miércoles, 30 de noviembre de 2011

Nuevo blog de Ginés Vera

Algunos lo habréis experimentado en vuestras carnes; hay veces que blogger se pone tonto y no hay manera de que podamos recuperar nuestros rinconcitos en internet. Eso le ha pasado a Ginés Vera, que tras pelearse hasta el aburrimiento, ha decidio abrirse un nuevo sitio desde donde continuar ofreciéndonos todas esas cosas grandes que sólo él hace.
Y no exagero. Al echarle un ojo a su nueva casa he descubierto el comienzo de un señor proyecto. Ni más ni menos que una "e-novela" llamada La conquista de Ughur, que el autor irá colgando cada miércoles capítulo a capítulo. A mí me ha encantado y de ahí os animo a que le echeis un ojo y comentarla porque la verdad, es genial.
Gracias estantianos.
Abrigaos mucho!

viernes, 25 de noviembre de 2011

El estante con los premios Planeta en el hotel Astoria de Valencia.



El pasado miércoles estuve en la novena planta del hotel Astoria de Valencia asistiendo a la rueda de prensa y entrevista que concedían Javier Moro, ganador del premio Planeta con su novela El imperio eres tú, e Inma Chacón, finalista del mismo con su novela Tiempo de arena.

No voy a colgar la entrevista hasta un poco más adelante, debido a un fallo técnico con el aparato que uso a modo de grabadora para estos menesteres, pero sí quería escribir una crónica del encuentro.

Comenzaré, si os parece y para ponernos un poco a tono, hablando de las novelas.




El imperio eres tú, trata a grandes rasgos la vida de un hombre, Pedro de Braganza y Borbón, heredero de la corona portuguesa, que con veinticuatro años, desafiaba a la historia y cambiaba la vida de dos continentes, cuando decide exiliarse con su familia y posesiones a Brasil. Allí es donde empieza la apasionante historia de este personaje que, sin duda, es uno de los más representativos en la historia del Brasil del siglo XIX. Salpicada de personajes que todos recordamos de nuestras clases de historia, y que cobran vida de modo magistral, la novela se desarrolla en el más innovador de los sentidos mostrando cómo diversas situaciones generan que el fabuloso Pedro de Braganza y Borbón, heredero de una de las dinastías europeas modelo del absolutismo arcaico, acabe proclamando consignas tales como <<¡Viva la libertad!>> o <<¡Independencia o muerte!>>. Esta novela engrosa la lista de éxitos de Javier Moro, que se añade títulos como Senderos de libertad o Pasión India, colocándose la medalla de haber ganado gracias a El imperio eres tú, uno de los premios literarios más importantes de nuestro país.





No se queda atrás el finalista Tiempo de arena. Una apasionante historia de amor y traición que se desarrolla en España a principios del siglo XX. Los elementos que la han coronado como segunda de abordo son tales como la vida de tres mujeres con sus respectivas visiones del mundo, dos amores postergados, un engaño cruel, una madre déspota y un terrible secreto familiar. La lucha del sexo femenino de comienzo de siglo por no sólo figurar como elemento intercambiable, sino por obtener el reconocimiento que aquellas mujeres pioneras buscaron y gracias a las cuales, nosotras hoy casi hemos culminado su lucha en busca de la igualdad. Inma Chacón, además de escribir novelas también ha publicado poemarios. En su haber hay más de cinco obras, todas ellas éxitos editoriales.





¿Interesantes novelas y personajes, no os parece?

Pues os aseguro que no menos interesante fue hablar con ellos y comentar aspectos de su vida y su carrera en el mundo de las letras.

Por ejemplo, a la pregunta de por qué esas novelas, esas temáticas, Javier responde que está en lucha por que se conozca un poco mejor al país vecino, con el que compartimos península y del que, en realidad, no sabemos casi nada. Inma contesta algo similar, diciendo que también se desconoce muchos de los sucesos que transcurren entre el género femenino en esta época en que la mujer comienza a ser consciente de que tiene que luchar por sus derechos. E incluso llega a comentar un dato que algunos desconocíamos, “la lucha de la silla”.

Los dos se muestran tal como se perciben. Indudablemente son autores comprometidos por una causa.

Cuando alguien les pregunta por qué escriben, difieren. Javier confiesa que no sabría hacer otra cosa. Ha estado escribiendo desde los diecisiete años, cuando comenzó con libros de viajes, y supongo que no tardaría mucho en darse cuenta de que no puede parar. Inma Chacón escribe por pasión. Su sueño nunca fue el de ser escritora, ése era el de su hermana Dulce Chacón. Cuando ella murió, Inma comenzó a escribir una novela que le había prometido, y de ahí el descubrimiento de la alegría y de nuevo, pasión, que la literatura le aporta.

Carraspeo entonces y decido lanzar mi primera pregunta. Realmente tengo curiosidad por saber cuánto tiempo han dedicado a escribir sus respectivas novelas. Javier dice que le llevó dos años y medio darle forma a su obra, que al principio lo hizo si cabe con angustia, preguntándose constantemente qué estaba haciendo y si no sería mejor dejarlo todo y comenzar con otro proyecto. Después, cuando se acercaba al final, con pena. Tras vivir día a día con los personajes, hay que darles una despedida que realmente no apetece. Inma contesta que ella tardó alrededor de cuatro años porque entre medias de este proyecto escribió una novela juvenil. Es más específica al decir que la redacción de la obra en sí, le llevó unos doce o trece meses de trabajo. Casi nada...


No os voy a contar más de la entrevista, porque ya os he comentado que la publicaré completa. Ahora si os parece hablaré un poco del evento en sí y de la impresión que me han causado los protagonistas del encuentro.

Empezaré diciéndoos que en la sala de prensa había menos prensa de la que yo esperaba. Aquello parecía una reunión entre amigos. Como mucho éramos quince personas en la planta terraza del hotel.

Os diré también que en la hora que duró el encuentro se trataron temas que, además de las novelas, era seguro que saldrían, como por ejemplo el de las quemas en India de las efigies de Javier Moro, o la ya mentada Dulce Chacón, que falleció en 2003 por un cáncer de páncreas.

