lunes, 28 de febrero de 2011

Entrevista a Sixto Saiz V.I.P.



Todos tenemos algo que contar. A la mayoría nos viene a la boca una sonrisa, que de mano de un recuerdo, nos visita en el momento más inesperado. Seguimos vivos, y continuamos gestando vida cuando tenemos presentes hechos pasados, personas que partieron antes que nosotros, ensoñaciones de antaño, cuando hacemos que amigos y no tan amigos vuelvan para compartir nuevamente esos momentos especiales, ese brindis o esa despedida.




Sixto Saiz tiene a muchos por los que sonreír, y a tantos otros por los que no hacerlo. Por mi parte, tengo la suerte de poder conocer a algunas de esas personas que le vienen al recuerdo cuando, cada mañana, sentado al otro lado de la mesa, viene a regalarme su compañía y la sabiduría que 94 años en el mundo, le pueden brindar a una persona.




Sixto es el abuelo de Jorge, mi jefe, hijo de Tomás. Además es el padre de otras tres mujeres, el abuelo de cantidad de nietos, el bisabuelo de pocos, y un abuelo adoptivo para mí. Vais a tener el honor de conocerlo, igual que lo tuve yo, y como me ocurrió entonces, estoy segura de que estos pocos retales de su vida os van a fascinar tanto como a nosotros, que tenemos el placer de su compañía.




M- ¿Empezamos?


S- Empezamos.


M- ¿En qué año naciste, Sixto?


S- Nací el 28 de marzo de 1917, en San Martín de Boniches, provincia de Cuenca.


M- Cuéntame la primera cosa que te marcó.


S- La novia (ríe). Yo tenía 17 años, y estuvimos juntos cuatro.


M- ¿Y no cuajó la cosa?


S- No, porque el padre de ella no me quería. Es que yo era pobre y de izquierdas, y ellos eran ricos y de derechas (ríe). Éramos parientes lejanos y el padre sabía que yo era buena gente, pero ni aún así. Me acuerdo que iba a escondidas a acompañarla a casa, porque si nos veían luego le pegaban… Me cago en…


M- Y al poco te mandaron fuera además… ¿En qué año fuiste a la guerra?


S- En 1937, me mandaron en septiembre. Me llegó un aviso del ayuntamiento que mandaba a los de mi quinta a la casa de reclutas de Cuenca. Y de allí a Almería a hacer un mes de instrucción en un pueblecico, Alcazar de Venus. Estuvimos durmiendo en una iglesia un par de días, pero nada, enseguida nos mandaron a trincheras.


M- Cuéntame alguna anécdota de la guerra.


S- Uff… Si tengo que contarlo todo… (ríe) Mira, la primera noche que pasamos allí, el centinela gritó “que viene el enemigo” y claro, todos fuimos corriendo a las trincheras, pero como al rato no venía nadie, el sargento fue al puesto de guardia y se dio cuenta de que el ruído lo habían hecho unas cabras que había por ahí (ríe) y castigó al centinela (ríe) lo tuvo toda la noche haciendo guardia…


M- Pobrecico… Eso seguro que lo hizo el miedo.


S- Claro… Al poco el sargento me propuso como enlace (persona que lleva las órdenes del capitán a las trincheras), había un río y nosotros íbamos por la orilla, por la otra estaban los fascistas, y en estas estábamos andando hacia los puestos de los centinelas cuando al otro lado del río nos dijeron “¡Agachaos rojos, que os veo!”.


M- ¿Y qué hicisteis?


S- Pues agacharnos (ríe). Nos podían haber matado allí, pero mira, no lo hicieron…


M- Ya… Cada vez que me cuentas eso, recuerdo lo del sargento y el teniente.


S- Eso no se puede olvidar. Me acababan de cambiar de capitán. Me habían puesto un caballo para mí y todo. Una tarde estábamos el teniente, el sargento, el capitán, yo y un par más, cuando de pronto el teniente sacó una pistola y se quedó apuntando al sargento. El capitán que no lo había visto siguió a la suya, pero el sargento gritó “¡Mi capitán, que me mata el teniente!” y al decir esto, el teniente echó a correr para escaparse con los fascistas. Pero no llegó muy lejos, porque lo mató el capitán.


M- Pero esa no es la vez que corriste más peligro, ¿verdad?


S- No. Yo creo que fue cuando tuvimos que manipular granadas. Un teniente se fue al bando de los fascistas para avisarles de que íbamos a ir a por ellos, así que tuvimos que tomar posiciones.


M- Eso es raro, ¿no?


S- Sí, no sé qué fue de él… Pero el caso es que estuvimos toda la noche preparados. Y estaban los fascistas al otro lado diciéndonos “Rojos, que os esperamos” así toda la noche…


M- Que desagradable, no quiero ni imaginarlo. ¿Tardaron mucho en retirarse?


S- No, se fueron al poco, se fueron a Extremadura, que allí hubo unos combates increíbles.


M- Pocas ganas te quedarían entonces para tocar la guitarra.


S- Muy pocas. Y eso que la toco desde los 12 años, que me enseñó un ciego. Teníamos una rondalla de 14 chavales, con bandurrias, violines y guitarras. Tocábamos en el baile, de gratis, y luego cuando vinieron los tiempos mejores, lo tocábamos pagando. Cobrábamos cinco duros y los repartíamos. Mi mejor amigo era el que tocaba el violín, y lo siguió tocando hasta que ya no pudo el hombre.


M- Pero tu sigues tocándola ¿no?


S- Sí. Hace nada le hice el acompañamiento a Tomás, él al acordeón y yo a la guitarra.


M-¡Ole!


S- (ríe)


M- Bueno, ahora cuéntame la vuelta a casa, cuando acabó la guerra.


S- Pues volví el 20 de mayo de 1939. Hasta Cuenca fui en tren, y luego hasta el pueblo en camión. Me contaron que esa tarde estaba diciendo mi madre que si volviera yo a casa, haría magdalenas (ríe).


M- ¿Y te las hicieron?


S- Vaya que sí, y choricicos (ríe). Madre mía… Me acuerdo de que quería yo quemar la ropa que traía porque estaba llena de piojos que había cogido en la fábrica de azúcar, pero que estaba vacía porque nos tenían allí encerrados. Y entonces tampoco teníamos aún tabaco…


M- Huy, qué mal…


S- Claro, nosotros teníamos el papel, y los fascistas tenían el tabaco (ríe) entonces teníamos que hacer trueques. Subía uno de los nuestros y uno de ellos a un llano y se cambiaban las cosas. Una vez nos dijo un sargento que abriéramos fuego, pero nosotros le dijimos que no, que allí estaba uno nuestro.


