jueves, 1 de noviembre de 2012

Votaciones concurso de Relatos Halloween 2012



Bueno chicos, como sabéis el plazo para la presentación de originales acabó ayer. Hemos decidido abrir las votaciones a los lectores para que os involucréis de buenro y participéis de nuestra algarabía jejejeje. 
Os cuento como funciona. Hemos publicado entre este blog y el otro convocante http://ginesverab.blogspot.com.es/ la totalidad de los relatos que cumplían las bases para concursar. Los hemos publicado mitad aquí, mitad allí ¿para qué? Para que leáis y votéis los que más os gusten. Los dos relatos que más votaciones tengan se llevarán un total de 2 puntos (el que más) y 1 punto (el siguiente) que se añadirán a los que les demos nosotros, el jurado. ¡Tenéis hasta el sábado 3 de noviembre a las 23:59!
Dejad un comentario con el nombre de vuestro relato elegido.
Bueno, y dicho esto aquí están los relatos. Ya, ya me callo jajaja. 



DULCES SUEÑOS

LA FAMILIA Puig era una de las numerosas familias que vivían en la Barcelona de principios de siglo, concretamente en el barrio de Gràcia.
Gràcia limita con el Example, Sarrià y Horta. Es uno de los distritos más pequeños de Barcelona, pero a pesar de eso, la vida de sus callejuelas es muy animada, llena de bares, restaurantes y comercios que hacen del distrito uno de los más atractivos de la ciudad.

Precisamente sumergiéndonos en una de estas callejuelas, es donde vive esta familia, compuesta por el matrimonio y dos hijos pequeños, de seis y dos años.
Es una familia muy humilde, el padre trabaja en el turno de noche en una fábrica de textil, haciendo todas las horas extra que puede. Su mujer es ama de ca-sa y cuida de sus hijos pequeños.

Cuando se acercaba la noche, cerca de las ocho, Antonio, el cabeza de familia, se marchaba hacia el trabajo, mientras que Mercedes daba de cenar a los niños, los bañaba e intentaba que fueran buenos hijos y se fueran pronto a la cama. 

Mercedes se casó siendo muy jovencita, teniendo también una infancia muy dura. Tuvo que ayudar a sus padres en la economía familiar desde una temprana edad y no pudo disfrutar como los demás niños de su edad de aquella época.

Eran tiempos difíciles y muchos pequeños se iban al campo con sus progenitores, había que trabajar muy duro para sacar una casa adelante.

A los quince años conoció a Antonio en un baile y dos años más tarde se casaron. Unos meses después nació el primero de sus hijos, una niña preciosa de ojos verdes a la que llamaron Carmen. Cuatro años más tarde tendrían a Jesús, el pequeño de la familia.

La situación económica de ellos es muy precaria, tan sólo trabaja el marido, mientras Mercedes se encarga de los pequeños. A ella le gustaría trabajar pero no encuentra ningún oficio, ni tampoco a quien dejar al cuidado de sus niños. Es una situación estresante para ella.

—Va, Carmen, no seas traviesa y vete a la cama. —Dijo la madre un poco agobiada—. Tu hermano pequeño ya está acostado.
—No quiero, todavía es muy temprano… —Decía la niña haciendo pucheros y dando pataletas.
Pero la madre continuó:
—Si no te vas a la cama enseguida y te duermes, te vendrá a buscar la bruja «Baba».
—¿Quién es la bruja Baba? —Replicó Carmen.
—La bruja Baba —prosiguió la madre— es una bruja muy, muy mala que, cuando llega la noche, sale de su escondite y se introduce en todas las casas para vigilar que la gente duerma; si alguien que esté en la cama, todavía tiene los ojos abiertos, ya puede ir rezando, porque le sacará los ojos y se los llevará para siempre…

Carmen escuchaba a su madre ya metida en la cama. Estaba temblando de miedo mientras su madre le iba explicando esta historia. Cuando terminó, se aga-rró con fuerza a las sábanas y cerró sus ojos tan fuerte como le fue posible.
Noche tras noche, la madre explicaba esta historia a la pobre niña, para meterla pronto a la cama. Pero estas leyendas y cuentos, no son para explicar a  niños tan pequeños, pueden tener pesadillas.