Que mi móvil me la jugó en plena rueda de prensa sobrescribiendo la grabación que, con amor, me estaba haciendo para trabajarla después... Sí, eso lamentablemente pasó.

También que la editorial Planeta había preparado unos dossiers de prensa tirando a cutres. No sé, esperaba un poco más de glamour que unas hojitas grapadas. En fin, supongo que será cosa de la crisis.

Y que me hice fotos furtivas con aquellas pedazo de vistas también, además posando mogollón.

Eso sí, lo que más me ha gustado de la experiencia es verles las caras, escucharles hablar, recibir dos besazos de cada uno y darme cuenta de que pese al currículum son personas sencillas, que por muy magnificadas que estén, no dejan de ser escritores que dicen tacos, se fuman un piti en la puerta del hotel y flipan comentando las cosas que ocurren en el mundo.

Por eso no me queda más que agradecerles su amabilidad y mandarles un gran saludo desde mi Estante donde no van a ser olvidados, aunque no vuelvan a escribir una novela y les de, de pronto, por renegar de la literatura (que esperemos no ocurra nunca).

Muchísimas gracias por vuestra amabilidad y ánimo con la tourné!










Mimi Alonso





domingo, 20 de noviembre de 2011

Castillos de cartón. Almudena Grandes.


Miré con recelo la obra. El título no me inspiraba demasiado, pero eran deberes para el club de lectura, además se lo tenía que devolver a quien lo sacó de la biblioteca, así que nada: valor y al toro.

Empecé a leer a eso de las 18:00. De pronto llamaron al timbre, eran las 20:00. Estuve dos horas sumida en la historia de Almudena Grandes, y a penas me di cuenta.

Estudiantes de arte buscando algo por lo que destacar, aunque sea por el nombre. Marcos, Jaime y Jose (una chica que sabe que no llegará lejos entre lienzos) son los protagonistas de esta historia que comienza por el final, cuando la muerte de uno de los integrantes del peculiar trío, hace que tras años de silencio, los otros dos se reúnan.

Desde que es consciente de la muerte de uno de sus novios, Jose recordará los momentos vividos con ambos, así hasta acudir al velatorio.

El lector se descubre siguiendo los acontecimientos que marcan la relación de los tres jóvenes, donde el sexo, el amor, las drogas en menor medida, la alegría y el arte son el hormigón que sirve de base para que edifiquen su castillo de cartón, una fortaleza débil y sólida al tiempo, donde sólo tienen cabida ellos tres.

Me ha conmovido especialmente porque he llegado a identificarme con Jose, a través de cuyos ojos se entiende la historia (y lo he hecho lejos de lo tórrido). Pero ese ambiente, esa sensación de que nada de lo que ocurra fuera es importante, sólo el interior de una habitación, los olores que desprende, la vida, el mundo que se puede construir entre cuatro paredes, y la interacción de los personajes que tanto me recuerdan a algunos, menos de papel, que pasaron por mi vida, me ha enternecido.

Respecto al texto he de deciros que está escrito en un lenguaje sencillo, fácil de seguir y estudiado para que enganche, pese a que en algunas partes de la obra, cuando la autora se centra en los diálogos interiores, sea algo complicado seguirla. Las menciones artísticas merecen un aplauso. Están elegidas con ojo, facilitando al lector con un modesto conocimiento artístico, los datos necesarios para saber en qué estado de progreso se encuentra el personaje y cómo progresan sus estilos.

No lo recomendaría a quien tenga una visión clásica del amor, incapaz de concebir la ternura y el sexo como algo libre en que cada uno elige con quién y cuántos se mete en la cama. Para los demás está recomendado.

Castillos de cartón describe perfectamente los cambios en la vida, la pérdida de amistades y parejas, e incluso la felicidad del reencuentro con uno mismo, aún cuando a base de convencionalismos sociales, uno se para a revisar el estado de los cimientos de su castillo.

El siguiente título que leeré de esta autora es Inés y la alegría (me da que con esta obra no va a haber tanto feeling, ya veremos).

Y ya, gentecilla. Sólo me queda felicitar al mecenas literario del club, por su buena elección para este mes, y por descubrirme una literatura a la que no estaba acostumbrada.

Ahora El árbol de la ciencia, de Pío Baroja.

Ronda de noche. Terry Pratchett


¡Qué pedazo de libro, señores!

Ya estaréis aburridos de que siempre opine lo mismo respecto a las novelas de Terry Pratchett, pero lo siento: así me nace y así lo suelto.

Puede que Ronda de noche sea el libro más complejo que he leído del autor. No porque la historia en sí sea difícil de comprender, es más por el pulso que Pratchett echa con el lector, animándole a expandir sus horizontes físico-cuánticos.

Todo comienza con una persecución que finaliza en la universidad de Ank Morport. Allí ocurre un %&¿?$$$@WTF!!!, y Sam Vimes viaja al pasado, uno bien distinto a lo que se ha convertido el presente. Lugares que casi había olvidado y que reaparecen por sorpresa, e incluso personajes que salen a escena con unos cuantos años menos, son los responsables de aliviar las revueltas que se producen en la ciudad donde un Sam Vimes desubicado, se enfrentará además de a los problemas de antaño, a nuevos inconvenientes que rizan más el rizo, haciendo que las notas hechas en en los libros de historia, tengan más peso de lo que él recordaba.

No quiero contaros más porque con esta entrada pretendo (como con la mayoría de ellas) animaros a leer la novela. Yo empecé un domingo por la noche, y la he acabado hoy, un miércoles por la tarde. No se lee rápido, se lee lo siguiente a rápido.