M- ¿Y qué pasó?


S- Pues imagínatelo (ríe)


M- Bueno, y estando ya en el pueblo ¿qué hiciste?


S- Pues trabajar en la resina.


M- ¿Cómo se saca la resina?


S- Pues se lleva un hacha que se llama gubia porque tiene forma curva, y se hace una canalilla en la madera, ahí clavas una chapa. A un pino se le puede quitar la resina durante cinco años. Luego la recoges de la chapa poniendo un clavo en el fondo.


M- ¿Cuántas veces se hacía eso?


S- Una vez por semana.


M- Jolín… ¿Y cuántos pinos te hacías al día?


S- Una vez conté mil.


M- Vaya… ¡Qué velocidad!


S- (ríe)


M- Bueno, entonces estabas tan ricamente sacando resina de tus pinos, ¿hasta cuándo te duró la alegría?


S- Hasta que me llegó una carta donde me llamaban para hacer la mili (ríe). Fuimos primero a Cuenca y luego a Cáceres. Un día vino el sargento diciendo que los que cumplían años antes del 30 de marzo podían ser licenciados, así que el día de Noche Buena, me la dieron y me pude ir a casa. Pero a los 22 meses me volvieron a llamar para que fuera a Madrid.


M- Vaya por Dios…


S- Sí, y a los seis meses me volvieron a licenciar porque me incorporé a filas antes de mayo del año 40, y me dieron los 22 meses como si hubiera estado de permiso (ríe).


M- Menos mal. Ya pudiste volver de nuevo al pueblo. ¿Qué hacías entonces?


S- Seguí con la resina, cortaba pinos, labraba… Hacía el trabajo típico del pueblo.


M- Bueno, y ¿cuándo conociste a tu mujer?


S- (ríe) Pues tocando en el baile del pueblo. También la había dejado el novio ¿sabes? (ríe) Mi amigo, que también tocaba la guitarra me dijo: “Sixto, que a la Prudencia la ha dejado el novio” y yo le dije “pues toca tu esta pieza, que yo voy a por ella”. Y así lo hice , hasta que me hice con ella (ríe).


M- ¿Cuánto tiempo estuvisteis de novios?


S- Tres meses. Nos casamos en 1942. El día de la boda hubo un acordeonista y le hicimos un pasacalles (ríe) le montamos en un burro y le hicimos ir por todo el pueblo (ríe).


M- ¿Y cuándo se hizo grande la familia?


S- Al año, tuvimos a la primera hija, y a los dos años a la otra. Prudencia dejó de trabajar al casarse, no quise que siguiera con el campo ni con nada, que ya tenía ella bastante con las crías y el ganchillo.


M- ¿Cuándo llegó Tomás?


S- A los cuatro años. Me fui yo al molino a llevar un costal de trigo y cuando volví ya había nacido. Me dijo la comadrona que este no necesitaba las castañuelas, que las llevaba puestas (ríe). Nació un martes 13, y por eso le gusta jugar al 13 en la lotería (ríe). Tres años después tuvimos a la pequeña.


M- Entonces ya eran los 50. ¿Cómo fueron? ¿Cómo lo pasabais?


S- Muy bien. Empezaron a instalar las centrales de teléfono. Yo eché solicitud y me la aprobaron. Sólo teníamos el teléfono de mi casa en el pueblo. Y también la primera radio, que la trajeron de Camporrobles, fue la de mi casa.


M- ¿Y cómo decidís venir a Valencia?


S- Pues porque mis hijas vinieron a servir, y fueron ellas mismas las que compraron la casa en el 64 para que viniéramos nosotros.


M- ¿A qué te dedicaste entonces?


S- A la carpintería. Estuve 12 años trabajando en Godella. Lo que más me gustaba hacer eran las persianas. Además, allí trabajé con otro de Cuenca con el que tengo muchas cosas en común (ríe)


M- ¿El señor aquel que vino el otro día?


S- Ese, ese.


M- ¿En qué te entretenías, además de trabajando?


S- En el cine. Me gusta mucho el cine. Me acuerdo de una película “Juicio de faldas” de Manolo Escobar. Me gustó tanto que cuando vino mi hermano de visita, me lo llevé para que la viera. La buscaré y la veré.


M- ¿En qué año te jubilaste?


S- En el 77. Volvimos al pueblo. Y entonces sí que lo pasamos bien (ríe). Yo en mi huertecito y mi mujer con su ganchillo. Así pasábamos los días, y los años.


M- ¿Ese es el huerto de los manzanos?


S- Sí. Tenía seis, muy hermosos, de reineta. Pero había uno que… Ay que manzanas que echaba más gordas… (ríe).


M- Pero no sólo cuidabas del huerto, ¿qué más hacías?


S- Pues me presenté a las elecciones, pero no salí como alcalde. Fui también presidente del club de jubilados. Me daban una subvención de cien mil pesetas para darlas como premio a los que jugaban a las cartas. El primer año las di, pero el segundo ya no. Compré regalos para todos los socios, y así jugábamos todos y ganábamos todos. Con la subvención que me daban agosto, organizaba una comida y les decía a los socios que si venía el inspector, dijeran que había dado los premios en juegos y ya (ríe).


M- Seguro que les aprovechaba más.


S- Hombre… Estaban todos de acuerdo. No querían que me fuera de la presidencia, pero lo hice a los seis años, que me tenían ya aburrido (ríe).


M- ¿En esa época fue cuando hacíais las cenas en que comíais sobre las tejas?


S- Sí, en la Menglana, pero esas no eran de los jubilados, esas las hacía con mi Tomás. Asábamos la carne en una teja y luego nos la comíamos también en una teja, pero esta estaba rota. Es que éramos cuatro para comer (ríe)


M- Que guay Sixto. ¡Qué divertido!


S- Sí, además el sitio es muy bonito. Hay una fuente que tiene el grifo en un pino (ríe)


M- ¿Entonces ya eras concejal?


S- Sí, más o menos fue por la época. Me presenté a las elecciones y salí.


M- ¿Por qué partido?


S- Por el PSOE. Pero sólo estuve un año… Todas las noches tenían que hacer junta, y el alcalde no arreglaba nada. Una vez que se lo recriminé, le dije que hacíamos más reuniones que el gobierno, y no arreglábamos nada. Y va el tío y me dice que se harían las que fueran menester, y que si hacía falta nos traeríamos la cama.