Una madrugada, el padre, salió antes del trabajo, ya que no tenían más faena para él aquella noche.

Cuando entró en su piso y se dirigió a su dormitorio, donde se encontraría  Mercedes dormida, tuvo una visión horrorosa. Salió de allí y se sentó en las es-caleras del rellano del piso.

Pasadas unas horas, lo encontró allí una vecina que se asustó mucho, ya que no le contestaba y tenía la vista perdida.

La vecina decidió llamar a la policía. Cuando llegaron, Antonio, permanecía aún sentado en las escaleras muy quieto sin decir nada, pero su expresión daba es-calofríos.

La puerta del piso estaba abierta y los policías entraron con mucha cautela y con las pistolas en la mano, porque no sabían qué se podían encontrar.

Cuando llegaron al dormitorio, se encontraron una escena francamente terrible, que podía haber escrito el mismísimo «Edgar Allan Poe».

Toda la estancia estaba llena de sangre, pero permanecía ordenada. La hija pequeña, Carmen, estaba sentada en la cama de espaldas a los policías y la madre estaba tumbada en la cama como si estuviera dormida, pero en realidad estaba muerta, con unas tijeras de cocina clavadas en los ojos.

Desde la otra punta del piso, se podía sentir el llanto desesperado del benjamín de la familia, Jesús, que se encontraba solo en su habitación.

En aquel momento, Carmen se giró hacia los policías que permanecían petrificados ante aquel espectáculo dantesco, y con los ojos muy abiertos y una medio sonrisa que más bien parecía una mueca macabra dijo:
—No quería que la bruja Baba se llevara los ojos de mi madre…



DISFRACES

Esa fue mi última noche con vida.

Mis amigos habían organizado una fiesta, la gran fiesta de Halloween en el chalet de Nacho. Algunos incluso pensaban bañarse pese al frío que hizo esos días. Habían comprado cena, alcohol, más alcohol, desayuno y comida para el día siguiente: todo listo. 

Salí tarde del trabajo. El disfraz de hada verde me esperaba interrogante sobre la cama, como queriendo saber si realmente seguía con edad para ponerme esas cosas. Me calcé las botas de hebillas planteando la cuestión frente al espejo: «¿de verdad vas a ir así vestida?». La voz de mi conciencia se dio cuenta de que en realidad tenía una pinta excelente.

–¿Tú qué opinas? –Pregunté a Rumple, mi gato, que comenzó a maullar hincando alegremente las uñas en mis alas–. ¡No, para! –Dije dándole un manotazo, rezongó malhumorado y salió del dormitorio dejando una estela negra tras de sí. 

Monté en el coche echándole una ojeada al balcón. Rumple me observó paseando por la barandilla, como siempre. Me ponía de los nervios verle allí subido a un resbalón de su fin, pero jamás pude quitarle aquella maldita costumbre.

Arranqué. Tenía que dejar de pensar en el gato porque en quince minutos empezaría una fiesta genial,  o eso creía yo...
 Amén de los insoportables amigos de Nacho, todos vestidos de zombis, Ana no pudo venir. Marcos lógicamente se quedó con ella, pero es que ni siquiera Lola que no se pierde una, fue esa noche. Fuimos cinco personas y de ellos sólo conocía al anfitrión. Me preguntaba si los demás hablaron a mis espaldas para ir juntos a otra fiesta, cuando uno de los zombis se acercó con la mirada perdida en mi escote verde.

Me propuso saltar a la piscina. Me negué –tenía frío y ni en broma le daría cuerda a ese tío–. Insistió. Volví a negarme. Me cogió del brazo. Me solté. Me propuso ir a una habitación. Me negué. Insistió. Cogí el bolso y me despedí de Nacho... ¡Increíble! Encima la paranoica era yo, él sólo estaba pasándolo bien.