El otro día comentaba con Rom (quien me descubrió el Mundodisco) que me cuesta ponerles caras a los personajes. Él me habló del dibujante que los caracteriza, y yo prometí mirar sus ilustraciones, Kidby, creo que se llama. Pues bien, no sé si es por ser hoy, día de la hispanidad, haberme tragado el desfile militar que retransmitían en TVE1 con mi madre (que se emociona con estas cosas porque quiso ser militar y no le dejaron, pobrecica mía) o por el correo que he recibido hace un rato, facilitándome la opinión de un conocido escritor respecto a un tema que no viene al caso, pero hoy Sam Vimes tiene más cara de Arturo Pérez-Reverte que nunca. Creo que sí, al fin he encontrado a mi Duque particular xD.

También me gustaría comentaros (a todo esto y volviendo a la reseña) que esta No es la última novela de La guardia escrita por Terry Pratchett. Para mi regocijo, me enteré de que hay dos más, una todavía en inglés y la otra, pues la verdad es que no tengo mucha idea de su estado. Pero lo que está claro es que me las leeré, o mejor dicho, desearé mucho que lleguen, y luego las devoraré en dos o tres días. No lo puedo evitar, con Pratchett me domina el ansia.

Si la habéis leído, me gustaría saber qué opináis. ¿Es esta la novela que más os ha gustado de la saga? (Vaya preguntita, ¿eh? xD)

Bueno, lo voy a dejar ya porque todavía, con la emoción máxima que llevo en el cuerpo, os cuento algo más y luego me arrepiento.

Gracias por venir!

Abrazos!


Soy lo peor, lo sé pero no lo puedo evitar xD
Sólo quiero deciros que hay una nueva incorporación a La guardia... Muahahahhah....

TERRY FOR PRESIDENT!!!

Una de reseñas.

Bueno gente.
Llevo un tiempo sin publicar ninguna reseña, porque (Ohhhh... muy mal!) he estado acumulando. Y no ha sido por voluntad propia, ha sido por falta de tiempo.
He estado leyendo mucho durante este mes. Entre los libros para el club de lectura, los que he leído yo porque yo lo valgo, los que me han recomendado en el taller de novela y los infumables, pues lo dicho, mucho trabajo y muy poco tiempo para actualizar. Así que me dispongo a ir colgando las reseñas en esta semana. No tengo pensado subir nada más, salvo quizá algo que pasará el miércoles que viene y que, la verdad, me hace bastante ilusión.
En fin, en las siguientes entradas encontraréis la reseña escrita en el momento en que acabé el libro, no pienso transformarla para que encaje en la fecha actual, así que ya sabéis.
Besos para todos!
Espero que hayáis tenido una semana y un finde estupendos!

Por cierto, la novela va viento en popa!!

Mimi

lunes, 14 de noviembre de 2011

Imagicón Mislata 12 y 13 de noviembre

Pedazo de evento, señores.

Imagicon llegó el fin de semana pasado y se marchó en un suspiro (dicen que cuando te lo estás pasando bien el tiempo vuela... Va a ser cierto).
Grandes profesionales presentando sus obras, conferencias, mesas redondas, conciertos, presentaciones varias, desfiles de moda, juegos de rol, gincanas fotográficas... Tantas cosas y tan poco tiempo, que llegó el domingo por sorpresa dándonos un susto a unos cuantos.

Qué pedazo de fin de semana entre gente maravillosa. Algunos conocidos, otros nuevos fichajes a engrosar el apartado amigos de mi almacén personal. Todos únicos, grandes.

Quiero desde aquí darle las gracias a la organización por habernos regalado la posibilidad de encontrarnos con todo lo que guardaba la casa Sendra de Mislata, además de facilitarnos un lugar, un ambiente impregnado de buen rollo y con todo bien planificado. Gracias mil a cuantos hacéis posible que la magia se encuentre por todas partes.

Os dejo aquí algunas fotos, menos de las que me gustaría ya que no llevé cámara... digamos que ha sufrido un accidente y bueno (suspiros), dejémoslo en que no pudo ser. Ximo y Rom hicieron de soporte técnico y se encargaron de las fotos que puedo dejaros a continuación. Gracias again chicos, sois amor.

Aprovecho para agradecer de nuevo a toda esa gente de Espada y Brujería e Imaginarios, el espectacular trabajo realizado.

Y a vosotros (ya sabéis quiénes sois) deciros que se os quiere, y ya se os echa de menos, mamones! xD





Aquí Asun (Medusa) y yo el sábado por la tarde, ligeramente hechas polvo. Ella estaba malita y yo llevaba dando vueltas por ahí desde las once de la mañana.



El equipo! Rom, Yo, Asun y Ximo (de izq. a derecha)



Yolaaaaaaaa!!!!! Habemus foto con Yolaaa!!!! Al final se "rindió" (véase el bracico de Ximo en su muñeca xD) No sé qué nos estaban diciendo a Asun y a mí, sé que todos fumábamos como cabrones.



Posada en grupo. Ole.



Concierto de Priscila Hernández. Jamás imaginé que uno de los mejores conciertos a los que iba a asistir en mi vida, sería en un salón de actos y la entrada habría sido gratuita. Emocionadísima sentí cómo me rodaba una lagrimilla traicionera y me quedé sin palabras. Gracias Priscila. Eres magia.



Veis que poquitas fotos :(
Esto ya fue el domingo. Se trata de la mesa de ilustradores donde intervenían Sergio Bleda, Medusa, Nekro, David Puertas y Sarima. Realmente interesante.



Al fin pude hacerme la foto con Sarima!! Gracias reina!!!
Aproveché para hacerme más fotos con más gente, pero eso lo dejamos para otra ocasión. Las sorpresas se están gestando ^^.



Fin de fiesta. Comida en casa de Ximo, de buen rollo y colegueo.
de izq. a drcha.: Yo, Rom, Asun, J. B. Vilches, Charro (arriba), Ximo (abajo) y Ginés.
Vaya tropa jajajaj

No tengo muchas más :(
En cuanto me vayan llegando iré subiéndolas a Facebook. También recolectaré las que encuentre por allí.

Y bueno, ya para terminar sólo añadiré que MEHAENCANTADOESTEPEDAZODEFINDEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!
QUE LEVANTE LA MANO QUIEN VOTE POR UN IMAGICON DE SEMANA Y MEDIA!!!! xDDDDDDDDD

Un saludo muy especial a Carmen Cabello y Sergio R. Alarte, (que visitará El estante próximamente. ¡Estad atentos!).