M- Huy… Qué humos…


S- Pues eso, yo le dije que la cama se la iba a traer su padre (ríe). Al día siguiente fui a Cuenca para que me redactaran la dimisión y cuando se la llevé al alcalde le dije “hasta mañana” y me fui (ríe). Luego querían que me presentara yo para alcalde, pero ya no quise.


M- Normal… ¿Cómo se viven 20 años a caballo entre Cuenca y Valencia?


S- Bien. Veníamos aquí en invierno, y el resto del año estábamos allí. Nos entreteníamos. Dábamos paseos, recogíamos plantas para hacer infusiones, que a mi señora le encantaban, hacíamos nuestras cosas, yo cazaba…


M- ¿Te comías lo que cazabas?


S- Hombre, pues claro. Está poco rica la liebre (ríe)


M- ¿Cuál es tu plato favorito, Sixto?


S- Los gazpachos manchegos. Mi mujer no sabía hacerlos, ni mis hijos. Aún el otro día se los preparé (ríe)


M- Mmm… que rico.


S- Sí…


M- ¿Cuando dejó todo de ser perfecto?


S- Cuando murió mi mujer, en el 2005. Cuando ella faltó, ya vine a vivir a Valencia. Estoy un mes con cada hijo. Este mes de marzo me toca ir a Manises. El mes que viene vuelvo a estar aquí.


M- Me alegro. ¿En qué te entretienes ahora, Sixto?


S- En muchas cosas, ya sabes. Me doy mis paseos, leo, escribo, por las mañanas veo la ruleta y por las tardes pasapalabra, echo el rato por ahí tomando el sol, o vengo aquí a tomarme el cortado contigo, para no perder la costumbre.


M- ¿Cómo te planteas ahora las cosas? ¿Qué echas en falta de aquellos tiempos?


S- Pues echo en falta mucho de entonces. Pero hay otras cosas que no. Por ejemplo, ahora todo es mejor en lo que se refiere al trabajo, por mucha crisis que digan, pero con mucha gente no se puede ni hablar.


M- No, hay algunos con los que no vale la pena ni intentarlo.


S- A mí no me gustan las alcahuetas, nada. Por eso tampoco veo casi la televisión. Nada de lo que ponen en la 5 me gusta salvo el pasapalabra, porque por el resto sólo hacen que poner faltas a la gente.


M- Sixto ¿qué sobró y qué faltó en tu vida?


S- Me faltaron estudios, porque si los hubiera tenido no tendría que haber trabajado tanto. Y me sobraron las malas costumbres de algunos.


M- Dime cuál ha sido el momento más feliz y el más triste que has vivido.


S- El más feliz fue el día que volví de la guerra. El más triste fue cuando falleció mi mujer.


M- Si tuvieras que volver a vivir un año de tantos, ¿cuál sería?


S- El 1977, cuando me jubilé (ríe).


M- Dime algo para olvidar.


S- El momento en que me salieron unos guardias civiles en un camino y me dijeron que si daba cuenta de que los había visto, me mataban.


M- Ahora dime algo que te haga feliz.


S- Que todos mis hijos estén bien. ¿Qué más puedo pedir?





Muchas mañanas, antes de venir a verme a la tienda, le podéis encontrar tomando el sol en el parque o en un banco charlando con los amigos, cada vez más escasos. Emocionándose con esas historias que también ellos vivieron y que comparten, en ocasiones, con nostalgia. Pero no os descuidéis, que igual que se le puede ver con el garrote en las manos, se le puede encontrar con una novela, haciendo sopas de letras, ayudando a descargar material de la tienda, echando una mano en lo que se pueda, y si los jóvenes no saben, arreglando mandos de la televisión.




En ocasiones, desde nuestra pequeña pecera, miramos al mundo a través del escaparate, y mientras él le da vueltas a su cortado y yo a mi té, nos preguntamos qué le pasa al mundo. Porque por muy mayores que seamos, o muy jóvenes, para todos hay cosas incomprensibles, buenas y malas, que comentamos en la tienda, sin más ánimo que el de pasar un rato juntos.




Desde aquí, quiero mandarle un mensaje, sé que lo leerá:




Muchas gracias Sixto, porque además de haberme regalado la oportunidad de formar parte de tu vida y haberme tratado como a una más de la casa, eres para mí uno de los más fieles compañeros, y te has convertido, además de en un gran amigo, en mi abuelo honorífico.




Muchos besos de tu nieta postiza.

Próximamente...


Ya tengo lista la primera sorpresa para una nueva sección del blog. He de decir que me entusiasma la idea y tengo muchísimas ganas de terminar la transcripción para publicarla. Espero que disfrutéis tanto con lo que ha de venir, como yo lo hago al prepararlo.
Afilaremos la estilográfica...
Un saludo a todos!

Arte y vida!

La imagen corresponde a la pluma de Montblanc homenaje a Marlene Dietrich. A mi entender, es casi tan bella como la propia Marlene. Algún día... Pero de momento, Waterman de mis amores, no te me celes y vamos para allá. ¡A darlo todo! xD


sábado, 26 de febrero de 2011

Behind the words. Round 2


Bueeeno, y comentada la presentación en Fundar, retomo el Behind the words. Tenía ganas de hacerlo desde bastante tiempo atrás, pero los planetas no se alineaban, hasta que finalmente esta noche lo han hecho.
En esta segunda entrega copiaré los comentarios del cuadrante de cuentos, donde se descubre qué ocurrió, y sobre todo cómo.
Espero que os riáis.


C7: Taylor y la señorita Nsondo. Medusa propone como título alternativo "Taylor y los conguitos". Luego añade: “¿Si pones dos conguitos juntos, no es un culo pequeñito?” El mundo merecía que se hiciera esta observación... Gracias tía!! xD

C8: Venice y la primavera que pasó de largo. De nuevo ella, Medusa la grande. Comienza un combate a muerte para transformar el humilde Estante en un chulesco Estante Olvidado. El wifi va y viene dificultando la tarea, a modo de desconexión cada 2 minutos aproximadamente. Pero ella, como un francotirador ruso, permanece fuerte de espíritu.

C9: Greta y las marcas que recuerdan el camino. Llueven los títulos alternativos, a cual más evocador. A saber: "Greta la que comía en la cama" "Greta y las miguicas" Y esa noche, casi una de las más especiales, aquí la Masme me escribe una guía de hechicería práctica (que algún día, si me da el consentimiento, digitalizaré en parte para compartirla con vosotros). Ah, sí... Me llegó un correo interesante de mi mejor amiga, decía algo así como: “Perra infiel que adoras ídolos paganos...” xD xD xD

C10: Gabrielle y las musas banales. ¿Y si lo cambiamos por "Gabrielle y las musas bonicas del tó", qué? ¿Perderá encanto? Todavía me lo estoy preguntando...