Conduciendo a aquella velocidad, las curvas de vuelta a casa habrían supuesto un peligro, pero no lo fueron porque conocía perfectamente el camino. Saqué el móvil activando el manos libres para llamar a Ana, que no contestó. Tampoco Lola estaba disponible. Marcos no lo estaría, ni lo intenté. Soporté el enfado atravesando la serpenteante carretera hasta encontrar mi fin en la siguiente curva: era una muerte preciosa, una muerte en forma de hombre con sonrisa triste, inmóvil, abandonado a diez kilómetros de cualquier lugar. No paré, seguí adelante sin dejar de echar vistazos al retrovisor.

Cuando volví a encontrarlo unas curvas más adelante di un volantazo y casi me salgo de la calzada. Siguió el coche con la mirada mientras me alejaba por el desfiladero, pisando a fondo. Casi me ahogo con mi propio corazón que intentaba escapar pecho arriba.

Llegué al pueblo temblorosa. Había un gentío en la calle celebrando la noche de brujas. Tuve que reducir cuando un grupo de borrachos rodeó mi coche, pero no lo paré, continué avanzando y gritándoles que se apartaran con las ventanillas subidas, mientras ellos bañaban la luna de cerveza. Bajé la vista para activar los limpias y cuando la levanté allí estaba de nuevo, con los ojos oscuros y la sonrisa tatuada. Salí del pueblo derrapando.

Pronto me encontré con las familiares luces de la autovía anunciando el hospital de las afueras. Por primera vez, ver la nube de polución sobre la ciudad me tranquilizó. Marqué torpemente el número de Ana al coger una recta; seguía sin contestar. Volví a probar con Lola, tampoco. Paré en el semáforo y busqué el móvil. Un grupo de demonios borrachos bailaban en el paso de peatones. Les seguían de lejos una pareja de momias que se habían retrasado cuando las vendas del disfraz se enredaron en un seto. El hombrecillo verde se puso a parpadear. Vi las vendas quedar suspendidas frente a mi coche mientras ellos corrían los últimos metros hasta la acera: de nuevo estaba allí.

Volví a pisar a fondo. Un coche se me cruzó y pitó enervado mi imprudencia, pero el conductor  no había visto lo que yo: no le había visto los dientes.   
No aparqué en el garaje, tenía tanto miedo que lo hice el vado frente a casa. No quería seguir en la calle, pero tampoco estar sola, aunque acabé subiendo a casa. En el ascensor me noté sudorosa y algo más relajada estando en un lugar cerrado, pero eso no evitó que me mordiera las uñas. Aquella sonrisa me perseguía como sacada de una pesadilla.

Rumple se enredó entre mis piernas a modo de saludo, no parecía tan arisco como de costumbre. Acaricié su lomo de camino al dormitorio donde me quitaría el jodido disfraz, las botas, me metería en la cama y me taparía la cabeza abrazada a mi cruel compañero, que no dudó en arañarme las piernas en cuanto las vio desnudas.

–¡Ya vale! –Reproché.
–Sólo hemos empezado el juego.

Miré a Rumple boquiabierta. El gato maulló antes de salir disparado del dormitorio.

–¿Rumple? –Temblando, me acerqué a la puerta. En el comedor aguardaba el hombre de la carretera.
–¿No quieres jugar a cazar mariposas? –Preguntó mostrándome su sonrisa de dientes afilados.
–No –dije sintiendo mis ojos anegarse en lágrimas.
–Pero si llevamos haciéndolo toda la noche… –Sus uñas eran como guadañas que reflejaban la poca luz que entraba de la calle–. ¿No te gusta mi disfraz?
–No.
–Pensé que sí… Una lástima, pero no perdamos tiempo, vamos a jugar: escóndete mariposa –ronroneó agachándose, a punto de dar el salto. Tuve tiempo de entrar en la habitación cerrando a mi espalda, la madera comenzó a ceder por sus embestidas.
–¡No soy una mariposa! ¡Nunca he sido una mariposa! –Grité viendo las garras de Rumple traspasar la puerta.
–Yo tampoco un gato.



LA SANGRE

En el principio fue la sangre.

       La sangre que fluyó y se llevó mi vida.

