sábado, 17 de marzo de 2012

Entrevista a Maria Isabel Rodrigues Segunda parte

Bueno personas, aquí seguimos con la segunda parte de esta entrevista tan sumamente especial.

Espero que la disfrutéis tanto como yo.

Besos.




M: ¿Cómo coño conociste al que sería tu primer marido, madre?

I: Pues era también del pueblo, también vecino de siempre. Cuando le veía pasar por la calle me escondía porque no me gustaba.


M: Entramos en la edad adulta, vamos de nuevo al pan. ¿Sigues lista? Jejejej

I: Dale.


M: ¿Cómo fue la boda con el gañán aquel?

I: Fue una mierda. Nos casamos en la iglesia. Cuando terminamos, mientras mi madre y mi tía preparaban la comida, él, mi tío y yo fuimos a plantar lechugas. ¿Cómo lo viste? Mi luna de miel la pasé sulfatando una viña.


M: Poco después la situación se vuelve incómoda porque te quedas “sin marido” al ser este llamado a filas. ¿Cómo te lo montas entonces?

I: Sí, se volvió bastante desesperante. A mis diecisiete años a él le llamaron a filas y quedé en una situación muy peliaguda, con responsabilidades a las que no sabía cómo hacer frente. Para colmo de males a él le mandaron a África, y como puedes imaginar no nos vimos durante bastante tiempo, como quince meses.


M: Vale... ¿Cuándo deja de ser un marido y se convierte en un hijo de puta?

I: Realmente nunca se portó como un marido, siempre fue bastante gilipollas, solo que cuando volvió de África se volvió malo y asqueroso. Era un infierno vivir con él. Yo sólo estaba tranquila cuando él salía de casa o se iba al trabajo.


M: Por esa época creo que te quedaste embarazada por primera vez, ¿verdad?

I: Sí, me quedé embarazada pero aborté. Me caí rodando por unas escaleras. A mí no me pasó nada, pero al bebe sí.


M: Vale, pero poco después te quedas por segunda vez, y ese sí que llega a buen puerto. Infórmale al mundo de quién hace su entrada triunfal a escena jejej.

I: Llegó Horten.


M: Y tiempo antes decidísteis ir a vivir a España, de modo que Horten nació española, bien, pero ¿por qué en Santa Marina?

I: Horten llegó cuando ya estábamos en España. Fuimos a Santa Marina porque a él le salió allí trabajo en una mina de carbón. Vivimos en ese pueblo durante tres años.


M: ¿Cómo se vivía allí entonces?

I: Bien, normal. Él trabajaba en la mina y yo en las labores de casa. No había trabajo allí para las mujeres, era un pueblo muy pequeño.


M: ¿Dónde iba a parar el dinero que conseguíais en España?

I: Iba a parar a la casa que estábamos construyendo en mi pueblo.


M: ¿Y cuándo nace Elsa?

I: Elsa nace pasados trece meses después de Horten.


M: Cuéntanos ya la muerte merecida del hijo de puta ese... Que lo estamos deseando!!! SANGREEEEE!!!!!

I: Él se murió un año después de nacer Elsa. Tenía entonces veintisiete años. Estábamos sentados con los vecinos debajo de una higuera. Yo miré hacia arriba y vi que tenía higos muy buenos. Dije “qué higos tan ricos, si los pillase abajo me comería uno”, a lo que él contestó “parece como que estuvieses preñada”. Una vecina entonces dijo “pues yo no estoy preñada y también me los comía”. Entonces él cogió una cesta que le dio la mujer y se subió al árbol a por los higos. Entre las ramas pasaban cables de alta tensión. No sabemos si los tocó o qué pasó, pero la cosa es que cayó rodando por las ramas y se golpeó la cabeza en unas piedras: fractura de cráneo. Se murió.


M: Ahí está bien... Ale, entramos en una nueva fase. Háblanos de la viudedad.