C11: Alessey y los acordes. "Alessey y la madre que lo parió" propone Medusa.

C12: Yvainne y el alba. "Yvainne y los escalestrix" Propone Ximo.

C13: Joseph y los malditos poetas. Le tiendo una trampa a la Masme para ver si estaba atenta, filtro por ahí "Joseph se resguardaba hirsuto mojamuto", pero ella, atenta como si de una suricata se tratase, lo descubre...

C14: Tolousse y la gitana. Faltan comaaaas!!! Ximo dixit en estresadísimo mode on, mientras con una mano en mi cabeza, me hace una batida de coco. Morgana, belleza gatuna negra, nos mira en silenciosa quietud.

C15: Lucio y la casita de caramelo. Masme vuelve a su casa, pero eso no le impide seguir regalándonos su presencia desde una ventanita del WOW.

C16: Ornella y el té. Momento idóneo para hacer la 13/14 y meter esa frase que recibí por correo, un buen día de cuento número 9.

C17: Dante y los misterios de la rue Morte. La inspiración flaquea, además de flaquearme las piernas y los párpados. "Estoy cansaditaaaa" Me digo a mí misma... Pobrecita yo.

C18: Dune y el espejo. "Hola yo! Qué tal yo? Muy bien yo! Y tu qué tal yo? Nada por aquí buscándote tia. Te has hecho algo en el pelo? Poca cosa yo. Tía que fuerte. Pues te queda super bien.. xD xD xD copón en 10 vaya día de mierrrrrrrrrrda" Autonota... ejem, ejem...

C19: Michelle y el arcoíris. "Maik (mi oso de peluche tamaño real, véase Crónicas de nunca jamás) que no me pilla el móvil. Llegada de Ginebra (una preciosidad felina, que en breve se incorporará a mi casa) a my life. No hice los deberes, pero ahora WOW xq molo". También una autonota, qué le vamos a hacer...

C20: Morgan y el bosque encantado. Una de las pesadillas, con una ligera mixtura de realidad aromatizando el bosque encantado.

C21: Nadine y las muñecas. Problemas existenciales para encontrar una imagen que le fuera bien. Finalmente creo que acerté.

C22: Andros y la diplomacia. ¿Por qué el chico olía a magdalenas? Porque me estaba comiendo una magdalena igual de grande que mi cabeza. xD

C23: Romeo y el balcón. Tenía toda la intención de hacerlo cómico, lo juro.

C24: Sandro y la traición. Experimental. Tuvo gran aceptación. Gracias a todos!

C25: Noa, mi eterna Noa. Problemas de concentración. Pego la nota "Difícil concentrarse mientras los colegas hacen la mazmorra de Cámara de los relámpagos, hablando por skype sin auriculares aquí a mi vera xD" Os quiero.

C26: Aidan, preludio. Bajada del telón.


Por supuesto esto no fue lo único que ocurrió. Pasaron muchas otras cosas alrededor, tantas y tan especiales, que tienen derecho a ser reservadas para momentos, en que se las evoque entre botellas de vino barato, que rueden de mano en mano, y mueran compartidas por las bocas de esta gente maravillosa que me rodea. Porque la sangre que mejor sabe es la de la uva, y por ende, al único al que quiero quitarle la vida es al señor Don Simón xD

Gracias a todos los que comentásteis y a los que lo seguís haciendo. Envío "gracias muy extremadamente especiales" para Ximo (y sus comas xD), Migue (y sus llamadas) y Ginés (y sus comentarios siempre productivos), que han sufrido lo suyo, cada uno a su manera... Pero para ti, pedazo de cacho de carne con ojos, que escribes guías de brujería para escritoras perdidas, que me lees en voz alta para que vea dónde faltan/sobran las comas, que me azuzas para que escriba, que me lías los pitis, que compartes mis planteamientos, mis proyectos, que sabes todos mis secretos, y que sigues estando pese a no vivir a 10 escalones... Te quiero tía, gracias.

Nos leemos!!






Ginés Vera, ShiroDani y la presentación en Fundar


La presentación del autor valenciano resultó ser, como bien comenta ShiroDani en su blog, un éxito. Hubo risas, hubo preguntas de lo más interesante y hubo pequeños problemas técnicos que no lograron empañar (ni lo intentaron) el acto, en el que tanto El Hechizo de la Mujer Dragón como Ginés brillaron por su forma, su carisma, su elegancia amén de otras tantas virtudes. Pero no voy a profundizar en esto. Voy a hacer hincapié en el después, cuando Ginés, ShiroDani y yo, fuimos a una cafetería a pasar un buen rato entre amigos (hasta que el frío de febrero me instó a solicitar la retirada).

Estoy conociendo a gente maravillosa, y creo que es bien merecido dedicarles una entrada en mi blog a estos dos personajes, que bien la merecen.

Un saludo a ambos, y un abrazo.

Atentamente, la dama del sombrero.

Sigo y seguiré considerándome vuestra fan oficial del reino.


miércoles, 23 de febrero de 2011

Ginés Vera, El Hechizo de la Mujer Dragón


Hola a todos.
Os dejo información sobre la presentación del nuevo libro de Ginés Vera El Hechizo de la Mujer Dragón en la sede de la Fundación FUNDAR de Valencia.
El acto será este viernes día 25 a las 19 horas, en la calle Fuencaliente nº 1 (entre la calle Manuel Candela y la avenida Baleares).

Cita ineludible.

Saludos!

lunes, 21 de febrero de 2011

Blogger y Twitter WTF?

Estoy teniendo una serie de problemas técnicos que se escapan a mi humilde entendimiento.
Hace cosa de una semana estuve navegando por blogs. Obtuve resultados muy interesantes, y acabé siguiendo a un montón de gente. Para mi sorpresa, cuando entraba en El estante, en busca de lecturas amenas de estos nuevos amigos descubría lo tímidos que eran porque nadie aparecía en mi lista de lectura. Me decidí a buscar uno a uno a esa gente perdida por el camino, y descubrí que sí los estoy siguiendo, pero con Twitter, no desde la cuenta de Blogger. Bueno, pues el cisco viene cuando intento dejar de seguirlos en Twitter y seguirlos con Blogger. No hay tu tía. No hay manera. No se me actualiza. Y eso, evidentemente, no me gusta.
Así que desde aquí, ruego encarecidamente me disculpen todos aquellos a los que sigo y no comento, porque lo cierto es que no puedo ver si escriben o no. Me pongo a ello, a ver si lo soluciono.
Se aceptan sugerencias a ese fin.
Gracias!

miércoles, 16 de febrero de 2011

Washington Irving. La leyenda de Sleepy Hollow y otros relatos.