La sangre que fluyó, se llevó mi vida y me dejó a oscuras, sin aliento. Mientras espero, cierro los ojos y vuelvo atrás en el tiempo, a aquellos días en que el sol brillaba y yo todavía sabía reír. Aún los recuerdo.

Recuerdo el sonido de mi risa mezclada con la suya y el brillo de sus ojos verdes. O grises. ¿O azules? Cambiaban según la luz y mi deseo. Recuerdo la caricia de su voz en mi oído, aunque he olvidado qué secretos me contaba. Recuerdo el calor de sus besos en la palma de mis manos, cómo me ardían los dedos al cerrarlos para retenerlos. Recuerdo el sabor de su boca sobre la mía, su rastro húmedo hasta mi cuello, el delirio. Recuerdo el pecado y mis mentiras. Aprendí a mentir a todos menos a él. Y recuerdo la última puesta de sol reflejada en el cristal de mi ventana, mientras le esperaba. Pasamos la noche navegando entre el placer y el dolor más exquisito, hasta que caí rendida y me dormí. La mañana me encontró sola en mi cama. Sola, fría y muerta.

Y, sin embargo, no lo estaba. Me levanté de mi tumba con el primer rayo de luna. Él debía venir a buscarme pero no lo hizo,  ni esa noche ni las que siguieron. Esperé mientras el hambre se adueñaba de mí. Cuando entendí que me había engañado, que no vendría jamás, salí de la cripta familiar y volví a casa, a mi hogar, para alimentarme.

Empecé con el servicio y pronto se corrió la voz. ¡La casa estaba encantada! Algunos murieron y el resto se marchó para salvar la vida. Mis padres se quedaron solos, a mi merced, pero no quise tocarlos. Sobrevivieron pero lo perdieron todo: los amigos, el dinero que tanto les había costado ganar y la salud. Les vi apagarse entre las paredes vacías, llamando a la hija que sentían cerca pero no podían ver, hasta que enloquecieron y se los llevaron.Me quedé sola en la casa, durmiendo en el sótano durante el día y vagando por los pasillos y habitaciones por la noche, excepto cuando el hambre me ahoga y salgo para calmarla.

La casa se ha vendido una y otra vez, hasta que he perdido la cuenta de cuánta gente ha venido y se ha ido. La mayoría no quieren creer lo que cuentan en el pueblo y cuando aparezco, prefieren pensar que soy un mal sueño. Yo me aprovecho de sus miedos, juego con ellos al gato y al ratón, hasta que me canso y me alimento. Siempre gano. Se van, huyen sin mirar atrás y yo vuelvo a reinar en mi oscuridad, esperando…

Esa es mi historia. Ahora puedo oíros reír nerviosos, contando historias a la luz de las velas con un vaso de vino en la mano, fingiendo que el escalofrío que sentís es de frío, pero yo se la verdad. No queréis creer que soy real, que estoy justo aquí, escondida en las sombras, esperando mi oportunidad para acercarme por la espalda. Lo último que sentiréis será mi aliento en la nuca y el dolor más dulce que podáis imaginar. Después vendrán la oscuridad, el silencio y el hambre.

    Siempre el hambre.

    Se apaga la última vela.

    Ya vengo.

    Y estoy hambrienta.





UN MAL DÍA

-I-

-Llegas tarde....otra vez.... - dijo María, la jefa de enfermeras, al ver llegar a Gina.
-Lo se, lo se....había mucho tráfico...lo siento, no volverá a ocurrir....
-Pues sal antes de casa....ésta te la paso, pero que no vuelva a suceder....que hay mucho trabajo...
-Cierto -dijo Gina, colocándose sus zapatillas de trabajo- ¿que ha ocurrido? hay mucha gente en la sala de urgencias.
-Ni idea... puede que un accidente, atropello múltiple…yo que se, pero tenemos que ponernos ya a trabajar, que se nos acumulan los pacientes.

María le dio una palmada en el hombro y salió del vestuario de enfermeras. Haciendo un suspiro de resignación, Gina se acabó de vestir y fue a su puesto de trabajo. Mientras entraba echó una ojeada a la gente que estaba esperando fuera, todos estaban sangrando, y parecían histéricos, "un accidente múltiple en la autopista" pensó Gina, "y como siempre, a todos los mandan aquí".