Cuidaos mucho gentecilla, que hace frío!

martes, 8 de noviembre de 2011

¡Ya tenemos al ganador!

Ya tenemos relato ganador del I Concurso de relato de terror Halloween 2011, perpetrado por los blogs Ginés Vera (http://ginesvera.blogspot.com/) y El estante olvidado, que este año, por ser el primero, dedicamos al maestro del suspense E. A. Poe.

Los que habéis seguido todo el proceso, sabréis que cumplida la fecha de admisión de relatos, colgamos los textos para que, durante unos días, quien quisiera pudiera votar por uno o varios. Pues bien: se ha cumplido la fecha. Ya no se admiten más votos, y esta noche se cierran las urnas.

Tras el recuento de votaciones (comentarios enviados, y las que llegaron por correo electrónico, que se especificarán al final de la entrada), tenemos el placer de anunciaros el nombre del relato ganador...



Maullidos de un gato negro. Por Kel Bathory


¡Te damos nuestra enhorabuena Kel! Gracias por participar en nuestro concurso. En breve contactaremos contigo para enviar tu premio.




Queremos dar las gracias también al resto de participantes por habernos hecho llegar esos magníficos textos escritos con mimo, y que pese a ello, no dejaron de asombrarnos y estremecernos a partes iguales. Gracias de corazón.


Esperamos que todos hayáis disfrutado con nuestro primer concurso. Nosotros, tras la experiencia, tenemos algo muy claro, y es que el año que viene volveremos a proponer uno. Tenemos tiempo, casi doce meses para tramar un reto estremecedor para vosotros, amantes del terror y del suspense.


De nuevo gracias y... ¡Nos leemos!


Ginés y Pandora






Resumen de votaciones:


-Maullidos de un gato negro. Por Kel Bathory: Mj Oscuridad, Cristina Archilla, Enfero Carulo, Hugo, Cristina Puig, Akelarre X, Katnishze, Lyre Adam y Diego Martín.

-Nada más. Por Medardo: Monique, SuperYo o HiperYo, y Medusa Dollmaker.

-Las sombras. Por Inferno Literario: Antha y Aurora.

-El retrato cuadrado. Por Lidia López: SuperYo o HiperYo.

-El caso de la señora Valdemar. Por J. M. Mascaró: Shirodani, May.

-Pluto. Por María del Carmen Lloret Barberá: Shirodani.

-Sin clemencia. Por Beatríz Troitiño: Lidia López, May.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Hombre lobo. El Furtivo. Pedro Riera


Bueno señores, os traigo otra reseña, en esta ocasión y para mi sorpresa ha sido un agradable encuentro con un tema que en realidad no me llamaba mucho la atención. Se trata de la novela Hombre lobo. El furtivo de Pedro Riera.


Una historia cuyo protagonista es Eduardo, un chico de catorce años que ve cómo su relajada vida en Castañares (el pueblo donde ha vivido desde siempre) da un vuelco irreversible en sólo un par de días. La historia comienza a complicarse ante la amenaza real de un hombre lobo que, furioso, ataca a animales sin el menor decoro. Los supersticiosos de la zona comienzan a movilizarse ante la noticia, al tiempo que los más escépticos, los que no creen es estas bestias, conjeturan respecto a los ataques y los posibles motivos reales que ha habido en ellos.


Ese es el motor de arranque de una historia excelente donde el transcurso de los acontecimientos y la forma en que el autor hace llegar los datos cruciales de esta historia, ruedan igual que una piedra descendiendo por una colina; con calma y al tiempo con la certeza de que tarde o temprano acabará chocando contra algo.


Varias líneas argumentales en esta historia, que según mi criterio, es apta tanto para público juvenil como adulto. Pedro Riera logra aderezar el elemento fantástico con la tradición que todos los que hemos estado alguna vez en un pueblo, visto cómo se vive allí y escuchado las historias y rumores misteriosos de algunos vecinos, comprendemos perfectamente. El lenguaje que utiliza es cercano, sencillo, sin dejar por ello de ser realmente contundente y preciso.


He de hacer un alto en el camino para destacar a los personajes secundarios, ya que hacía tiempo que no leía una novela donde estos surgieran con fuerza, enriqueciéndola tanto.


También encontraréis entre sus páginas el amor. Este llega de la mano de Alba, una recién llegada que siente predilección por el negro, los piercings... y que de la noche a la mañana, revolucionará completamente al pueblo, y en particular al protagonista.


Aterradores hombres lobo, salvajes tal cual los soñamos en pesadillas, pero estos, además, tienen algo que les hace más inquietantes, y es que pese a su condición ambigua, son perfectamente capaces de controlar sus instintos. Entonces, la incógnita que queda por despejar es esta: ¿por qué matan si no tienen hambre?


Este primer libro viste orgulloso un final de lo más prometedor (aunque he de confesar que de nuevo me descubrí pasando la página final, consternada, incapaz de creer lo que leía). Y es que tanto la historia como los personajes enganchan, y lo hacen de un modo que al acabar de leerlo, se te viene a la cabeza otra gran pregunta:


¿Y ahora qué?



Hombre lobo. El furtivo

Autor: Pedro Riera

Editorial Edebé

ISBN: 978-84-683-0193-8

335 páginas.

Las historias de terror del libro rojo de David. Jose Mª Plaza


Inocentemente terrorífico.


Dice el prólogo firmado por los editores que la primera referencia a este libro se hace en el séptimo volumen de la serie de novelas de misterio y aventuras Los sin miedo, cuando el protagonista encuentra el manuscrito en casa de su abuelo.