También llegó a mi poder desde un mercado de artículos de segunda mano. Cultura a montones por un euro ¡oigan! ¡Que me los quitan de las manos!

La imagen de la portada no pertenece a la edición que obra en mi poder. Esta tiene menos páginas (unas 150 a lo sumo), pero bueno, a lo que íbamos. Es muy malo ver primero la película y después leer el libro o relato que la inspiró, malísimo... No disfruté del primero de los tres cuentos, "La leyenda de Sleepy Hollow", por esperar la aparición estelar del investigador, policía o lo que sea (alabado seas, Jhonny Depp).

Sin embargo, no ocurrió lo mismo con el segundo "Leyenda del astrólogo árabe". Una deliciosa historia ambientada en Granada, con una moraleja fulgurante. Un rey moro benevolente, recibe a un antiguo médico árabe en su corte. Éste, además de saber de medicina, sabe construir artilugios la mar de encantadores que apasionan al rey. Y también sabe pedir recompensas por la ayuda que ofrece... Vaya que si sabe.

El tercer cuento "Leyenda del soldado encantado", me ha cautivado. También ambientado en Granada, cuenta la historia de un soldado de la guardia real de los reyes católicos que, presa de un encantamiento, requiere ayuda del protagonista (un estudiante salmantín) para acabar con su eterno turno. Este cuento es el más corto, y es genial, realmente bueno. De esos que hacen que un escritor que empieza, vea la grandeza de los "pioneros" del oficio.

Me ha encantado la experiencia Irving, aunque he de decir que algo, tiempo atrás, me atrajo hacia este autor, ya que adquirí una preciosa edición de sus "Cuentos de la Alhambra" sin conocerlo.

En conclusión, este libro de relatos fue comprado porque el jinete sin cabeza, era uno de sus cuentos, y ha sido el que menos me ha gustado. ¿Será que también es malo juzgar a un libro por su portada?

¡Gracias a tod@s!


martes, 15 de febrero de 2011

Behind the words. Round 1


¿Qué pasó? ¿Cómo empezó todo? Es una cuestión que merece (previa aceleración de las partículas “palabrísticas”) un tiempo de meditación y recuerdo.


Una confesión tuvo la culpa. Una pesadilla gorda y fea. En ella, nuestro amigo Taylor, asaltaba una cabaña de madera donde una serie de personajes desconocidos y yo, celebrábamos una fiesta. No sé qué se celebraba (¡un aplauso para los sueños inconclusos!) pero recuerdo con claridad meridiana que recibía un fuerte empujón y acababa aterrizando sobre una cama. Acto seguido, Taylor el ilustre, agarraba una silla de esas que podríamos encontrar en cualquier casita modesta de pueblo y, sentándose a horcajadas, decía con aquella voz de balada de Rammstein: “tienes tres días”.


Claro, "acojonada me hayo". Aproveché la vuelta de Medusa a casa, para subir las escaleras like a flechingson y hacerle partícipe de mi “superangustiatíaquefatal”. Dicen que los escritores escribimos mejor que hablamos, así que, escribí el cuento número 7, el borrador, para llevarla al punto que quería que viera. Y así empezó. A base de pesadillas, de sueños a secas, de retales del día a día, me decidí a “probar a ver qué pasa si se fuerza la maquinaria escribiendo un cuento cada noche”.


El resultado lo visteis, y los que no lo hicieron invitados quedan (empieza en el cuento número 7 y acaba en el 26). Y dicho esto, sólo añadir un detalle… Lo prometido es deuda, de modo que volveré con una cercana segunda entrega de este documento insólito xD


Muchas gracias a todos!


Todas las obras literarias firmadas con el nombre de Miriam Alonso, aquí publicadas, están inscritas en el registro de la propiedad intelectual.



El demonio. Terenci Moix

Habituales de los mercados de segunda mano, encontramos una mañana de domingo, enterrado entre tantos otros libros, El Demonio.

Escrito en 1999, nos encontramos frente a una novela corta (o relato largo, todavía no lo tengo muy claro) en el que Terenci Moix nos hace viajar a la España de siglos atrás, para encontrarnos con Hugo, un heredero de dieciseis años que, a sabiendas de su poderoso embrujo, hará las delicias de su nuevo tutor, un joven monje.
No había leído nada de este autor, por eso el elegir su libro frente a los otros títulos del montón.
Jamás osaría poner en duda que un escritor sea capaz de llevar cándidamente a sus lectores por la senda que le venga en gana, y con El Demonio lo constato.
No es uno de esos libros que llegan a cambiarte la vida, pero sí es uno de esos otros de los que se habla durante largo tiempo.
Recomendado para los curiosos que buscan el sabor histórico en el género de terror (sin llegar a profundizar en la narración con exceso de detalles). No recomendado para los que suelen quedarse con ganas de saber más.

En breve comienzo a preparar la siguiente reseña. El próximo será Washington Irving y sus cuentos selectos.
Un saludo y gracias bloggeros!

viernes, 11 de febrero de 2011

El quinto elefante, Terry Pratchett

Hace escasos veinte minutos acabé de leerlo.

Tengo palabras para describirlo, pocas, las justas. La primera de ellas será Fascinación, la siguiente Magia, luego Ingenio, después Risa, ahora quizá venga bien alguna frase del tipo ¿¡Pero qué coño!? y así seguiríamos hasta que nos dieran las doce.

Me había propuesto hacer una pequeña reseña de cada libro que lea para, a modo de lectora/compradora compulsiva de literatura, dar mi modesta opinión respecto a la obra. Pero hoy no puedo. Terry Pratchett me Supera, me Encanta y me Fascina. De hecho, sospecho que esta misma Fascinación, la puede despertar en tantos Otros a los que un Amigo se acerque con un libro del Maestro Pratchett en las manos, diciendo algo del tipo "¿Lo conoces?" como me pasó a mí. Y por eso No Pienso desvelar nada del Quinto Elefante.