-II-

Iba llamando a los pacientes. Todos ellos contaban historias inverosímiles.

-Estaba por la calle y un tío se acercó y me mordió en el brazo -dijo un chico joven a otro que estaba sentado a su lado.
-Iba a ver a mis nietos, y vi a una jovenzuela que tenía sangre en la camiseta, así que me acerqué a preguntarle si necesitaba ayuda ¡¡y quiso arrancarme la cabeza!! -dijo una anciana a una de las enfermeras.

"Están todos locos", pensó Gina mientras acompañaba a la consulta a un hombre mayor que se sujetaba un trozo de tela ensangrentada en el hombro. ‘El estado de shock les hace decir cada gilipollez…’, dijo para si misma.

-Doctor Álvarez, este paciente necesita unos puntos de sutura.

El doctor levanto la vista del ordenador y la miró. Mientras Gina ayudó al paciente a sentarse.

-Señor ¿Cuál es su nombre? - el doctor Álvarez miraba los papeles que tenía sobre la mesa.
-Antonio Pérez Cuevas. –contestó casi sin voz.
-Aaah ya… tiene un mordisco en el hombro ¿cierto? ¿Cómo se lo hizo?
Antes de que pudiera contestar, éste empezó a tener convulsiones y a sangrar por la boca.
-¡¡Enfermera, traiga el desfibrilador!! -dijo con firmeza. Gina se quedó paralizada-¡¿Es queestá sorda?! ¡¡Tráigalo, ahora!!

Gina salió corriendo de la sala y empezó a escuchar alaridos por todo el hospital. "¿Pero que cojones está pasando?", pensó. Por los pasillos había gente sangrando, gritando y parecía que huyendo, pero… ¿huyendo de que? Tardó unos minutos en encontrarlo, en una consulta que esta desierta.  Cogió el desfibrilador  y se dirigió a toda prisa a la consulta....

-III-

Se encontró la camilla llena de sangre....señales de lucha...Gina no entendía nada.

-¿Doctor...? ¿Queha...?

Dio unos pasos y vio asomarse unos pies detrás de la mesa que antes ocupaba el doctor Álvarez. Acercándose con cautela, comprobó que la persona que yacía en el suelo era el mismo doctor, ensangrentado y con todas las entrañas al descubierto. Sobre él, un ser de tez cetrina se las estaba comiendo ansiosamente, Gina sólo tuvo unos segundos para asimilar que era su paciente quién estaba devorándole. La miró con sus ojos vacíos y dejó una de las tripas para lanzarse sobre ella.Salió corriendo de la sala, gritando, y vomitó en un rincón. Otro doctor del hospital chocó contra ella, y al verle, se dio cuenta que le faltaba un brazo. Caminando de espaldas, observó un escenario dantesco: personas devorando personas, gente mutilada caminando sin rumbo. Empezó a correr, horrorizada. En una de las habitaciones vio como un grupo de niños devoraban a una compañera, mientras le arrancaban un trozo de pierna, está grito y la miró suplicante, Gina se detuvo, su compañera levantó su mano ensangrentada buscando su ayuda, pero estaba demasiado asustada y siguió corriendo. Uno de esos seres se abalanzó sobre ella. Notando un nauseabundo aliento se su nariz, logró zafarse de él e intentó buscar una salida. Había sangre y partes de cuerpos por el suelo y las paredes, una mujer sujetaba por el cuello a uno de los celadores, el cual intentaba inútilmente apartarla. En un descuido, la mujer, si es que se la podía llamar así, logró clavar sus dientes en el antebrazo del celador, que cayó de espaldas y se aplastó la cabeza contra un peldaño de la escalera, llenándolo todo de trozos de sangre, cráneo y cerebro. La cosa que antes había sido una mujer siguió con su cometido mientras otros seres como ella se acercaban y se unían al banquete. Gina vio una ventana al final del pasillo, ‘Mi salvación’, pensó. Se fue acercando apresuradamente a ella, apartándose rápidamente de esas cosas que intentaban agarrarla y evitando mirar a su alrededor. Al llegar, la rompió y saltó. Una vez fuera siguió corriendo por los jardines del hospital, los jardines que ella tantas veces había contemplado en sus descansos desde la azotea. Se apoyó en un árbol lejano, suspirando, hasta que notó una mano fría que la abrazaba por la espalda.