En Las historias de terror del libro rojo de David, he encontrado varias sorpresas, así que empezaré relatándoos algunas de las que se encuentran dentro, entre las páginas. He topado con narraciones que hablan de fotografías muy especiales, visitas a casa de la abuela, gatos, citas, bosques, tatuajes, encuentros, órganos... Todas ellas historias ambientadas en la actualidad, que podrían ser protagonizadas por cualquiera y que, por sorpresa, nos transportan al mundo del terror donde sólo se podía llegar con un libro de Poe entre las manos. Hablamos de veinte relatos elaborados a base de tramas astutas, en lenguaje cercano, que mantienen el misterio hasta el mismísimo final, generando así una atmósfera de inquietud que salpica al lector haciendo que irremediablemente quede atrapado por sus páginas.


Particularmente me ha gustado descubrir que hay relatos que cierran, pero al tiempo continúan abiertos, como si de un uroboros se tratara. La narración está diseñada para que se alternen voces en primera persona, algunas adultas, otras más juveniles, logrando la expectación de un lector que no sabe -ni siquiera imagina- qué espectacular ilustración y terrorífica historia le aguardan al pasar la página y comenzar con otro relato.


Me he sentido realmente satisfecha con este libro, y no es para menos. Dejando de lado los textos, comentaré que las ilustraciones de Medusa Dollmaker que acompañan las historias son sencillamente maravillosas. Bellas y melancólicas imágenes oscuras que juegan, entre luces y sombras con tonalidades, que como si fuera por capricho de la ilustradora, van salpicadas de rojo.


Para completar este elenco de aciertos, citaré el que si cabe más llama la atención: la espectacular edición del libro. Esta merece mi aplauso a la editorial, por el buen gusto demostrado, la belleza, calidad y el conjunto resultante. Bravo, Edebé.


Lo malo, lo realmente malo, es que me he quedado con ganas de leer más.


Lo bueno, lo realmente bueno, es que como un loco dijo una vez “lo mejor de un libro no es leerlo, es recordarlo y seguir disfrutándolo al hacerlo”; así que este libro figurará entre los recordados durante mucho, mucho tiempo.


No os lo perdáis, de verdad.


¡Gracias!



Las historias de terror del libro rojo de David

Autor: Jose Mª Plaza

Ilustradora: Medusa Dollmaker

Editorial Edebé

ISBN: 978-84-683-0298-0

359 páginas.

martes, 1 de noviembre de 2011

Concurso de relato de terror Halloween 2011

¡ATENCIÓN! SE HA AÑADIDO UN NUEVO RELATO AL CONCURSO

Ayer se acabó el plazo y como decíamos en las bases, aquí tenéis los relatos que hemos recibido (por orden de llegada) para ser sometidos a votación popular.
Los textos que nos llegaron pasadas las doce, lamentablemente, no entran a concurso.


SISTEMA DE VOTOS:

-Para votar por uno de ellos (o por varios) deberéis dejar un comentario en esta entrada con el nombre/nombres de los relatos seleccionados.
-No se contabilizarán los comentarios anónimos.
-Aquellos que deseen participar en la votación y no dispongan de una cuenta en blogger, pueden hacernos llegar su voto por correo electrónico a la dirección que aparece en el apartado de contacto del blog.


Sin más dilación, aquí los tenéis.

Mucha suerte a todos.





Maullidos de un gato negro. Por K.B.


Los maullidos de aquel diabólico animal descendiente de brujas, amante de aquelarres e íncubo del diablo eran ya incesantes en mi cabeza.

Aquel felino animal de tacto peludo y color a muerte tenia encandilada a mi preciosa y adorable esposa que amaba aquella horrible criatura que me producía un inevitable recelo.


Mi embriaguez por la bebida, sumado a un estado de completa desesperación por ni siquiera tener bienes para anestesiarme de esta vida. Me sumió en un estado de cólera e irritación que me empezaba a propiciar una locura demencial.


Y en uno de aquellos ataques de exasperación se me presento el animal, mirándome con sus impenetrables amarillentos ojos hostiles que amenazaban desafiantes en atacarme con verdadera ferocidad y despertó en mi una cólera enfermiza de un instinto animal fruto de posesión del mismísimo macho cabrio de Satanás.


Agarré aquel animal de su pequeño cuello con mis manos de verdugo, mientas él no dejaba de aullar desesperado y me clavaba las largas y afiladas uñas que había sacado de sus pequeñas y mullidas huellas de gato. Clavándomelas en manos y brazos como alfileres hundidos en mi blanda y frágil carne humana. Sus uñas me perforaban y arañaban sin piedad mientras mostraba sus afilados colmillos fruto de cólera, deseos de desgarrar cualquier pedazo de piel que se pusiera a su alcance. Alcancé el cortaplumas de mi derecha e introduje despiadadamente el artefacto dentro del ojo del animal removiendo con su filo en círculos hasta percibir el crujir de los tejidos oculares que iba seccionando hasta arrancarle de cuajo aquel ojo mortuorio, que visto desde el suelo seguía emanando jugos eméticos.


El gato me observaba aun en mi mano sin dejar de maullar con su ojo fijo en mi rostro, rabiando de ira y temor se escabullo de mis manos, en busca de su salvación.


Harto de aquellos chirriantes sonidos lo seguí hasta el sótano de mi destartalada morada y con hacha en mano y mi objetivo alcanzado, le propiné con todas mis fuerzas y una ira incesante y espesa, el mayor golpe de desgracia que mi vida me debiera.


Pues en ese mismo instante mi mujer encariñada por el maquiavélico animal, se puso ante la inevitable que muerte tuvo que alcanzar.


Y tapiada frente a unos ladrillos de fresco cemento, el gato negro sigue aullando a día de hoy su defunción, con los sollozos de aquella mujer que se interpuso ante su expiración, para salvar aquel peludo y tuerto gato, que aclamará venganza hasta que descubran mi fatídico crimen.


Si no es que locura acaba antes con mi abominable subsistencia…






Sin clemencia. Por B.T.S.

