jueves, 13 de octubre de 2011

Nueva réplica al cuento número 32

Esta de mano de ShiroDani. Qué preciosidad de cuento *___*. Mil gracias...

UN VIAJE MUY ESPECIAL


Lo que aparentaba ser un viaje aburrido no lo fue al final, ni mucho menos.

Ya al subir al tren con mi padre presentí que aquel viaje sería muy importante para mí.

En el departamento ya habían sentadas dos mujeres de avanzada edad y un niño.

Una vez ya sentados, con tan sólo una mirada el niño aquel me dejo claro que no era bien recibido allí.

Debía tener mi misma edad y altura. Tras los saludos pertinentes entre los mayores, una de las señoras le indico al niño que me saludara, a lo que él despectivamente contesto que no, añadiendo después: —¡Yo no me hablo con pobres!.

La señora indignada le dio una bofetada en la mejilla y él le respondió con una patada al tobillo.

La señora, dirigiéndose al malvado niño le subrayo: —mira que bien educado esta este chico, no como tú. El niño no tardo en sacarle la lengua, y a mi, dedicarme la más desafiante mirada que nunca nadie me había dirigido. Yo me acurruqué. Mi padre le pregunto al niño por su nombre para de alguna manera apaciguar la tensión ya palpable. El chiquillo sin pensárselo dos veces le ingirió: —¡a usted que le importa!. La señora para zanjar la conversación se disculpó ante mi padre diciéndole que este chico estaba muy mal educado y muy consentido, pidiéndole por favor, que no le tuvieran en cuenta las barbaridades que pudiese dejar escapar. Mi padre asintió con la cabeza y una sonrisa.

Harto de ver por la ventana pasar paisajes sin mucho interés y contar los postes que pasaban velozmente, dirigí una mirada sin apenas girar la cabeza al niño para observar lo que hacía.

Él se percató y empezó a sacar juguetes de una mochila. A cada juguete que sacaba, me dedicaba una sonrisa burlona, sabiendo que yo me moría de envidia, recreándose además malvadamente en ello. Yo intentaba no mirarle, pero nunca había visto tantos juguetes juntos.

Cada muñeco que sacaba lo sentaba en el asiento frente a mí para mayor escarnio.

De repente, el niño gritó: ¡Quiero hacer caca!. Una de las mujeres le cogió del brazo y lo saco del departamento dirección al servicio. Al rato regresó ella sola llamando a la otra para que le ayudara, pues en niño había hecho seguro alguna trastada y la necesitaba. Salieron las dos apresuradas cuchicheando sobre si lo que les pagaban por ese trabajo era una miseria.

Mi padre al rato estaba dormido. Yo miraba los juguetes, maldiciendo a quien permitía que ese niño tan soberbio tuviera tantos juguetes y yo ninguno.

Estando yo en estas cavilaciones escuché una vocecita que hablaba: —¡hola! te hablo a ti. ¡Si a ti!.

Yo miraba a todos los sitios y no veía a nadie. De repente, cuando miré hacía los juguetes, me percaté que un pequeño Osito se movía como queriendo desembarazarse de todo lo que tenia encima.

—¡Ayúdame y no te quedes mirándome!. —Alego el Oso.

Le cogí por un brazo y tiré de él, sacándolo de debajo del montón de juguetes.

—¡Gracias chaval!. Me llamo Ezequiel. ¿Y tú?

Con cara de bobo le conteste: —Yo también me llamo Ezequiel.

Como una muñeca parlanchina empezó a soltar palabras sin pausa y a toda prisa. Yo le pedí que hablara más despacio, pues no entendía lo que decía.

Entonces dijo él: —tienes que llevarme contigo, si me dejas, el bruto este me descuartizará.

—Yo no puedo robarte, eres de él. —Le conteste apenado.

—¡Yo no soy de nadie!. —Grito desesperado el Oso.

—Si se entera mi padre te devolverá y seguro me castigará. Sólo ganaría una regañina.

—Pues, guárdame en tu bolsa y después me dejas en algún lugar cualquiera, pero, lejos del loco este—alego el oso Ezequiel— corre, por favor escóndeme en tu bolsa, que vienen.

Lo guardé dentro de la bolsa y casi al mismo tiempo entro el insoportable cagón.

Desde ese momento una mueca de satisfacción lucia ahora en mi cara. Él al verme entendió que algo había pasado en su ausencia. Como un poseso dirigió la mirada hacia todos los sitios. A cada lugar observado, me hacía un examen, por ver si notaba algo en mi. Miro los juguetes y tras ver mi preocupación reflejada seguro en mis gestos, se dispuso a contarlos, a pasar lista por ver si alguno le faltaba.

En ese mismo momento el altavoz del tren exclamo la inminente llegada a una ciudad que no recuerdo el nombre.

Las señoras, apresuradas, le ayudaron a recoger los juguetes, murmurando entre dientes, la mala suerte que habían tenido con aquel nuevo trabajo.

El tren paro y despidiéndose las señoras muy amablemente salieron del departamento.

Yo le dirigí al absorto niño la mirada mas envenenada que pude reunir, junto con un burlón aleteo de mi mano como despedida.

Después de algunas estaciones más, mi padre fue al servicio preguntándome antes si deseaba ir con él, a lo que le conteste que no tenia ganas en ese momento. Llevaba mas de cuatro estaciones esperando la ocasión.