I: Sí, ahí está bien, aunque parezca cruel lo que voy a decir, cuando murió, al principio me sentía bastante mal, pero luego poco a poco mejor, cada vez más tranquila porque se habían acabado las broncas, los malos tratos y alguna vez las manos. Y aunque las niñas eran pequeñas, cuando escuchaban abrir las puertas de casa, no venían ya a un rincón para esconderse... Alguna vez le planté cara a aquel cobarde de mierda, porque se portó como un cobarde. Lo mejor que me quedó de él fueron mis hijitas, que fueron y serán mi vida, y las quiero mucho. Así que con mis niás pequeñas y una situación bien difícil, cada día que pasaba nos sentíamos bien y tranquilas en lugar de mal. Estábamos en casa, comíamos lo que teníamos, nos acostábamos y sabíamos que no iba a haber más golpes, portazos ni malas maneras.


M: Tuviste momentos muy malos económicamente hablando, pero sin duda lo peor fue tu situación de viuda a tan temprana edad, que se aderezaba con las dos niñas.

I: Sí, fueron tiempos difíciles, muy malos de verdad, económicamente hablando y prácticamente de todo, porque parecía que todo fuera hacia atrás. Con mis veintitres años, viuda, con dos niñas pequeñas, de alquiler, sin dinero, sin comida y sin el apoyo de nadie. Fue muy complicada mi vida.


M: ¿Quién te dio la idea de mudarte a Torre?

I: Nada de ideas, fue necesidad. Donde vivía en Santa Marina estaba de alquiler, entonces, nada más morir mi marido, a esa gente no le importó mi situación y me dijeron que tenía que dejar la casa alegando que la necesitaban. Yo me puse a buscar otro sitiio como una loca, pero no lo encontraba. Me amenazaron entonces diciendo que si no me iba, cuando fuera a comprar iban a quemar los muebles y todo lo que estuviera en la casa. Todo esto por mil pesetas que me cobraban de alquiler y que nunca dejé de pagar mientras viví allí. Buena gente ¿no?


M: ¿Cómo conociste al que fue tu siguiente esposo?

I: Pasados dos o tres meses conseguí encontrar otra casa en Torre del Bierzo. Me puse en contacto con el dueño, este me dijo que sí y rápidamente hice el cambio de los muebles y me instalé en la casa, que no era tan grande como la otra, pero al menos tenía cuarto de baño y despensa para guardar las cosas. Este señor se convirtió más tarde en mi segundo marido.


M: Curioso... Cuéntanos algo del cortejo que te hizo.

I: Pues resulta de después de hablar conmigo el buen hombre se marchó a su casa y le comentó a su familia que iba a dar en alquiler una de sus propiedades, y que además iba a conquistar a una chica joven y portuguesa. Naturalmente yo no sabía nada del tema. Cuando volvimos a vernos para el alquiler, la luz y el agua de la casa, ya me sentía bastante observada, la verdad, pero no le di mucha importancia. Pero entonces me preguntó “bueno, y ¿por qué quieres alquilar aquí una casa?”. Me comentó que él vivía en Valencia, que era un sitio bueno para vivir, y que por lo que le iba a pagar a él de alquiler podía encontrar casa allí, un trabajo y vivir bien. Me dijo que lo pensara y le dijera algo. También dijo que si me decidía a ir, él me acogería en su piso mientras buscaba el mío y encontraba trabajo. Me iba a ayudar a buscar. No me lo pensé mucho. Llevé a las niñas con mi madre y me vine a Valencia. Efectivamente me acogió en su casa, y desde que llegué salimos todos los días a buscar, comprábamos el periódico, íbamos a empresas, en fin, buscábamos mucho. Pero par él no había ningún trabajo bueno para mí, y eso la verdad es que me mosqueaba bastante, porque cuando íbamos a los sitios a hablar con los responsables, él casi ni me dejaba hablar y decía “no, eso no es lo que estamos buscando”. Claro, yo me sorprendía cada vez más. Pero es que con las casas le pasaba igual, ninguna le gustaba, unas porque eran caras, otras porque estaban en malas zonas... Y así día a día. Entonces me cansé. Le dije que si no encontraba trabajo me volvía a mi casa, que yo no podía estar sin las niñas y para no trabajar aquí, no trabajaba allí. Entonces él quedó un poco pensativo y me dijo “mira Mari, ¿aún no te has dado cuenta de que quiero estar contigo, que me gustas, que llevamos un tiempo conociéndonos y que si me aceptas podemos formar una familia? Si tú quieres vamos a por las niñas y lo intentamos ¿qué te parece?”. Y así fue el cortejo.


M: ¿Cómo llegó el primer beso?