He sido confinado en esta prisión por haberme adueñado de algo que anhelaba con fervor. Ellos no lo saben, pero no es mi mayor castigo el reducido espacio o los constantes ecos de los desvaríos de los otros internos. Eso es una incomodidad pueril. Lo peor es haber descubierto que lo que deseaba solo lo poseí un breve instante y ahora se me vuelve a ofrecer a mis ojos sin ocasión de alcanzarlo. De nuevo tus dientes, Berenice. ¿Por qué vuelves a martirizarme, pequeña prima, con tu mustia sonrisa?. Mire donde mire, estás tu y tus dientes. Con los ojos abiertos o con los ojos cerrados, permaneces delante de mi, sonriendo como aquella tarde en la puerta de la biblioteca. Berenice y los dientes. Brilla su marfil en la penumbra. Los tuve en mis manos y ahora se me vuelven a ofrecer sin oportunidad de atraparlos. Me acerco y te escondes. Tanteo en la esquina oscura, no estás, me giro, estás del otro lado del cuartito, esperando, sonriendo.


Berenice, ¿ Estás enfadada por lo que te hice?, ¿Me lo echas en cara de este modo?, ¿Te burlas de mi?, ¿De mi ansia por tus dientes?. Siempre supiste de mi extraña sensibilidad. Por favor, deja de sonreir, Berenice, la sangre me hierve a borbotones. Los dientes, tus dientes. No, no te escondas, ya veo que es inútil acercarme.


El celador se asoma a la mirilla, maldito, él no es merecedor de contemplarte, él no entiende, nadie entiende lo ocurrido. No estoy loco, solo soy morbosamente sensible hacia los objetos, sus texturas, sus contornos, su superficie y cada una de sus irregularidades, como tus dientes. Desde que los vi aquella tarde en la puerta de la biblioteca, tus dientes ofuscaron mis alterados sentidos. Berenice, tenía que poseer tus dientes. ¿Comprendes porque hice lo que hice, uno a uno, colocados en su lecho de terciopelo, dentro del estuche de dentista? Uno a uno. ¿Por qué no, querida prima?. En brazos del postrer sueño, acababas de ser depositada en la húmeda cripta. ¿Cómo podía yo imaginarme que aún retenías el hálito vital? No sabía que un muerto podía sangrar tanto, creo que te moviste, me arañaste, no recuerdo, solo veía los dientes. Los pequeños dientes. Berenice, no sigas martirizándome, deja de sonreir, por favor, no prolongues más tan crudelísimo castigo.


Tu decreciente vida se encontraba en los dientes brillantes. Deseaba la vida de esos objetos, esos fríos fantasmas que dejaste delante de mi cuando te retiraste. Ellos no me aandonaron. Tenía que poseer esos dientes, esos dientes que continuas mostrándome. Ten piedad, querida Berenice. Hazme silenciosa compañía si es lo que quieres, pero no sigas sonriendo.


Berenice y los dientes, mire donde mire, no cejas en tu empeño. Te aplicas a ello con saña. Porque sabes que solo quiero tus dientes. Pues no huyas cada vez que trato de tocarte. El suplicio de Tántalo. Los blancos dientes, siempre ante mi pero fuera de mi alcance. Por favor, querida, ten piedad, Berenice.


Terrible emanación del averno, difusa compañera inevitable. Berenice sonríe, mostrándome impasible la causa de mi desgracia. Es insoportable. Los dientes, los pálidos y horribles dientes eclipsando su rostro consumido. Ese rostro devorado por la tisis que yo cubrí con el rubí de la sangre mediante el uso de unas tenazas de odontólogo. Me llevé sus dientes pero los dientes continuan aquí, en la celda, delante de mí. Berenice y sus dientes. Tengo que terminar de una vez con esta insufrible condena. Solo hay un modo, creo, de librarme de ti, Berenice, de la constante presencia de tus dientes. Emplearé todas mis fuerzas en estrellar mi cráneo contra la pared.






El caso de la señora Valdemar. Por J.M.M.P.

Mi mujer arrastraba una larga melancolía desde la visita al médico quien confirmó las peores sospechas: semanas, uno o dos meses como mucho. Ya había pasado dicho plazo y la sensación que veía en su ánimo temí fuese el verdadero empujón que esperaba la Muerte para separarnos. ¿Qué más podía hacer? ¿Acaso no habíamos recorrido a todos los médicos con idéntica sentencia?


Una luz se encendió como el luminoso del teatro por el que la casualidad nos hizo pasar cierta noche. Quería entrar, dijo, y aunque su rostro reflejaba cansancio nos unimos a los escasos interesados que presenciaban el espectáculo. Me alegré al ver a mi mujer ensimismada ante los sencillos trucos del joven ilusionista. El temor vino cuando aquél, pidiendo un voluntario, se acercó a mi mujer. A pesar de mis protestas el joven simuló que la hipnotizaba y la traía al poco a la conciencia.


Un inexplicable júbilo inundó el ánimo de mi mujer desde esa noche. Un nuevo vigor hasta el punto de llegar a asustarme por temor a una reacción de la traicionera enfermedad que le daba antes de quitárselo todo. Un año que disfrutamos como una luna de miel a falta de una mejor definición. Fue mi mujer la que me recordó el aniversario de aquella función al llegar a casa y verla postrada en la cama. Me asusté como si el anuncio de los médicos hubiera sido una lejana pesadilla.


«Busca al prestidigitador, que me devuelva la vida» me rogó. Y aun no entendiendo, recordé y a fuerza de insistir hallé su pista.


A la mañana siguiente mi esposa había sufrido una transformación horrenda, algo que no había visto anteriormente. Su piel se apergaminó y todo su cuerpo sufrió un envejecimiento repentino como si una mano invisible corriese el tiempo en años por minutos. Cuando el joven la observó, hizo un amago antes de sentenciar: «Ya es tarde». Me explicó que la vida se había detenido en su cuerpo gracias a la hipnosis y a la fe de mi esposa pero que el tiempo había expirado, nada podía hacer ya. Le hubiera implorado o agarrado por la camisa hasta hacerle confesar su brujería pero entonces mi mujer se revolvió en su lecho gritando, pidiendo quedarse en este mundo como si unos terribles seres la esperasen impacientes en el más allá. Mi último recuerdo es el de un aullido inhumano y la contemplación de su cuerpo mancillado con la descomposición de la carne entre insectos y gusanos abominables.






