viernes, 9 de noviembre de 2012

Cuento número 41. El mimo.



Le habían despedido y no sabía cómo confesarlo en casa. A Borja y Adri se lo ocultaría, pero no a Paula. Tras cenar le dijo que no se preocupara: tenía un plan. Se sintió extraño al cambiar el despacho por la calle, la corbata por maquillaje blanco, pero más extraño habría sido decirle a sus hijos que no tenían nada para merendar. Ajustó su bombín y haciéndole un guiño al espejo imaginario, tomó asiento en su silla invisible.

   Como cada viernes, Borja quedó con sus amigos en la Plaza. Se acercaron a un grupo de personas que rodeaban a un payaso haciendo el gilipollas. Borja no tardó en reconocerlo.
   –¿Qué coño te pasa, tío?
   –¡Nada joder! –dijo al escape. Se perdió en la primera calle estrecha.
   El mimo llorón conmovió; cayeron un par de monedas extra en su sobrero.

   Aquella mañana Adri visitaba la fuente de la Plaza con su clase. Al llegar, los niños vieron que un señor tocaba  un violín sin violín. A Adri le costó reconocerlo, pero...
   –¡Mirad, mirad! ¡Es mi papá! ¡Hola papá! ¡Hola!
   Sus compañeros sintieron envidia cuando el señor lo llevó al centro y comenzó a tocar para él su violín invisible.

Miriam Alonso

4 comentarios:

panaderodelavida dijo...

A mí me ha encantado, y llevas razón: el microrrelato se debe leer de frente. Un abrazo!

Pandora_cc dijo...

Me encanta que te encante ^^. Este micro lo escribí hace unos días para un taller al que estoy asistiendo, y la verdad es que estoy contentilla con él.
Ya te estoy siguiendo.
¡Muchas gracias por comentar!
¡Un abrazo!

Ginés Vera dijo...

Coincido con Panaderodelavida. Las distancias cortas te son afines, deseo que nos regales la vista y los sentidos con otras delicatessen como estas más veces.
Saludos.

Pandora_cc dijo...

Al final me pongo colorada, ya veréis... xDDD