martes, 12 de julio de 2011

Cuento número 31. Mina de rosas.


El jardín se prolonga hasta el horizonte.

Tan grande como él es en realidad el mundo, que sigue con su incesante cambio, amaneciendo y anocheciendo, mientras las rosas nacen, crecen, mueren y se cortan.
Minas de rosas que, como las de mineral, aguardan bajo tierra por ser descubiertas.
En la última excavada estabas tú, una rosa roja. También ella, y la otra; así hasta contar diecisiete.

Sois las más exclusivas, las más selectas. Os han buscado de modo incansable. Aquellos que os conocieron os catalogaron. Vuestro nombre, especie y condición social, ha llenado páginas y recuerdos durante años. Y de pronto, un excavador os encuentra por accidente. La mina es expoliada y sus misteriosas rosas vuelven a ver la luz.

Diecisiete piezas únicas abandonan el nicho como si el tiempo no hubiera pasado por ellas. Ya no tienen pétalos ni espinas, apenas les quedan unas pocas marcas adheridas al cuerpo, señalando que todas recibieron el mismo trato. Pero eso no importa. Tampoco que el mundo reciba el descubrimiento de la mina, con estupefacción. Nada importa porque para vosotras no ha pasado el tiempo. Y ahí estáis, si cabe más frescas, más hermosas que cuando os enterraron. Os ha vuelto a crecer el cabello para vergüenza de quien os lo rapó, la tierra ha borrado y sanado los golpes que os dieron, los oídos taponados de arena ya no escuchan insultos ni abucheos, y vuestros ojos no verán de nuevo los fusiles.

Bienvenidas a este mundo tan distinto al que conocisteis, rosas. Romperemos los papeles que afirmaban estabais perdidas, y erais culpables de ser madres, hijas o esposas. Lo romperemos todo, porque habiéndoos encontrado comienza una nueva búsqueda.

¿Cuántas fosas con rosas de carne nos quedan todavía por encontrar?





Miriam Alonso

A algunos os sonará algo de esta historia, para los que no os suene, os cuento. Hace algún tiempo, gracias a Sixto, me enteré de que habían encontrado una fosa con 17 cadáveres de mujeres, asesinadas en Sevilla, durante la guerra civil. Se las llamaba las 17 rosas. Todas hijas, abuelas, madres o esposas de gente del bando enemigo. Desde entonces tuve ganas de escribir un relato al respecto.

Los que me conocéis un poco sabéis que estoy sensibilizada con el tema de la guerra, y es que mis fuentes la padecieron en sus huesos (mi padre y Sixto, mi abuelo adoptivo). Lamentablemente uno de ellos ya no me puede contar las cosas que vivió, pero el otro sigue informándose de todos los acontecimientos derivados de la misma. El último publicado en prensa que me comentó fue este.

En fin, poco más a añadir.

Os envío un saludo a todos y un ¡ánimo! ¡Ya queda menos para las vacaciones! ¡Estamos a un pestañeo de olvidar la rutina y llenarnos los pulmones con otros aires!

Gracias mil.




2 comentarios:

Medusa Dollmaker (A.M.R) dijo...

Brutal, darling!

Pandora_cc dijo...

Gracias perla, me alegra mil que te mole.
Muas!