El retrato cuadrado. Por L.L.Z.

La fiebre subía sin remedio. Mi criado no dejaba de echar más leña al fuego de la chimenea que no llegaba a alumbrar la totalidad de la habitación.


Y tras años de oscuridad, después de la huida del anterior huesped, allí estaba el siguiente tendido en la cama, temblando su cuerpo y castañeteando los dientes entre terciopelo negro.


Encontré un libro sobre la almohada. En él había fotografías. Reproducían los cuadros que cubrían las paredes del dormitorio, también informaban al lector de quienes eran los retratados, quién el autor y cómo habían llegado las pinturas hasta esas paredes.


El criado iba y venía encendiendo velas de cuantos candelabros topaba por el castillo. Dejó uno sobre la cómoda deslumbrándome, llenaba de luz mi rincón oscuro, de calor y olor a cera. Luz de nuevo, luz abrasadora.


¿Se ha movido la muchacha del retrato cuadrado o es la fiebre la responsable de tal espejismo? ¡No! ¡De nuevo se ha movido! ¡No puede ser! Alcánzame otra vez el libro, Alan.


¡Al fin se percató! Estoy viva. Estoy aquí encerrada. Mi marido se llevó mis suspiros a sus lienzos. Me mató robándome el rubor de las mejillas y el brillo de mis ojos. Pero sigo viva en el retrato. Acércate, por favor. Demuéstrame que no todos los hombres sois tan desconsiderados.


¿El retrato mató a la dama? ¿La atrapó el marido con sus pinceles? Volveré a mirarla más atentamente, también con más pudor, durante sólo un instante.


Acércate... Mira cómo sonrío. Soy dulce y servicial. Y aunque odiaba la pintura porque me alejaba de mi marido, mírame ahora, convertida en arte. Sácame de éste rincón húmedo, te lo ruego, e imagina... Si odiando el arte como lo odiaba posé para él, qué otras cosas podré hacer por ti...


¡Está viva ahí atrapada! No te preocupes, yo te descolgaré. Te devolveré a la luz liberándote de tu cárcel de pintura, desdichada mujer. ¿Te dolerá si te hago arder en la chimenea, o sentirás placer al saberte de nuevo libre? Lo sabremos en seguida. Cuando mis piernas temblorosas consigan llevarme hasta tu pared.


Libérame, sí, pero antes he de pedirte un favor. Fue mi esposo un ser egoísta que jamás me prestó atención. Sólo me amó cuando fui retrato, nunca quiso estando viva. Por eso desearía que tu me besaras antes de dejarme arder... ¿Harías eso por mí?


Mil veces y una, bello retrato cuadrado. Besaré tus labios y serás libre.



Su cuerpo cayó inerte al suelo.


Alan corrió junto a su amo sintiéndolo frío, sin opción a reanimarlo.


Lágrimas amargas lloró el caballero quedando atrapado al instante por el lienzo, sintiendo cómo el cuadro se consumía lentamente al pie de la chimenea. Mientras tanto, en el cementerio, de la tumba que coronaba un ángel piadoso y sonriente, se alzó una mano pálida, que enmudeció hasta al crepitar del fuego.






Pluto. M.Ll.B.

De siempre he sido una mujer tranquila, alegre, sencilla. Enamorada de Max, mi marido. Nos conocimos rescatando a un pequeñísimo gatito que habían abandonado en un contenedor. Negro y escuálido por aquel entonces, creció con nuestro amor hasta convertirse en una cariñosa y elegante criatura: Pluto. Max se sintió feliz cuando a los pocos meses de casados quedé embarazada. Yo también quería a mi bebe, pese a que durante todo el embarazo sentí que mi cuerpo lo rechazaba como si fuera un pequeño alien alojado en mi interior. Vomité desde el primer al último día. Me mareaba constantemente y aunque debía descansar sufrí de insomnio. Max empezó un nuevo trabajo que lo mantenía durante días fuera de casa. Lo aceptó, me dijo, por el bebe. Por nosotros. Para poder criarlo en una casa nuestra y no en el pequeño piso de alquiler en el que vivíamos, silencioso testigo de nuestra dicha pero sin jardín. ¿Verdad Pluto? Decía acariciando el pelaje oscuro. Pluto me consoló en esos meses de soledad y malestar. Se tumbaba a mi lado y me ofrecía su calor. Me seguía hasta el baño y después de observarme vomitar hasta quedar vacía, con esos verdes y brillantes ojos en los que casi podía leer la compasión se acurrucaba a mis pies cuando descansaba sentada en el suelo frío. Por fin nació mi bebe. Max partía a menudo en largos viajes de negocios y ya había dado la entrada para la nueva casa en un pueblecito pequeño y encantador en medio de un valle, dejándonos a los tres solos. El bebe, quizá fruto del mal embarazo, no hacía más que llorar y llorar, día y noche. Yo me convertí en un ser brusco y desesperado que solo deseaba un poco de silencio para poder dormir. Pluto empezó a pasar cada vez más tiempo junto a la cuna. Una mañana en la que había conseguido adormecerme a pesar de los gritos del bebe, Pluto saltó sobre mi pecho. Maullando y clavándome las uñas, sentí verdaderos deseos de matarlo. A partir de ese momento no pude resistirme a darle una patada o un empujón cada vez que se acercaba a mí o lo veía cerca de la cuna, con esos ojos verdes vigilantes.


Aquella madrugada Max llevaba tres días ausente, en los que yo habría conseguido arañar un par de horas de sueño entre los llantos incesantes de mi bebe. Tenía los ojos arenosos, pegados, el dolor de cabeza más intenso que jamás hubiera sentido. Cuando alargué el brazo hacia la cuna, juro por Dios, que solo deseaba un instante de silencio. Mi mano encontró la carita del bebe cubierta con su mantita. La puse sobre su boca y apreté, apreté hasta que dejó de llorar y un bendito silencio cubrió la casa. Lo último que vi antes de quedarme dormida fueron los ojos de Pluto, intensos, clavados en mí.