Intentó soltarse, pero sólo pudo notar como algo le desgarraba la yugular....al caer al suelo, ahogándose con su propia sangre, vio decenas de esas cosas saliendo del edificio. Estaban ya por todas partes. Mientras Gina se perdía en una horda de no muertos, comprendió que esos jardines serían su tumba.



LA CANCIÓN PURA

–Se sabe que el asesinato ha sido cosa del Fantasma –dijo la bailarina a Christine–. Se dice que como el conde tenía buena voz, seguramente le dio envidia y por eso lo ha matado ¡cortándole la garganta!
–No. No puede ser. El fantasma no sería capaz de hacer tal cosa –respondió inquieta la soprano.
–¿Cómo lo sabes? ¡Es un monstruo!... ¡Pobre Conde Gerald! Él sólo quería disfrutar la ópera en un palco –sollozó. Con cada movimiento el tutú parecía crisparse más–. ¡Tuvo que elegir el que siempre ocupa ese demonio!
–Te digo que no ha sido él. Él es dulce, educado y encantador. Se enfadaría, pero jamás mataría a nadie ¡es el Ángel de la Música!

La bailarina se alejó de Christine haciendo una mueca. Tomándola por loca se perdió entre el ir y venir de operarios, asistentes, cantantes y demás trabajadores de la ópera. En aquel momento el edificio era un hervidero de nervios y algún que otro dramático llanto lamentando la muerte del Conde.

Vio como un grupo cuchicheaba a su lado. Los integrantes del Coro habían escuchado lo que dijo del fantasma y entonces sí la tomaron por una demente. Christine no soportó el juicio al que estaba siendo sometida y regresó a su dormitorio, en la zona más alta del edificio. Se contempló en el espejo; la duda atenazaba.

–¿Realmente has sido tú? –Preguntó a su reflejo, una luz se hizo más intensa al otro lado de la pared.
–No. Yo sólo soy un amante de la música, pero sé quién lo hizo.
–¿En serio? –Preguntó Christine llevándose la mano a la frente.
–Sí, lo tengo cautivo, está encerrado en el sótano. Necesito tu ayuda hermosa
Christine, tenemos que ir a buscarlo para que todos puedan saber quién es el auténtico culpable. ¿Lo harás por mí? ¿Me ayudarás?

Minutos después Christine recorría la oscuridad del pasadizo procurando no tocar las paredes. No sabía que las profundidades de la ópera fueran tan lúgubres ni tuvieran un olor a putrefacción tan intenso.

–Tengo tanto frío… –su voz produjo eco como si no hubieran muros, sólo vacío–. ¿Fantasma? ¿Estás ahí?... ¿Puedes oírme?
–Te he mentido, dulce cantora.
–¿Por qué ahora? Nunca lo habías hecho.
–De otro modo ¿cómo podría convencerte para que bajaras hasta aquí? –Christine se llevó las manos al estómago encogido; tenía la garganta seca–.

Pero no te amohínes, no temas. Yo sólo quiero escuchar más música, tu música.
Un puñal seccionó la garganta de la soprano. Los roncos gemidos emergieron de su cuerpo acompañados por sogas de sangre, empapando cuanto encontraron de camino hasta el suelo. La ópera se estremeció. 

–Escucha Christine, siente como sale de tu cuerpo –rogó el Fantasma–. Ésta es la auténtica música: ¡La Canción Pura que nace de los ángeles!

Las carcajadas del Fantasma se filtraron por los listones de madera hasta el patio de butacas, donde el que más y el que menos sintió un profundo escalofrío.



LA NOCHE

--> Aquella noche no era mas cálida que las pasadas, el gélido ambiente calaba profundo en mis huesos como recordatorio de evitar bajar la guardia.

“Pasos, otra vez pasos...” Sabía que no podrían provenir de ningún otro lugar, todo había sido andado, inspeccionado y revisado a conciencia, no podían venir de otro lugar.

