rama partiéndose, pese a que no había llegado siquiera a tocarlas. Y entonces un dolor agudo en su tobillo la hizo caer al suelo. Trató de suavizar el golpe adelantando una mano, que fue a caer sobre algo blando y húmedo.

Le dolía la pierna. Su tobillo había adquirido cierta similitud con una Z que iba hinchándose por momentos. El dolor hizo que se encogiera y, tratando de sofocar un grito, se llevara la mano, que le supo dulce, a la boca. Había aplastado una de las manzanas, una negra y agusanada.

Desde allí escuchó otro ruido, era la manzana roja que había intentado atrapar. Se estaba desprendiendo de una rama para caer al suelo, mientras se convertía en una masa oscura donde morarían los gusanos. Entonces pareció como si los árboles se rieran de ella. Agitaban sus ramas crueles, le golpeaban en la cara sin clemencia.

Se despertó jadeante. Tomando el teléfono móvil de la mesilla, llamó a Andrew, que se presentó en su casa pocos minutos después.

- ¿Qué ha pasado, princesa? - Morgan no podía responderle, sólo buscaba asilo en sus brazos delgados, que todo podían curarlo. – No llores mi vida, sólo ha sido un sueño... – Dijo besando la frente de su musa.

Por Miriam Alonso

4 comentarios:

ginesvera dijo...

Evocador, abrazaré a mi musa mientras piense en este pequeño gran tesoro.
Para entendidos.

Pandora_cc dijo...

Gracias por el comentario. Abrázala fuerte! Un beso!

Lasafor dijo...

Hola Mirian… tu musa si se sentó en tu mullido sillón rosa.
Mímala mucho para que permanezca siempre a tu lado, un saludo.

Pandora_cc dijo...

Muchas gracias por venir a visitarme Antonia. Mi musa, la pobre, está algo estresadita, pero sí, ese día, entró por la ventana y se puso cómoda. Este es uno de los cuentos que más me gustan del pequeño proyecto.
Un saludo!