I: Pues después de eso imagina... Acepté con mi recelo, eso sí. Pero pronto llegaron el primer beso, el abrazo y demás.


M: ¿Alguna anécdota confesable?

I: No, eso se queda para la intimidad.


M: ¿Cómo progresa una relación donde la pareja tiene, además de una importante diferencia de edad, unas cuantas trabas más de una familia (más bien tirando a cabrona) que intenta inmiscuirse?

I: Nosotros lo llevábamos bien. Yo no miraba la edad de él, y él, claro, estaba encantado conmigo. Además presumía de novia con los amigos (llevaba una foto mía en la cartera y la enseñaba todo orgulloso), que entonces estaba yo bien guapa, la verdad.

Su familia no estaba a favor de nuestra relación. De hecho, aprovechaban cualquier momento para soltar comentarios malsonantes. Cualquier cosa para molestar, pero entonces él decía “chica, no les hagas caso, pon distancia de por medio y verás qué bien nos va”. Y así lo hicimos, y funcionó. Pero él alguna vez cedía a las presiones que le hacían, claro que luego llegaba a casa, me miraba y me decía “¿sabes qué? Que se fastidien”. Nunca me contaba nada de eso. Un día le dijo a uno de los hermanos que su mujer podía ser buena, pero no era mejor que la suya, y claro, eso complicaba todavía más la situación y los torcía contra mí.


M: ¿Cambió en algo la relación estando en Valencia?

I: No, todo lo contrario. Estábamos más cómodos cuando estábamos lejos de todos.


M: ¿Cuándo te quedas embarazada de tu tercera hija?

I: Fue pasados unos tres años, en un viaje que hicimos los dos.


M: ¿Y cómo llevaste ese embarazo?

I: Normal, con los típicos mareos, pero bastante bien.


M: ¿Cambian en algo los planes en tu vida por el hecho de estar embarazada?

I: Los míos realmente no. Me daba miedo por él, porque aunque había convivido con las niñas no era igual. La que venía iba a ser su hija. Cuando me hice el análisis para confirmar el embarazo recuerdo que volví a casa llorando porque no sabía cuál iba a ser su reacción. Entonces le dije que estaba embarazada, y él se me abrazó, me besó y me dijo “¿lloras por eso, mujer? No llores. Yo estoy contento porque así mira, no se mierde mi apellido, tonta”. Aquello me tranquilizó mucho.


M: ¿Qué recuerdas con más claridad del embarazo?

I: Que no podía comer casi de nada. Todo me daba asco menos el jamón de york.


M: Vale, creo que ya podemos decir quién es esa tercera niña que venía de camino.

I: Sí, esa niña era Miriam, tú.


M: Ahora los trapos sucios (no los de tu maravillosa y pequeña hija, claro xD). Hablamos de los trapos sucios del padre. Dinos unas cuantas manías o alguna cosa que no te gustara que hiciera.

I: Que era muy tacaño y siempre compraba trastos viejos, ya fueran muebles, trapos, herramientas, bueno, lo que le parecía. Hasta la cuna de su hija quería comprarla en un anticuario, pero no le dejé y no tuvo más remedio que comprártela nueva.


M: ¿Y las cosas que sí? ¿En qué era bueno?

I: Era muy bueno y nada exigente ni exquisito. Tenía sus manías pero sabía que me quería y yo le quería a él.


M: ¿Cuándo decidís casaros?

I: Decidimos casarnos seis años después de nacer tú, porque él estaba delicado. Trabajó en las minas de carbón y el pobre estaba quemado por dentro. Si empeoraba quería que estuviéramos casados, por precaución nada más, para que no nos quedáramos desprotegidas si a él le pasaba algo.


M: Tras la boda la vida cambia en algo o sigue en la línea de siempre? (Por cierto, la boda monísima eh! Que yo estuve y lo puedo atestiguar! Jejejej)

I: No, no cambió nada. Seguimos como siempre, los cinco bien juntitos.



CONTINUARÁ...




2 comentarios:

Ginés Vera dijo...

Interesante, no me esperaba la cruenta escena de la higuera. Me han entrado ganas de viajar, a león y alrededores.
Enhorabuena.

Pandora_cc dijo...

También la higuera es una de mis partes favoritas de esta entrevista :)
Gracias por venir!!
Bss