domingo, 19 de febrero de 2012

Cuento número 34. El acecho.




El acecho como práctica diaria considerada bien de interés de la humanidad, ha sido aceptada y empleada por los más ilustres personajes, y los menos, a lo largo de la historia.

Todo el mundo acecha con mejores o peores intenciones. Pero el exponente y al tiempo la esencia misma del acecho, la encontramos en los lugares más cercanos, como por ejemplo los balcones.

El sujeto A, separado por la distancia que oscila entre el patio interior de edificación antigua y el de edificación nueva, acecha incansable al sujeto B. Ambas cocinas parecen iguales a simple vista, sin embargo, los sujetos saben que pese a las similitudes aparentes, hay un océano de misteriosas diferencias guardadas celosamente tras las cortinas.

Es este afán de descubrimiento tan característico del acecho, el motivo empleado por el sujeto A para justificar su acercamiento sigiloso a la ventana, donde lanzará miradas aviesas a la morada del sujeto B. Éste, consciente de los movimientos de su oponente, buscará presuroso su cafetera de última generación, gozando de la oportunidad perfecta para mostrarla al fin al sujeto A, cuya constante exposición de nuevo menaje ha llegado a resultarle obsesiva.

El sujeto A, receptivo, contempla el aparato y contraataca descorriendo la cortina, para dejar ver al fondo de la estancia su orgullo hecho congelador combi.

El sujeto B responde con rapidez mostrando la majestuosa lavadora de siete kilos que reina entre la encimera y la placa de inducción. A, abre la puerta de la cocina para dejar que su adversario se percate del enorme sofá en forma de ele, que se ha hecho dueño de la sala. Ríe pensándose vencedor de la justa; es imposible no apreciar su carísima adquisición.

B hace lo propio mostrando su nuevo televisor LED de cincuenta y dos pulgadas, observando complacido cómo A, impotente, se muerde los nudillos.

Desaparece entonces para regresar con un elemento que le cuelga al hombro, lejos del menaje acostumbrado. Se trata de un bolso que B reconoce al instante, ya que tiene dos enormes y níveas ces cruzadas y relucientes sobre cuero negro.

Ipso facto, el atacado decide cargar con la artillería pesada. Los Manolos que le ha regalado el sujeto J, se asoman a la ventana del cuarto piso para ser lustrados con esmero vía gamuza. Su diseño y sofisticación ocuparán las más temibles pesadillas del sujeto A.


–Buenos días.
–Espera, que te sujeto la puerta –dice mientras la vecina entra al portal.

Las mujeres se lanzan miradas cargadas de bilis mientras se someten a un temible escáner para estudiar el conjunto y detalle de la otra.

–Qué zapatos tan bonitos –aprecia B– ¿Son unos Manolos?
–Sí, me los ha regalado Javi… ¿te gustan? Son muy sencillitos.
–Huy qué va, son ideales y te quedan estupendamente. Los Manolos es lo que tienen, que le sientan bien a todo el mundo…
–Anda, tú también tienes unos –se percata A con una gélida sonrisa.
–Ah sí, se me olvidó que los llevaba puestos, es que tengo varios ¿sabes? –miente B.

Cuando arriben al hogar, Cosmopolitan en mano, repetirán el mismo ritual. Rozando la histeria, cada uno tratará de localizar sus Manolos y los del oponente. Los vecinos escucharán entonces exclamaciones de júbilo por un lado, mientras del otro sólo podrán hacerse eco del silencio más desgarrador.

Alguien ha ganado la batalla; pero la guerra continúa…
Dicen que los conflictos más violentos son los protagonizados por hombres, pero yo no estoy tan segura.



Miriam Alonso




3 comentarios:

Muñeca de Trapo dijo...

Ciertamente A y B estan en un callejon de envidias sin salida pero nunca se sabe, tal vez acaben mejor de lo que la gente piensa. Solo uno de los dos experimentales tiene que dar el brazo a torcer.

Manolo B log dijo...

Es el juego de la vida, de la supervivencia: mantener la posición de privilegio... aunque sea pisando cabezas... con una Manolos.

Pandora_cc dijo...

Muñeca: Me da que estos dos sujetos están movidos por el ego. El brazo a torcer no va mucho con su "modus operandi" xD.

Manolo: Cuánto tiempo sin leerte por aquí! :) Es un juego cruel como dices, que implica pisar cabezas, como también dices, pero con glamour... Ante todo Glamour... Jajajaj. Un saludo!!