Cuando la investigación terminó declarando muerte súbita, Max, muy afectado decidió que nos mudáramos a la casa nueva. Un nuevo comienzo. En ese tiempo yo no dejé de sentir los ojos acusadores de Pluto fijos en mí. Ya nunca se acercaba. El día anterior a la mudanza no pude soportar la idea de llevar esa mirada conmigo. Le serví leche caliente en la cocina, su debilidad. Lo tomé del cuello girándolo rápidamente con la misma mano que había matado a mi bebe y lo arrojé por la ventana. Sentí una fría satisfacción. Me había liberado de él. Un susurro horrorizado llegó a mis oídos: Max. Se precipitó a la ventana. ¿Qué has hecho? Decía. Mi mano buscó a tientas el enorme cuchillo de cocina que aún no había embalado…






Las sombras. Por I.L.


Sábado 22 de diciembre del año 2012.

El despertador suena hace media hora y no me muevo para detenerlo. Da un toque de realidad a este fatídico día, marcado como el del fin del mundo.


Hace tiempo que en el exterior nada funciona. Por aquella época, cuando se conoció la premonición escrita en la “Piedra Maya”, nadie hizo caso, hasta que un día el sol se apago durante media hora. Aquella “noche irreal” el mundo se trastorno. El primer caos.


Aquel día fue cuando aparecieron las sombras.


Mucha gente se trastorno. Pero, la gran mayoría nos acostumbramos a vivir en su compañía. Las sombras siempre están a nuestro lado desde entonces. Así empezamos a creer en la profecía. Todos hicimos lo que más deseábamos y nunca antes nos atrevimos a realizar. El segundo caos.


La gente intentó comunicarse con las sombras. Ellas, semitransparentes, humo negro y en silencio. Solo el frio sentido al atravesarlas con las manos hacía prever quizá lo que nuestro futuro nos deparaba. El despertador berrea y me siento observado por la sombra.


Desde aquel día nunca más he sentido calor en el cuerpo.


Si supiese la hora exacta, aún me animaría para ir a la gran plaza con las personas que allí están reunidas. ¡Que estúpidas!. Aún con fe. Piensan que algún dios les salvará. Tan sólo iría llegado el momento por ver las caras de terror al no cumplirse sus peticiones. Lo cierto es que todo me da igual ya. Deseo que termine todo de una vez. Aquí estaré, pase lo que pase; acompañado eso sí, de esta sombra que ya es como de mi familia ¿verdad sombra?.


¿Para que le hablo? Nunca recibo a cambio nada. Ni un movimiento, ni un gesto, ningún sonido.


¡Ya son las 11:55 y estoy cansado. ¡Para qué levantarme!


…¿Qué esta pasando? ¡El día se oscurece otra vez!. Miro hacia la sombra, ella sigue impasible. Me levanto para mirar por la ventana, todo el mundo que pulula por la calle se queda mirando hacia el sol, que ya está apagado.


Todo queda en silencio. La gente sigue expectante.


De improvisto y sin dar tiempo a reaccionar, las sombras empiezan a desvanecerse a desaparecer como vinieron. Miro hacía atrás y la mía ha desaparecido.


Poco a poco el sol empieza a iluminar otra vez. Los primeros rayos son tenues, como los de cualquier mañana primaveral, hace tanto que no sentíamos esta templanza.


Algunas personas se abrazan alegres, otros lloran, pero, otros seguimos mirando desconfiados.


A los pocos minutos la temperatura es inaguantable. Tras un estruendo ensordecedor, el sol se fragmenta en miles de pedazos y estos en otros. Son unos segundos de calor ardiente en el que sentimos nuestros cuerpos arder y tornarse todo negro.


…me encuentro en un mundo totalmente desconocido. Estoy de pie.


Alguien, al que sin saber porque, sigo a todos los lados me habla, pero yo no le entiendo.


Me siento ligero, muy ligero y volátil. ¿Dónde estoy? ¿Quién soy?






Nada más. Por M.


Apenas la hube matado, llamaron a la puerta. Unos breves golpes, como los nudillos de un bebé chocando contra la recia madera, tan leves, que al cabo de un minuto, mis manos aún enlazadas en torno al cuello de mi dulce Leonor, ya dudaba de haberlos escuchado. Dejé lentamente reposar su cabeza, le separé un mechón del rostro (más bello no era posible) y, mientras secaba mis ojos con el dorso de la mano, escuché de nuevo un repiqueteo veloz sobre la puerta rompiendo el silencio.


Quieto, aún arrodillado sobre Leonor, acudieron a mi mente aquellas palabras suyas: No hay nadie, me decía, sonriendo, son tus celos, nada más. Y ahora, esos golpes susurrados y apremiantes no hacen sino darme la razón. Quién vendría a estas horas (y llamaría de tal forma) sino un amante dispuesto a profanar tus aún cálidas (ya sólo mías) carnes. Esos golpes que ahora se repiten, cada vez más audaces, te desmienten, y vienen a quebrar el último instante de paz que quería (que merecía) pasar junto a ti, Leonor. Yo no demandaba más que un poco de tiempo antes de irme, pero ese amante inconfeso, tras la puerta, no ceja en su empeño de penetrar en la casa, en este salón, en tu cuerpo.


Me yergo al fin, resoluto, cruzo la habitación y abro la puerta al tiempo que se extingue el último golpe. Me enfrento a la oscuridad del rellano, escucho el rumor del amante escabulléndose en las sombras y allí, desde el umbral, le grito que es mía, ya sólo mía. Me responde el silencio. Mía, sólo mía, repito alzando la voz. Sólo silencio, cobarde silencio. Y yo sigo reclamando a mi amada hasta que se enciende la luz. A mi derecha, unos vecinos (en bata y pijama, alguno descalzo) me miran. A mi izquierda, en el suelo, un pájaro negro, un cuervo tal vez, extiende las alas y se eleva hasta el ventanuco abierto del descansillo. Desde allí me mira, alza su pico y emite un gruñido indescifrable antes de desaparecer. Un cuervo. Un cuervo, musito cayendo de rodillas. Un cuervo... nada más.