Sólo deseo hacer Hincapié en un Mensaje para aquellos que todavía No Lo Han Descubierto, y es lo siguiente: Por favor, Apagad el Pc e Id Corriendo a la Librería, a la Biblioteca, a Casa de un Colega o a donde sea, a Conseguir Uno.

Despido la saga de La Guardia hoy, en uno de esos días... Los despido con un pañuelito de papel enjugando Lagrimillas Traicioneras, también con una Sonrisa tan Grande como Detritus.

¿Qué será lo siguiente? ¿Brujas? ¿Mort? ¿Rincewind? Mmm... Queda Mucho Universo Por Descubrir!!



lunes, 7 de febrero de 2011

Cuento número 26. Aidan, preludio

Entre sombras, con perfil de insecto, vivo, sigo, permanezco. Recordando anocheceres empíreos, aromatizados por tus labios rosados de media luna.

Así nazco, muero y braceo, evocando tu vientre preñado de cuervos. Así permanezco y debato, con y sin fundamento.

Desde el desdén, me ignoran las golondrinas de la noche, henchidas de sangre espesa que, como yo, pierden ya el derecho a volar, a posarse en tu balcón. Lo perdieron igual que sus gemelas diurnas, la noche en que te marchaste. La noche en que me seguiste por la tortuosa senda que nos tenía deparado el destino.

Y el sol se volvió miserable. Y el canto de las aves funesto. Y las anodinas mariposas vulgares, mientras la vida se deslizaba por tus pezones, tornándose más pálidos con cada embestida.

Y tú suspirabas yaciente. ¿Era así cuanto querías? Musicalidad en tu boca, brillo y gloria en tus manos. Y alimentado por tu agitada calma, mi presencia en el lecho, haciéndole el amor al miedo por lo innombrable.

Dejaste atrás cuanto conociste, dejaste atrás al sol, cambiaste tu vida por esos otros amaneceres febriles, en que la nieve y el frío te hacían toser rubíes, mientras yo, respiraba profundo, cada uno de tus latidos.

El mundo sigue moviéndose. En su balanceo infinito me mantengo, Permanezco, recuerdo. Mejor que nadie sabes que nunca olvido. Porque cuando las agujas giran, haciendo empalidecer al tiempo, alguien que sigue, alguien infinito, continúa, similar a un insecto, escondido entre las sombras, aguardando en silencio. Enseñando lo que nadie supo, deseando que nadie olvide. Haciendo que tu recuerdo, liviana caricia etérea, sea vida y sea muerte, del que está destinado a no ver más que toneladas de camposanto sobre su cielo.

Y el réquiem sonará por los caídos. Requiem sonará para ti.




Muchas gracias a todos. A los que habéis comentado, a los que no. A los que habéis compartido y a los que habéis dejado huellas livianas de vuestro paso por estos veinte cuentos. Pronto volveré cargada de novedades. Pronto habrás más sorpresas.
Gracias de corazón.

Miriam Alonso


Todas las obras aquí publicadas, firmadas bajo el nombre de Miriam Alonso, han sido registradas en el Registro de la Propiedad Intelectual, quedando prohibido, de este modo, su total o parcial difusión, sin el permiso explícito del autor.


domingo, 6 de febrero de 2011

Cuento número 25. Noa, mi eterna Noa

Querida Noa.

Cuántas sorpresas te aguardan todavía a lo largo del camino, que siembra montañas escarpadas, allá donde se dirigen los pies, de la mayor de las niñas eternas. La que es eternamente olvidada y llorada por unos pocos.

Te conozco, sabes que me fascina tu impericia, que adoro tu espíritu inquebrantable. Torpe en cada acto, con cada espera angustiosa. Con cada ventana donde aguardabas al anochecer, que volviera a salvo, con cada sueño roto.

¿Qué puedo escribir esta noche de viernes que te haga justicia? Acabaría deslizando mi pluma en papel para mancharlo sin sentido. Nada lo tiene, nada es justo para los perdidos. El mundo es un lugar hostil que te repudia. Tampoco cielo e infierno abren sus brazos para que te cobijes. Y, de ese modo, en el centro del huracán sigues, encendida. La diminuta llama iridiscente que se enfrenta a un viento que no deja de despeinarle.

Los ojos se te volvieron verdes por la mentira. Estafados, vieron lo que otros quisieron que vieras. Suerte que ya no tienes ojos, suerte que ya no pueden engañarte. Maldita tu suerte pequeña... Hondo el agujero en el que te entierro.

Lo siento porque, en esta tragedia, te ha tocado el peor de los papeles. ¿Me perdonarás si te recuerdo que fuiste inocente? ¿Me perdonarás si te entrego un mapa donde venga señalada con una flecha, la salida del laberinto?

La rueda gira y gira y tú, compañera del lanzador de cuchillos, giras con ella. Te mareas, princesa. Vomitas cuanto te nutre. Gritas clamando clemencia, pero nadie te escucha. Sólo tú puedes desatar las cuerdas que te retienen.

Te deseo la fortuna que jamás tuviste, te deseo el final de viaje que mereces.

Suerte Noa.


Por Miriam Alonso

sábado, 5 de febrero de 2011

07/02/11

Como he ido anunciando en Facebook, esto se acaba. Sólo queda un cuento para que el cuervo nos cubra con su ala negra.
Como dije, se profundizará en alguno de ellos y se verá qué ha pasado al otro lado de la pantalla mientras, cada noche, estaba en pleno proceso creativo.
Tengo pensado, además, proponer algo interesante... Pero todo eso se verá. Todavía tiene que llegar el principio del fin.

Siempre agradecida por vuestras lecturas y comentarios.
Saludos para todos.

Nos leemos!

viernes, 4 de febrero de 2011

Cuento número 24. Sandro y la traición



Enero. Entre vientos y hielo se desliza tu vestido por calles de piedras negras, donde moran los malvados, que mañana harán las veces de magos, habitantes en mi bola de cristal.


Febrero. Y el destino acampado frente a fuegos, encendidos por alientos de luz, que crecen con cada uno de tus suspiros.


Marzo. Llega la primavera. El perfume se destila. La piel se baña en musgo, canela y vainilla. Y tú, mi piel se baña en ti.


Abril. Hermosa esta vida. No tengo frío si te siento aquí, a cada paso, con cada suspiro, haces que me sienta como un niño, el que nunca fui.


Mayo. No quiero seguir con esto… Muero cuando temes, odio cuando lloras.


Junio. Cayó mi mano en tu boca. La fresa, bajo la peor de las maldiciones, se convirtió en ciruela violácea. Amarga fruta que muerdo, y me envenena.