“Desconozco la hora.” El transcurso de cada segundo regalaba del telar del tiempo una franja de esperanza de ver el alba, mas aquel angosto lugar parecía robar ilusión.

“¿Voces? No, por favor, basta, basta...” cada hilo de voz arañaba mi conciencia, las palabras difusas en mi mente arrojaban pesar y angustia a mi ánimo, ahogaban mi voluntad que con lánguidos esfuerzos se mantenía en la superficie de la locura, más lo peor era cuando sus gritos se convertían en los mios, mi voz muda afanaba sordos sonidos, envueltos de angustia y pánico.

Los pasos se acercan.

“Silencio, silencio... no grites, no susurres, no hagas ruido alguno, deja de pensar.”

...

Mi mente rehuye de tal situación, me manda de nuevo a aquel amanecer, a aquel lugar donde respiraba paz, donde el sol bañaba con sus cálidos rayos mi esencia, inundándome de felicidad y despreocupación.

Pero aquí no había nada de eso, tan solo la noche, la fría noche que se clavaba en los huesos y se apoderaba de mis músculos, haciéndolos temblar, haciendo que fuera mas detectable, menos invisible, haciendo que no pudiera evaporarme como tanto lo estaba deseando.

Aquella situación estaba cercando mi alma, no podía resistir mas sin salir de aquel diminuto armario, tan pequeño que me obligaba a permanecer lo mas erguido posible, tanto que si respiraba con normalidad el movimiento de mi pecho se notaría en la puerta que me mantenía preso contra la pared.

Lágrimas recorrieron mis mejillas.

“No voy a poder resistir cinco horas mas sin moverme.” Las piernas flaquean, siento el entumecimiento, tanto que no podría correr aunque quisiera, y correr ¿A donde?¿En que dirección? Los vagos y fugaces recuerdos que tenía de aquel lugar danzaban entrelazándose y mezclándose, perdiéndome antes de iniciar la fuga. Definitivamente no era una buena idea.

Algo tenía que hacer, ¿Aguantar?¿Esperar? Tal vez si no hubiera escuchado esos pasos podría...

¡¡BLAM!!

“MIERDA, ¿Qué demonios ha sido eso? Ha sonado demasiado cerca, se acerca, se esta acercando, joder joder joder joder joder...”

Silencio, vuelve el silencio. No emito sonido alguno. No respiro. No pestañeo. No muevo nada, inmovilizo mi mirada, fija al frente, mirando sin ver, aguardando algo, pasos, susurros, otro estruendo...

Pero nada ocurre.

Mi único compañero es el vacío que envuelve todo aquí dentro, silencioso e inmóvil, tal cual estoy yo.

“Desconozco la hora... ¿Han pasado minutos o segundos?” Desde luego mi mente sentía el hastío de la situación, y mi vaga cordura no era capaz de distinguir los segundos de los minutos.

“Todo es oscuridad aquí, aún ha de ser de noche.”

“He de confirmarlo, no puedo seguir ignorante de la hora, pero he de hacerlo correctamente, piensa como, planifícalo antes de moverte, no la cagues.”

“Levantare lentamente la mano, acariciando la puerta, buscando situar los dedos justo en la ranura que la separa del marco. Entonces con suavidad y sin separar la nuca de la pared, inclinare la cabeza, situándola de tal modo que vea nada mas empiece a abrir. Y empujare levemente la puerta, deseando no vislumbrar a nadie y no ser visto por nadie.”

Moría de miedo.

“Ahora, suavemente la mano, acariciando la puerta como...“

Una fría y pequeña mano rodeó sus dedos, deteniendo el movimiento, arrancando del alma un grito.





HORA DE VOTAR, ESTANTIANOS

GRACIAS




2 comentarios:

Rasen Hyperblue dijo...

voto por "Un Mal Día" ! :> (aunque el resto de relatos tambien están muy bien >-<)

SuperYo o HiperYo dijo...

Mi voto será para "Dulces sueños", y resulta difícil la elección, puesto que los otros relatos tienen bastante calidad :)