Nada mas salir él, saqué a Ezequiel de la bolsa y le pregunté qué cómo estaba.

—¿Cómo crees que puedo estar, todo el día encerrado? —Me reprochó él.

—Lo siento. No sabía que los muñecos tuvieran vida.

Con tono burlón me imitó y después añadió: —Yo no soy un muñeco cualquiera.Mírame bien niño engreído, ¿qué ves?

Nervioso le observe y dije:

—Veo un Oso con una espada de madera y un escudo ¡nada más!.

—¡Por qué cada día son los niños mas tontos? —Muy enfadado esputó él.

—Mira enano, —dijo Ezequiel el Oso— soy un Oso Guardián de los Sueños. No todos los niños tienen la suerte de poseer uno. De no tenerlo, todo niño, terminara loco “como el estúpido niño de antes” o terminara asquerosamente rico, quizá banquero u poderoso. Siempre un infeliz, un atormentado por pesadillas y monstruos que ni te imaginas. Terminan siendo seres codiciosos de lo que no tienen, convirtiéndose en lo que sueñan, en unos monstruos.

Pero, quien posee uno de los Osos Guardianes… siempre dormirá tranquilo. Será más o menos feliz. Será una buena persona de gran corazón. Sí, quizá pobre, pero sabrá disfrutar de la vida, de sus pequeñas cosas y esos rollos que ya habrás escuchado.

—¿Y como hago para conseguir uno? —Dije con tristeza.

—Ya lo has hecho. Has tenido la inmensa suerte de cruzarte en mi camino así que, estamos unidos para siempre. Desde ahora somos uña y carne, chaval.

—¿Pero como se lo digo a mi padre?

—Piensa, chaval… Piensa…

Escuché a mi padre venir por el pasillo y lo dejé bajo el asiento de enfrente, en el suelo, sin saber qué hacer.

—¿Aún no tienes ganas de ir al servicio, Ezequiel?

— No papa, aún no. —Dejé caer yo nervioso.

Cogido al brazo de mi padre pasaban los minutos y yo muriendo por tener el oso a mi lado. Ezequiel, cada vez que mi padre cerraba los ojos un poco, me hacía señas con la espada de madera.

Al final se me ocurrió…

—¡Papa, mira lo que hay debajo del asiento, es un muñeco!. Alargue mi cuerpo que hervía de alegría y nervios y lo cogí.

Él, con el oso en las manos indicó: —Lo dejaremos en la estación al bajar; seguro que su dueño preguntará por él.

—Noooooo papa, ¡yo lo quiero!. Me lo he encontrado yo y no es de nadie. ¡Es mío! —Alegué llorando lo mas desconsoladamente que pude.

Tras un rato de dudas mi padre exclamó:

—No sé si esto estará bien. …tampoco es nada malo, ¿no?. Además te lo mereces por buen hijo… ¡De acuerdo, quédatelo!.

—Papa, ahora quiero ir al servicio con mi Oso Ezequiel.

—Ya le has puesto nombre… que rapidez.

Dirigiéndose al oso le habló:

—Cuida bien de tu tocayo Ezequiel ¡eh!.

En el servicio y con la puerta bien cerrada le hablaba yo al oso… él ni se inmutaba, no hablaba como antes, ni se movía siquiera; era como un muñeco cualquiera; estuve intentándolo durante mucho tiempo hasta que mi padre llamó a la puerta y me pregunto si me pasaba algo. Salí muy triste y sin saber que hacer ni decir, muy desconsolado.

Al llegar al departamento y sentarme deje a Ezequiel sentado en el asiento de enfrente y me dormí.

Al despertarme y aún con los ojos medio entornados me pareció ver como Ezequiel se movía un poquito. Una señal de sus ojos me lo confirmó.

Hoy han pasado muchos años de aquello, nunca más me hablo ni siquiera me guiñó los ojos nunca más; pero sé, que me defendió de pesadillas y monstruos en muchas ocasiones.

Lo mismo que hoy hace con mi hijo, ¡seguro!.


ShiroDani

http://poemas-efimeros.blogspot.com/




5 comentarios:

Pandora_cc dijo...

Que majo el osito, Dani. Yo quiero un Ezequiel pa mi!!!!!
Muchas gracias porque es chulísimo, divertido y cargado de valores. Me ha encantado, de verdad.
:D
Un abrazo!

ShiroDani dijo...

Gracias Pandora.
Tú ya tienes uno de hueso y carne. Te cuida, te mima, y todo esto día y noche.
¿Qué más quieres?
Un abrazo y hasta el próximo reto.

gines vera dijo...

Pandora, ojo con los osos de hueso y carne ¿es un osezno? ¿un panda? Ezequiel en oso parecía tener un mal día, lógico si tenía al chico malo de dueño. Tierno relato para un estante poblado de ositos que defiendan a princesas en apuros. Saludo a ambos, a Pandora, a ShiroDani y también a Ezequiel.

Pandora_cc dijo...

Me reservo el derecho a revelar esa información xD
Es un relato chulísimo. Me encantó imaginar al osito chiquitín moviéndose por el tren con sus patejas y de colegueo con el niño jejej.
Las princesas es lo que tenemos, que nos metemos en cada fregao que luego para salir, necesitamos tirar de tropas xD
Un beset.

ShiroDani dijo...

Felicidades a todos, a Pandora, Ginés y a todos los “osos” de este mundo real e irreal.