domingo, 11 de marzo de 2012

Pandora's Confidential


Hola personajes del mundo y periferia. ¿Cómo andáis? ¿Cómo lleváis la próxima entrada de la primavera, la alteración anímica, las alergias, los petardicos (aquellos que, oh fortuna, vivís en este "ilustre" Valencia's kingdom)?

Dicho esto, vamos al pan.
No sé si lo recordaréis, pero a principios de año decidí abrir esta sección Pandora's confidential, dedicada a comentar asuntos inquietantes de algunas obras y/o autores. Pues bien, hoy os traigo otro cuento. Uno de los clásicos clásicos. Se trata de... Caperucita roja.

Haciendo una búsqueda simple, el más pintado puede encontrar de la orden de catorce versiones distintas de este cuento fantastipótamo que el señor Perrault tuvo a bien escribir allá por el 1697.
(Primer alto en el camino: encuentro una versión escrita por el mismísimo Marqués de Sade (o de sado, pa gustos colores) cosa que me sorprende y me invita a averiguar más datos al respecto, pero eso es otra historia).

La cosa es que una de las primeras versiones, y también la que considero más conocida, es la perpetrada por los ilustres Hermanos Grimm, que viendo que el cuento era tirando a oscurillo, decidieron incorporar la figura del leñador para impartir justicia. Esta al menos es la que más veces he encontrado en libros infantiles. El leñador aparece y la cosa parece que llega a buen fin. Claro, que en la mayoría de veces cuando evocamos la resolución del cuento, no pensamos en qué le hace el leñador al lobo, pero si lo pensáis y también reparáis en que esta historia se contaba para que los niños se fueran felices a dormir, la cosa pinta ligeramente gore.

Mientras Perrault describe al lobo invitando a comer la carne de la abuela a la niña, y carga el relato de erotismo (empezamos a percibir todos por qué el color de la capa de caperucita es rojo), los Grimm aleccionan moralmente de los peligros con idea de alertar a la fauna bajita de la casa.

El siguiente pensamiento que tuve fue para el pobre lobo. Como miembro de protectora de animales, pues la verdad es que siento pena (cosica) por el poco merecido final del animalico (tenía hambre, pues intenta comer, ley de vida... natural... ), y al hacerlo recordé otro cuento, el del Libro de la Selva, donde los animales más peligrosos resultan no parecerlo tanto. La cosa me llevó a hacer otra búsqueda, a través de la cual deduzco que dependiendo de las creencias de la gente, e incluso de la época, el lobo puede ser bueno y cuidar a los niños (como he dicho que ocurre en otro cuento por ahí arriba), o tratarse de una bestia despiadada, como le pasa a Caperucita.

Siguiendo con el animalico maltratado, diremos que el lobo puede no referirse solamente al animal. Noooo... A mí me parece que es una metáfora como mi cabeza de grande. ¿Cuántas madres no nos han advertido a nosotr@s, niñ@s indefensos de camino al bosque, que tengamos ojito con los lobos y las lobas? Pues si eso pasa hoy en día y seguirá pasando por los siglos, imaginad las lecciones que darían en aquellos años las madres a sus huestes. La alta carga erótica que se puede obtener de una interpretación sencilla del clásico es brutísima. De ahí que la inocencia tentadora con la que se refieren a la prota, tenga más significados y definiciones que la R.A.E.

Las chicas de la era Disney nos echamos las manos a la cabeza al enterarnos de estas cosas. Las más sensatas optamos por la versión del leñador hacha en mano pegándole caña al lobo, que quiere cenarse a la criatura. Pero sean conscientes, hermosas mías, de que la otra corriente interpretativa, tiene muchas y sospechosas similitudes con la ilustre obra de Navokov.

Si Freud se quitaba la chaqueta y corría mangas de camisa al viento, rogando que alguien se lo hincara (subconscientemente, por supuesto xD), Perrault le ponía la capa roja a Caperucita y se frotaba las garras con la abuela fuera de juego, dispuesto a disfrutar de los encantos que pudiera inspirarle la carne inocentemente tierna.
Me estremezco, muchachada :(

La psicología de los cuentos es una cosa para echarle de comer a parte. Desde los que tratan visiones de la moralidad, e incluso costumbres de la época en que están ambientados (como el tema del infanticidio de Hansel y Gretel, que se ve que estaba de moda allá en los momentos hambruna de la edad Media) hasta el final heavy de Cenicienta (versión Grimm) donde unas palomas les sacan los ojos a las hermanastras.

Pero... ¿no es bonito cuando nos lo cuentan, nos internamos en el bosque con Caperucita, y no pensamos en todas estas cosas?

Ahí queda eso, chatos.

Muas!!!

3 comentarios:

Ginés Vera dijo...

Qué estupenda reflexión de este cuento infantil, no se me había ocurrido pensar en toda la rebotica tras las bambalinas.
Se nota que eres escritora. El próximo, por favor, Los músicos de Bremen, que estuve en un Cuentacuentos el sábado.
Saludos.

ShiroDani dijo...

¡Que pasada! Y yo sin entrar por aquí desde hace tiempo. Prefiero esto (es mi opinión) antes que las entrevistas. Aquí te veo mas tú. Más imaginativa, investigadora, más soñadora. Éste paseo por las interpretaciones me ha parecido muy entretenido.
Por proponer un cuento, propongo (por continuar con lobos) el de los tres cerditos.
Un abrazo y perdóname por no venir antes… un abrazo Mimi.

Pandora_cc dijo...

Ginés: muchas gracias! Pero he de confesar que muchas de las cosas que he observado y que aparecen en esta entrada ya las habían observado otros antes (lógicamente). Hablaremos de los músicos en un futuro. Dame tiempo ^^. Un besete y gracias!!

Dani: no te preocupes hombre, hay que repartirse las visitas, que si no nos volvemos locos. Me alegro que te haya gustado. Tomo nota de la observación respecto a las entrevistas. Un abrazo rompe costillas. A ver si quedamos, que desde el año pasado ha llovido, jejej.