Julio. Lo amoratado volvió a ser cándido, pero se esfumó tu sonrisa, que sólo regresa a ratos… Te encuentro acalorada, aún cuando no estaba contigo. Pero ¿podía acaso reprocharte algo?


Agosto. ¿Qué es lo que pasa? Tú y él parecéis compartir una misma piel. Quiero creer tus palabras, esas que repites entre sueños cuando se acerca el amanecer.


Septiembre. Te marchas y todo se vuelve oscuro. No como, no respiro, no te tengo. Y para que crezcan mis lamentos, no te olvido.


Octubre. Me repugnas cuando vuelves. Me asquea tu palabra. Y pensé que podría, pensé que te entendía, lo intentaba, pero Gloria mía, no puedo creerte.


Noviembre. Bella, bella odalisca. Limpio mis manos en tu vestido que paseaste en enero, como el más bello. Te veo al fuego y sonrío. Todavía huelo tu perfume. Todavía tengo el recuerdo, el bueno. Y lo lamento, lamento mi mano de verdugo. Pero no lamento haberte echado.


Prefiero saberte dónde estás, a imaginarte eternamente a su lado. Al final, amor mío, a todos nos llega diciembre.



Por Miriam Alonso

jueves, 3 de febrero de 2011

Cuento número 23. Romeo y el balcón


- Oh Romeo, ¿por qué eres tú, Romeo?
- ¿Quién pensabas que era? ¿Tu marido?
- Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto…
- Juraría que eras una Bellino, pero si insistes…
- ¡Eres incorregible! – Exclamó la mujer lanzándole la bota de satén.

Romeo continuaba junto a la ventana. En pleno carnaval las visitas se hacían difíciles, los ojos cubiertos por antifaces se multiplicaban. Aquella noche le costó trepar, pese a que ya estaba acostumbrándose a la rutina a seguir para llegar al lecho de Silvana, que ajena a la fiesta a la que acababa de asistir en casa de sus sobrinas, le esperaba tendida trágicamente. Sollozaba lo rudo de su Romeo, en comparación con el de Julieta.

- No me amas, estoy convencida de ello.
- No sabes cuánto te equivocas. – Protestó él pese a que Silvana estuviera en lo cierto. No era hermosa, no era joven, tampoco muy lista. De haberlo sido, se habría percatado tiempo atrás de que sus alhajas iban desapareciendo tras cada visita.
- ¿Me amas?
- Por supuesto que sí, si no lo hiciera ¿crees que me arriesgaría a trepar hasta tu balcón, bella Silvana?

Se arrojaba a sus brazos para cubrir el cuerpo joven y fuerte de Romeo, con besos húmedos en exceso, que éste recibía con una sonrisa o con una mueca. Silvana, la eterna enamorada, no tenía ojos más que para él. En un par de ocasiones estuvo a punto de abandonar a su esposo para escapar con su amante. Pero Romeo le quitó la idea de la cabeza; si el tercero en discordia desaparecía, con él se irían el oro y los diamantes.

- Haces que me estremezca sólo con una caricia, mi Romeo.
- Tú también me estremeces. – Repuso él sin prestarle demasiada atención. No localizaba el joyero de Silvana fuente de su manutención. – Amor mío, noto algo distinto en tu alcoba…

No sólo había desaparecido el joyero, también lo hicieron un par de cuadros y el magnífico candelabro. Quedaban pocos vestidos colgando en el armario y el secretaire estaba abierto. Romeo, acercándose al mueble, ojeó el sello y olió a lacre recién quemado.

- Lo hice. Al fin le he dejado. ¡Ya somos libres, amor mío!
- ¿Qué? – Replicó Romeo atónito, sintiendo como sus brazos fofos le rodeaban el pecho, y aquella boca de nuevo, besándole los hombros.
- Sé que le tienes miedo, pero…
- ¡Eres una vieja chiflada!
- Pero Romeo…
- ¿Realmente piensas que te amo? ¡Amo tu dinero estúpida! Y ahora no tienes nada, no tienes donde caerte muerta.
- Pero Romeo…
- Olvídame Silvana – dijo sacando ya una pierna por la ventana – todo fue falso. ¡Maldita… Maldita seas!

Alcanzó a tomar la última barca de la noche. No podía creer que todo el trabajo de aquellos dos años se hubiera ido al garete por culpa de la vieja. Casi se había decidido a comprarle el palazzo. Y él casi se había acostumbrado a su voz de soprano y a compartir lecho. A boicotear las insufribles historias de amor que le contaba. Casi había imaginado que ella sería su bienhechora. ¿Y ahora? No tenía más que un par de baratijas y una ruinosa habitación en la que esperar al hambre.

Escuchó un disparo lejano acallado por el ruido del carnaval.

- Labios, sellad con un beso un trato perpetuo con la muerte... – Dijo ante la mirada perpleja del barquero.



Por Miriam Alonso

miércoles, 2 de febrero de 2011

Cuento número 22. Andros y la diplomacia


¿Realmente serían tan sabrosas esas enormes magdalenas?

El aroma dulce de la fábrica se hacía quedado impregnado en su ropa. Incluso el aliento le olía a azúcar. El chico engullía dulces sin cesar, mientras Andros le observaba en silencio. No estaba mal, para variar, tomar algo meloso. Normalmente, a aquellas horas, la comida ya tenía una chispa de alcohol alegrándole la sangre. Pero ese chico olía a leche, que se mezclaría en su estómago con la bollería.

- ¿Quieres una? – Preguntó dejando la caja en la mesilla del teléfono para expolsarse las migas que le quedaron agarradas al jersey.
- No, gracias. Soy muy selectivo con lo que me meto en la boca.

El chico levantó los hombros en un gesto de incomprensión y, acomodándose, dirigió su atención a Andros, que ansiaba conversar con él desde meses atrás. Se habían conocido en Internet, el chico le pareció interesante casi al instante. Su percepción de la realidad era admirable, también la que tenía respecto a la psicología y la política. Al momento se sintió tentado de invitarle a compartir una noche, pero decidió esperar a que fuera él quien lo propusiera, y no había errado. El humano le invitó a visitarle. No tenía ni una leve sospecha de que Andros pensaba cómo llevarse su esencia a casa.

