sábado, 5 de marzo de 2011

Cuento número 27. Usurpadora.



Tantas serpientes sueltas por la ciudad y tan pocos machetes.


No era de extrañar que de lugares insospechados, apareciera alguna enseñando la lengua o estrangulando a algún pobre animal.


Odio a las serpientes.


Pensó mientras se frotaba las manos contra el cuerpo, tratando de despegarse de la desagradable sensación que aquellos animales le producían. Una serpiente emergió de la oscuridad y, curiosa, se le quedó mirando. Eva retrocedió unos pasos, levantando las manos, como si se encontrara frente al cañón de una pistola.


La serpiente reptó hacia ella con manifiesta lentitud. Tenía la cabeza gacha, guardando una actitud sumisa, propia del más desvalido de los cachorros. Ella bajó las manos dejando que colgaran a los lados, sintiéndose de pronto culpable por los machetes.


- Hola. – Susurró al animal que, con coquetería, ladeó la cabeza modo de saludo. – No pareces mala gente, aunque me das mucho asco… Te buscaría algo de comer pero… - Guardó silencio entonces, recordando el medio sándwich que llevaba en el bolso.

La serpiente se deslizó un poco más acercándose a los pies de Eva, que no pudo evitar dar un respingo.

- Cuídate. – Le dijo al animal y, haciendo una mueca, se dio la vuelta para reemprender el camino a casa.


No eran una plaga, pero tampoco era lo más normal del mundo que semejantes criaturas, fueran tan comunes en las calles, como los gatos. Habían dicho en el noticiario que el ayuntamiento estaba trabajando en el tema. Incluso se habían empezado a organizar grupos de voluntarios que las capturaban y llevaban a refugios donde se aseguraba su supervivencia. “Mueren congeladas – dijo el alcalde- necesitan calor para sobrevivir. Las que no sean rescatadas, no supondrán un problema cuando llegue el invierno”.


Eva meditó sobre lo triste del destino de las serpientes. Casi con seguridad arrancadas de su hábitat natural, se veían ahora enzarzadas en una lucha por la supervivencia, en lugares que lejos estaban de ser calientes.


Se detuvo en la portería dispuesta a sacar las llaves cuando escuchó un siseo a su espalda. Se volvió rápidamente, sin llegar a ver nada, hasta que bajó la vista al suelo y descubrió al animal observándola, hecho un ovillo sobre la alfombra. Dio un respingo retrocediendo unos pasos, mientras la serpiente, con cierta tristeza, le seguía con la mirada.


- ¡Qué asco me das! – Exclamó Eva notando como el vello del cuerpo se le erizaba.


Se estiró cuanto pudo y giró la llave dejando sólo unos dedos de puerta abierta. Saltó a la serpiente y entró en la casa cerrando con gran estruendo.


Cada día, cuando abría la puerta, miraba al diminuto jardín tratando de localizarla. La había visto un par de veces, y en todas, la serpiente detenía cuanto estuviera haciendo y la observaba con aquel gesto de abandono tan poco propio. Pasado un mes, ya era costumbre que la saludara mientras caminaba hacia el coche, mientras el animal la veía alejarse.


Una tarde de lluvia, llegó a casa cargada hasta los topes. Dejó las bolsas en el suelo y giró la llave. El tiempo que tardó en agacharse para volver a tomarlas, fue suficiente para que una silueta reptante, pasara junto a sus tobillos y entrara en la casa a toda velocidad. Echó a correr tras ella, alcanzando a verla doblar la esquina y meterse en el comedor. Automáticamente cerró la puerta, dejando atrapada a la intrusa que, muy hábil, no se dejó ver.


Desde el otro lado del cristal, Eva sentía como una sensación extraña le subía por la espalda llegándole a la nuca. Tomó el teléfono y, desde la cocina, llamó a Angel pidiendo ayuda. Cuando el chico llegó, muerto de risa, Eva se preguntó por qué le había llamado precisamente a él, expulsado de la escuela de veterinaria, en vez de hacerlo directamente a protección animal. Luego recordó que el ordenador e internet, estaban en el salón, donde la serpiente continuaba atrincherada, mientras el móvil estaba en su bolsillo.


Fueron hasta la puerta y, a través del cristal, vieron a la intrusa. Estaba hecha un ovillo junto al radiador que Eva dejó encendido para caldear el ambiente, antes de salir de compras. Parecía dormir plácidamente.


- Pero tía, si ni es venenosa…

- Me da igual, es una serpiente.

- Bueno, tú misma. Llama a una protectora y que vengan a por ella.

- ¿Tienes el teléfono de alguna?

- Sí. – Angel se hurgó en los bolsillos y sacó una tarjeta verde de la cartera. – Bueno, pues ya me contarás… - Comentó mientras recogía una manzana perdida de la compra, y se la lanzaba.


Eva se aproximó al cristal. Allí seguía la usurpadora, formando un nudo todavía más apretado, como para no perder el calor. Guardó la tarjeta. Por muy estúpida que se sintiera, se había decidido a dejar al animal pasar una noche en caliente.


Una semana después ya había recuperado el portátil, e incluso abría a ratos la ventana de la habitación, invitando a la visita a marcharse. Y ella lo hacía, pero en cuanto oscurecía volvía a aparecer, deslizándose ventana adentro.


