miércoles, 28 de diciembre de 2011

Metafísica de los tubos. Amélie Nothomb


Metafísica de los tubos. Sí, ya lo sé, el libro no es uno de los que compraría por el nombre y tampoco por la portada (que en mi edición de Anagrama es bastante desacertada, por cierto), y sin embargo cuánto me han hablado de él e insistido en que es la mejor novela de Amélie Nothomb.

Bueno, pues la he leído en horas, y me sumo a los que aplauden a la autora por ella.

La novela trata de una niña que es consciente desde su nacimiento. Consciente y racional. Formula sus pensamientos inteligentes donde trata de entender el mundo que observa y descubre de modo poco común.

La protagonista de origen belga pero con nacionalidad japonesa (qué curiosamente parecida a la autora, por cierto), pasa sus dos primeros años de vida en un estado muy similar al coma, del que despierta súbitamente. Tendrá que ingeniárselas para no descubrir ante unos padres sorprendidos, su innegable capacidad para el lenguaje e incluso la lectura, por no hablar de otras habilidades que a lo largo de su segundo año de vida, hasta cumplir el tercero, harán que se sienta una diosa tal como se cree en la cultura japonesa de los niños de esa edad.

Amélie Nothomb tiene una forma de escribir única. Observando su trabajo uno se da cuenta de que en sus novelas, no sobra ni falta una sola frase. Todas ellas son importantes u están cargadas de planteamientos que en este caso son altamente filosóficos.

Hay partes donde me ha dado la risa al leer cómo percibe el mundo abstracto un ente inteligente de dos años, al que le fascinan y aterran cosas comunes, e incluso animales tan paradójicos como las carpas. Sí, tiene partes muy cómicas y otras muy duras, donde se hace patente el choque cultural entre una cultura como la nuestra y otra tan distinta como la japonesa.

Recomendación valiosa e interesante para todos los públicos. Dudo que a alguien no le guste este libro.

Me pregunto cuánto tiene de autobiográfico, de hecho, me lo he empezado a plantear en las primeras páginas.

El tema de los tubos no os lo cuento, aunque sí os digo que es cuanto menos curioso. Ya lo descubriréis.

Como siempre, invito a quien lo haya leído a que deje su impresión para, en labor de intercambio, ganemos conocimientos y comparemos los detalles que más nos hayan llamado la atención de la obra de esta japonesa que siempre (o casi siempre), posa con su particular sombrero.

Acabadas las lecturas por placer emprendo las de trabajo.

Gran saludo tropa!

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