martes, 27 de diciembre de 2011

El viejo y el mar. Ernest Hemingway

Vaya novelón, gentes.

Grande como pocas de las que he leído últimamente y escrita en muy breve espacio. No exagero, me ha llevado a penas dos horas leerla.

Ganadora en su momento de un premio Pulitzer, El viejo y el mar cuenta la historia de Santiago, que en el invierno de su vida continúa dedicándose a la profesión que le da sentido a su existencia: la pesca. Tras una época de mala racha se embarca, como cada mañana, en su bote con idea de pescar algo que le haga sobrevivir un día más. Su cuerpo gastado tiene que hacer ahora todo el trabajo ya que el chico que solía acompañarlo, es reubicado por sus padres en otro bote pesquero mucho más prometedor que el del anciano.

El quid de la cuestión comienza cuando el pescador se percata de que ha picado un pez grande en su caña, quizá el más grande de su vida, y mantiene durante tres días una lucha encarnizada con el animal, al que acabará por reconocer como a su propio hermano.

El diálogo interno de la novela es asombrosamente sencillo y al tiempo conmovedor. Éste, sumado al diálogo que sí fluye de labios del personaje (habla solo desde que el chico se marchó) cuando está en la mar, pone los pelos de punta.

Magnífico, en una palabra. Lógico que ganara semejante premio, pienso al repasarla mentalmente.

Hemingway describe a la perfección el ocaso del pescador y la pieza, hermanándolos hasta el punto en que llega un final a dentelladas, y lo puedes apreciar en ambos cuerpos.

Brutísima novela lineal de ciento diez páginas, que hubieran sido más si el amigo ese tan famoso del autor no le hubiera dicho que las primeras ciento cincuenta sobraban.

Me pregunto qué fue de ellas ¿arderían en alguna chimenea o servirían de barca a alguna sardina? Muy muy bueno. Bravo por la elección para el club de lectura, Ginés.

¡Abrazos mil, gentecilla!

2 comentarios:

Ginés Vera dijo...

No siempre se acierta a la hora de proponer un libro en un club de lectura. Me alegré (y ahora doblemente) cuando el dia de debete también aunó críticas favorables. La obra habla por si misma y es más, voy a atreverme tal vez por ser hoy el día que es, a romper una lanza a favor de las novelas cortas. No es que piense que las que pasen de 500 páginas no sean estupendas, pero sí que en 200 (o menos, léase La Metamorfosis) pueden plasmarse verdaderas obras de arte.
Un saludo agradecido.

Pandora_cc dijo...

Pues a mí me encantó la propuesta. Gran acierto el tuyo. Y bueno, respecto a las novelas largas o cortas no sé qué decirte. Yo estaba acostumbrada a leer libros gordos, cuanto más mejor, y sigo echando en falta la continuidad de las historias, porque las cortas irremediablemente se me siguen haciendo cortas, por muy condensada que sea la historia y mucha maña le ponga el escritor jejejej.
Gracias por el comentario!