lunes, 7 de febrero de 2011

Cuento número 26. Aidan, preludio

Entre sombras, con perfil de insecto, vivo, sigo, permanezco. Recordando anocheceres empíreos, aromatizados por tus labios rosados de media luna.

Así nazco, muero y braceo, evocando tu vientre preñado de cuervos. Así permanezco y debato, con y sin fundamento.

Desde el desdén, me ignoran las golondrinas de la noche, henchidas de sangre espesa que, como yo, pierden ya el derecho a volar, a posarse en tu balcón. Lo perdieron igual que sus gemelas diurnas, la noche en que te marchaste. La noche en que me seguiste por la tortuosa senda que nos tenía deparado el destino.

Y el sol se volvió miserable. Y el canto de las aves funesto. Y las anodinas mariposas vulgares, mientras la vida se deslizaba por tus pezones, tornándose más pálidos con cada embestida.

Y tú suspirabas yaciente. ¿Era así cuanto querías? Musicalidad en tu boca, brillo y gloria en tus manos. Y alimentado por tu agitada calma, mi presencia en el lecho, haciéndole el amor al miedo por lo innombrable.

Dejaste atrás cuanto conociste, dejaste atrás al sol, cambiaste tu vida por esos otros amaneceres febriles, en que la nieve y el frío te hacían toser rubíes, mientras yo, respiraba profundo, cada uno de tus latidos.

El mundo sigue moviéndose. En su balanceo infinito me mantengo, Permanezco, recuerdo. Mejor que nadie sabes que nunca olvido. Porque cuando las agujas giran, haciendo empalidecer al tiempo, alguien que sigue, alguien infinito, continúa, similar a un insecto, escondido entre las sombras, aguardando en silencio. Enseñando lo que nadie supo, deseando que nadie olvide. Haciendo que tu recuerdo, liviana caricia etérea, sea vida y sea muerte, del que está destinado a no ver más que toneladas de camposanto sobre su cielo.

Y el réquiem sonará por los caídos. Requiem sonará para ti.




Muchas gracias a todos. A los que habéis comentado, a los que no. A los que habéis compartido y a los que habéis dejado huellas livianas de vuestro paso por estos veinte cuentos. Pronto volveré cargada de novedades. Pronto habrás más sorpresas.
Gracias de corazón.

Miriam Alonso


Todas las obras aquí publicadas, firmadas bajo el nombre de Miriam Alonso, han sido registradas en el Registro de la Propiedad Intelectual, quedando prohibido, de este modo, su total o parcial difusión, sin el permiso explícito del autor.


10 comentarios:

SuperYo o HiperYo dijo...

Gracias a tí por habernos regalado esta serie de historias...

Aguardando quedare a la espera de las novedades y sorpresas.

Pandora_cc dijo...

Estaré encantada, será un placer (como siempre) contártelas.
Una deuda siempre se paga.
Un beso!

Asuncion Macian Ruiz/Medusa dijo...

Nena, es brutal sencillamente, el mejor entre los mejores. MAGIA!

Pandora_cc dijo...

Magia!

Muñeca de Trapo dijo...

Es increible como puedes transformar un momento desesperante en un momento tranquilo y decilioso. Y con este, tu cuento, me voy a la cama con ganas de releerlo o emprender uno nuevo...mañana.

Te quiero

Pandora_cc dijo...

Gracias por tu visita, Muñeca. Una fina linea separa lo bello de la histeria. Me compace que degustes ese espacio.
Yo también te quiero.

ginesvera dijo...

Me he sentido insecto una vez más. Es el que más me ha gustado y el que más cerca he sentido. No nos dejes sin tus letras. Quiero estar ahí cuando llegue la hora trece, en el laberinto.
Bs

Pandora_cc dijo...

Volverán las letras. Volverá la magia. Utilizaré esta pausa para ir forjando mi espíritu de cazadora de palabras.
Muchas gracias, de verdad. Beso.

ShiroDani dijo...

Todo empezó con un inocente malentendido. Inocente de mi, en el comentario a Ginés pensé que eras un caballero. Lo siento. Aunque no del todo... Ha servido para que entres en mi blog, para que yo venga hasta tu casa, te lea.
Bien me ha parecido poesía en prosa, este ultimo cuento. Palabras refinadas y bien sentidas. Escribes hermoso. Felicidades y un abrazo.

Pandora_cc dijo...

Muchas gracias Shiro, Dani, ShiroDani o como gustes. Celebremos el malentendido entonces. Cierto que lleva a confusión que una señorita se quite el sombrero (o se aparte el gorro de lana jejje), pero como bien dijiste, hay que hacerlo cuando la ocasión lo merece.
Un saludo!