Eva se descubrió esperándola una noche en la que se había retrasado en la hora de regreso. En cuanto la vio asomarse por la ventana se sentó en el sofá, actuando como si no se hubiera percatado de su presencia. La serpiente se deslizó entonces por los cojines y le apoyó la cabeza en la pierna. El primer contacto le resultó agradable. Desde días atrás venía preguntándose cómo sería, si le causaría repulsión o, por el contrario, sentiría placer al tocarla. Finalmente ni lo uno ni lo otro: indiferencia. La serpiente tenía la piel suave, pero ella seguía prefiriendo a los mamíferos.


- ¿De dónde serás, Usur? – Preguntó mientras le veía sacar la lengua. Usurpadora ladeó ligeramente la cabeza, pasando por alto su pregunta.


Poco después vieron una película en el sofá.


Pasados los meses, Usur se convirtió en la reina de la casa. Todas las habitaciones tenían las puertas abiertas para ella que, silenciosa, merodeara a sus anchas. Era una suerte tenerla como compañía. No hacía ruido, no olía, no había que sacarla a pasear. Por lo único que Eva tenía que preocuparse era por su alimentación (por la que más bien se preocupaba su vecino, un amante de los reptiles), por el veterinario (donde la llevaba periódicamente a las revisiones), y por su cojín junto al radiador, sobre el que pasaba horas interminables.


Por aquel entonces Usur empezaba a explorar el piso superior. Una noche, Eva notó un peso sobre sus piernas y, asustada, encendió la lamparilla para descubrir que el animal dormía plácidamente sobre ella. La escena se repitió cada noche a partir de esa. Usur subía las escaleras y se acurrucaba a su lado.


Cuando el animal comenzó a comportarse de modo extraño, lo llevó rápidamente al veterinario. Él le dijo que era normal que se estirara en la cama con la llegada del calor, la serpiente entonces, no necesitaba ovillarse para retenerlo.



El centro de protección animal era un lugar frío, blanco. Entró en la consulta y dejo el transportín sobre la mesa. La serpiente le miraba con aquella mueca de cachorro aterido de frío. Eva subió al coche y lo arrancó sin poder dejar de pensar en la noche anterior, cuando despertó sintiendo una presión en la mano y encendió la lamparilla para descubrir a Usur, tendida a su lado con la mandíbula desencajada, tratando de engullirla comenzando por el brazo.



Por Miriam Alonso


(La imagen está tomada de san Google, haciendo referencia a la web http://www.spreadshirt.com)


13 comentarios:

ginesvera dijo...

Qué miedo, prefiero los gatos son más agradecidos. Relato de intriga para compartir. Espero el siguiente, Pandora.
Un saludo.

ShiroDani dijo...

¡Dios, es magnifico! Me ha encantado. Eres un pozo lleno de sorpresas.
Sobre el relato —es broma—, fíjate que yo desde el principio por comparación pensé en lo idéntico que podría ser que en el relato en vez de serpientes fuesen hombres… Jajajaja.
Quedaría perfecto. Somos igual algunos. Jajajaja.
Felicidades. Quizá algún día logre escribir así, de momento ya te conozco y leo, con esto y con tiempo, seguro lo logro.

Pandora_cc dijo...

Hola Ginés.
Sinceramente, yo también prefiero los gatos. Tuve un affaire con una pitón albina muy bonita, pero, igual que Eva, soy más de mamíferos.
Muchas gracias por el comentario, espero no tardar demasiado en publicar el siguiente.
Un beso!

Pandora_cc dijo...

Como me gusta que te guste, ShiroDani! Sí que podría sustituirse la serpiente, y sí, hay ciertas cosas comunes con algunos, pero creo que está bien siendo un reptil (tengo pocas cosas a reprocharle a los hombres, de momento xD)
Ojala algún día yo pueda escribir como tu.
Un beso y gracias!

ShiroDani dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Carlos dijo...

Un relato esquisito.

Las serpientes? ellas en su casa y yo en la mia....

Pandora_cc dijo...

Hola Carlos.
Muchas gracias por la visita. Sí, mejor cada uno en su casa, no vaya a ser que la amistad se trunque :)
Un saludo!

ginesvera dijo...

Frases cortas, ritmo y misterio. Se lee desde el precipicio de la primera frase. Diálogo sucinto. Confío en que más amigos dejen sus opiniones sobre este relato que cuenta más de lo que se ve y deja ver la naturaleza de las personas y las serpientes.
Espero una nueva cita con tu prosa, Pandora.

MARIAN dijo...

Me ha encantado,no he podido parar de leer hasta el final,un saludo

Pandora_cc dijo...

Hola Ginés.
Espero que la cita no se retrase mucho. Yo también estoy esperando una con la tuya.
Un saludo y cuídate mucho.

Pandora_cc dijo...

Hola Marián. Muchas gracias por el comentario. Me alegro de que te haya gustado. Un saludo y gracias de nuevo.

Asuncion Macian Ruiz/Medusa dijo...

Tia qué chachi, cómo mola xD ARRIBA LAS SERPIENTES!! Tendría que haberla sedado antes de comérsela pa que no despertara.

Pandora_cc dijo...

Tomo nota. En el siguiente relato serpentil, la bicha irá con un algodoncico empapado en una cosa que no recuerdo como se llama porque son cerca de las cinco de la madrugada xD Pero sí, sedará a la perla que se le arrime, por ti, porque eres la señora madre de las serpientes y molas tía.
Creo que debiera irme a dormir ya xD
Un besito nena!