- ¿Viste el informativo de ayer noche? La verdad es que creo que lo único que van a conseguir con la jodida ley esa, es que la gente empiece a descargar como si no hubiera mañana. Y la responsable, bueno, esa tendrá que dimitir o la cosa acabará muy mal.
- Sí, el tema es peliagudo…
- A veces creo que este país siempre lo han dirigido monos. No sé en qué piensan… ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Decir que el terrorismo internacional es culpa de internet? ¡Vamos, lo que faltaba! Si yo fuera político las cosas serían muy distintas. Para empezar haría una ley en la que se hiciera constar claramente qué es legal y qué no. La gente piensa que puede ir a la cárcel por ver una película, ¿ves eso justo? Si yo pudiera, les daría unas cuantas collejas, por no decir otra cosa, a los capullos que denuncian a la gente por poner música en las bodas. Hace poco estos mismos multaron a un peluquero por tener la radio encendida en el trabajo, ¿crees que hay derecho? Pero es que eso no es lo peor…

El chico continuó hablando durante minutos azucarados en los que Andros se esforzaba por comprender qué diablos estaba diciendo. Pese a sus conocimientos no lograba seguirle. Hablaba demasiado rápido… Olía tan bien…

- …Y van y lo llevan a juicio. ¿Cuánta gente se puede permitir pagar ese dinero por un software? Que las cosas están mal, no dejan de repetirnos que la mierda nos llega a los tobillos, sin embargo quieren hacernos pagar hasta por respirar. ¿Sabías que han patentado el flujo de corriente eléctrica que puede llegar a atravesar el cuerpo humano? O sea, que si te electrocutas, encima, pagarás una multa… ¿Te estoy aburriendo?...

Andros recordaba la India. Aquel viaje maravilloso, aquellos aromas embriagadores del mercado de especias donde, pese a la condensación, ningún elemento sobraba. Jamás había olido algo similar en ningún otro lugar. Europa olía bien, África era un paraíso para los sentidos, América tenía su encanto, el continente donde más disfrutó fue…

- ¿Andros?
- ¡Sí! Disculpa, he tenido un día duro. – Insufriblemente doloroso, cargante, pesado. Erró con el chico. Al otro lado de la pantalla le caía en gracia, pero teniéndolo ahí delante viendo como su lengua inquieta, no dejaba de cabriolear, devorando una magdalena tras otra, proyectando migas diminutas que salpicaban por doquier, no lo soportaba.
- No pasa nada. Te decía que si yo fuera uno de ellos, enfrentaría el tema del producto interior con…
- Si tú fueras listo, - dijo Andros clavándole una vía en la aorta, dando por zanjada la conversación, con la diplomacia propia de los suyos – dejarías de hablar mientras te desangro.

Por Miriam Alonso

martes, 1 de febrero de 2011

Cuento número 21. Nadine y las muñecas


Aquel vestido era tan bonito, tan perfecto…

La seda blanca envolvía la figura del maniquí, cayendo con tanta gracia, como la de la nata que resbalaba por las fresas de la merienda. Su amiga y Nadine se acercaron al escaparate apoyando las manos en el vidrio. Sólo unos meses antes, realizaban esta misma operación en la tienda de al lado, la pastelería. Pero se habían convertido en señoritas, ahora los vestidos, los complementos y las joyas, se volvían artículos de primera necesidad.

- ¡Qué vestido tan bonito!
- Sí. – Respondió Nadine sonriente. – Le diré a mi padre que me lo compre.
- A mí también me gusta...
- Ah, bueno, haz lo que quieras. – Respondió ella girándole el rostro, orgullosa. – De todas formas, yo ya tengo un vestido para la fiesta de la señora Pool, y ese es blanco. No me gustan los vestidos blancos.
- ¡Pero si hace un momento te gustaba! – Repuso su amiga con tristeza.
- Pues ahora no. - Dijo la niña apretando los dientes.

Su amiga era tonta. Siempre quería lo que a ella le gustaba. Seguramente el maravilloso vestido blanco, que ella había visto primero, acabaría por comprárselo la tonta esa, con sus pecas absurdas, que no era ni la mitad de guapa que ella.

Llegó a casa y, tras avisar de que no cenaría esa noche, subió a su dormitorio. Miró alrededor deteniéndose a observar el estante donde reposaban sus antiguas compañeras de juego, las de porcelana. Nunca volvería a jugar con ellas. Puede que cepillara el cabello de la morena de vestido rojo, pero por nada del mundo haría lo mismo a la pelirroja de ojos verdes, que lucía sonriente un vestidito níveo. Esa era la favorita de su amiga.

Se acercó a la estantería agarrando a la muñeca por el brazo y se detuvo a observarla. Era bonita. Debido al parecido que tenía con la tonta esa, siempre la elegía para jugar. Con rabia, lanzó la muñeca al suelo, viendo como se rompían cabeza, manos y piernas, en mil pedazos. El vestido, entonces, no era tan bonito. El cuello de encaje se quedaba huérfano, y las chorreras colgantes. Los zapatos, también blancos, seguían guardando los pies supervivientes a su ataque de rabia. Sin pensárselo dos veces, aplastó las partes que permanecieron unidas al tronco, convirtiendo a la muñeca en un montón de trocitos de porcelana informes.

Salió triunfal de la habitación. De pronto había recuperado el apetito. Bajó al salón comedor excusando el ruido que se produjo en su dormitorio. La muñeca con la que jugaba su amiga se había caído de la estantería, y se le había roto. Se fingió triste ante su padre, que le acarició la cabeza, mientras ordenaba que le llevaran algo de cena.

Regresando del colegio, al día siguiente, volvieron a pasar cerca de la tienda. Nadine no se dignó a mirar el escaparate. La boutique céntrica, había perdido todo el interés que le despertaba antes. Era arrabalera y vulgar.

- Jamás volveré a entrar ahí. – Declaró riendo, mientras su amiga la miraba incrédula.

Su padre le saludó desde el despacho, frente a su dormitorio, parecía contento.

Estaba probándose el vestido rojo para la fiesta, antes de la cena cuando, reflejada en el espejo, le pareció ver a la muñeca pelirroja en el estante. Se volvió bruscamente hacia allí para descubrir, angustiada, que sus ojos no le mentían. Estaba donde siempre, con su peinado perfecto, y su vestido brillante, nuevo, limpio, junto a la fea y ajada muñeca morena.

Nadine salió de su habitación hecha una furia, y fue al despacho de su padre. No podía dejar de pensar en la pareja de porcelana, y sentir rabia.

- Sé que ya te sientes mayor, pero la vi y me pareció tan bonita, que pensé que te gustaría… ¿Oh Nadine, pero por qué lloras ahora?


Por Miriam Alonso