lunes, 21 de enero de 2013

Cuento número 44. Las musas





Denise Potrzeba

Cuando era niño confundía las hadas con las musas, de adulto aprendió a diferenciarlas, pero aún a veces se descubría caminando sigiloso por la casa, intentando sorprenderlas o buscando el lugar donde se escondían: le tenían desconcertado. Pasaba semanas falto de inspiración, pero en cuanto ellas aparecían debía dejar lo que estuviera haciendo y aferrarse al piano, violín o clarinete para tocar y escribir sin descanso, antes de que la magia se desvaneciera: era duro ser compositor. 
Canturreaba agotado las últimas notas de su nueva canción cuando garabateó el final de la partitura. Sólo entonces su violín pudo yacer en la tapa del piano, como un soldado tras la batalla. Lo acarició mientras, de modo honorífico, transportaba también el arco de vuelta al estuche. Se inclinó abriéndolo sólo un dedo, el espacio necesario para descubrir una pequeña figura roncando musicalmente en su interior. ¡Era una de ellas! Pensó en raptarla, adoctrinarla, corregir su carácter y ser severo obligándola a trabajar diariamente, deleitado con la inspiración que le brindaba, pero no pudo. La amaba tanto así, repentina y loca, que dejó la puerta de su dormitorio abierta, por si de aquellas despertaba y quería dormir junto a él.

Mimi Alonso

2 comentarios:

Ginés Vera dijo...

Microrrelato lleno de magia, precioso.

Pandora_cc dijo...

Gracias :D!!