jueves, 28 de febrero de 2013

Lady Loki on my tits xDDD

Mirad que sudadera más maja me he comprado.
Mola ¿eh? Muahahahhahahhaahh!!!! Estaba deseando hacerme con una y finalmente me metí en la web de society6, una de las tiendas donde la enorme Medusa Dollmaker tiene a la venta diseños tan chulos como el de Lady Loki.
Resultó muy sencillo y el producto me ha dejado impresionada. Señores... He hecho LA COMPRA Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Os dejo unas fotichuelas para que veáis de qué os hablo, también el enlace al que yo clicaría ya mismo, pa mirar aunque sea, aunque advierto que os encantará lo que encontreis ^^.

http://society6.com/MedusaDollmaker

También os dejo por aquí el enlace al blog de Medusa, donde seguro que os van a informar mejor que yo xDDD

http://medusadollmaker.blogspot.com.es/






Las fotos calentitas de hace un rato, ea.

Ale, pasen y vean, compren o no compren, vean.

Graciaaas <3

martes, 26 de febrero de 2013

Valencia Dark Week, lecturas


A finales de enero participé en la Valencia Dark Week leyendo un par de relatos. Si bien mi lectura dejó que desear (yo no piloto aún eso de hablar y respirar a un tiempo, sabe usté?), he de decir que fue una experiencia muy chula que repetiría sin dudarlo.
Os dejo aquí los relatos que leí, ambos pertenecen a mi recopilatorio de cuentos Susurros de musa, que muy pronto... muahahhaha... Esto ya os lo contaré más adelante.


Aquí los lectores posando. Voy a nombrar sólo a los que estábamos abajo, porque lamentablemente no nos dio tiempo a conocernos a todos. De izquierda a derecha ShiroDani, yo y Ginés Vera. 



Tolouse y la gitana. 

Besos de láudano, colilla apagada en boca. Sobre la mesa, las apuestas de una noche oscura en que el fulgor que recordaba al sol, lejos en el horizonte, cantaba baladas tardías.
Amatistas viajeras en sortijas de aro informe por el efusivo batir de palmas a manos de las más efusivas cabareteras. Entre encajes y faldas, se descolgaban ligas haciendo gala de una picardía, nunca vista, por fortuna, en la enrevesada noche francesa.
Una lámina de mujer otoño cubría la pared sustituyendo a la primavera que se engulló al verano para llegada del invierno. Y junto a ella, colgaba el cartel anunciador de un gato con maullido amarillo y rígido semblante diciendo lo que todos sabían: era la apertura de aquel maravilloso lugar para encuentro de sabios, escritores y actores, poetas, que elevaban el sitio a la gloria mientras la absenta bajaba por sus gargantas.
Lucían risas flojas, y a merced de aquellos vapores hipnóticos, olvidaban las guerras, el apetito y la sed, salvo la de anécdotas y reveses del destino, que cada uno, encontrando entre aquellas paredes un ánima afín, compartía con esmero tañendo su herramienta por campana, bebiendo sentados siempre en la mesa más oscura.
—¿Qué te ha pasado? No eres el mismo, ¿te has enamorado?
—De tu madre, anoche estuve con ella —dijo Toulosse—. Hay que ver qué garbo tiene esa vieja.
—¡Qué deshonra! —Replicó su colega sonriente.— ¿Hoy no habías blasfemado? ¿Te cogí de paso en la vereda con el ánimo ardiente? ¡Pobre de mi reputación!
En la mesa estallaron las risas. Las apuestas continuaron bailando golpeadas por la mano que se ahoga borracha de jocosidad bohemia…
Hasta que llegó el amor…
La gitana de Tolousse y su melena entrando al Chat Noir, bendición y maldición, dirigiendo el pincel en los sueños de un pintor que era también poeta. Sólo entonces sentía su cuerpo extraño, cuando podía distinguir desde la platea la blancura de sus perlas centelleantes. Y al momento bailaba, y no dejaba de hacerlo hasta que salía el sol, la  víbora morena se contoneaba sin descanso mientras él buscaba cobijo en la soledad del poeta, sorteando el París de Rimbaud, Victor Hugo y flores del mal, dejando en El Chat a sus amigos, Salis y Rivière, que jugaban la luces muertas de un circo. Entonces arribaba a las calles frías también donde podía encontrar el amor esperando a cada quiebro. Pero no tendría la suerte del  Phoebo de Victor Hugo, no: él no toparía con su alegre gitana saltarina. Con suerte daría con alguna fulana que, aguantando la risa al verlo deforme, aceptara acompañarle.

Y así sucedería. Tras pagar el favor, cuando la mujerzuela huyera de su estudio, se enfrentaría a un lienzo sólo virgen en las esquinas, testimonio de los intentos imposibles que llevaba a cabo el pequeño conde. Allí, bajo la luz de un candil, evocaría a La Gitana con sus pinceles.
 Surcaría el lienzo tras mecer la brocha en blanco, para purificar el semblante. Tonos rubicundos daría a las sedas que la recubrían. Haría sudar el pincel en oro, para las monedas de la cintura y el ombligo… Negro azabache para los bucles de su cabellera. Verde… Con verde pintaría la envidia, la enfermedad, la peste, la desidia:  La Mentira... Verdes serían sus ojos de gitana, tan verdes como los billetes que mientras bailaba, otros deslizaban en su liga. 


Joseph y las flores envenenadas.

«Los que saben lo que quieren, obtienen cuanto desean».
A menudo recordaba las palabras que su padre dijo antes de perder la mayor parte de su herencia: por aquel entonces no le creyó. También le venían a la cabeza las de su madre, ésta más agorera: «Mala cosa aguarda al incrédulo que al llegar a la puerta de san Pedro, descubrirá cuan equivocado estaba… Mala suerte para el codicioso, el que miente, el de la conciencia dormida… Nubes negras para quien se ciega por lo que ansía…»
Malditos poetas, malditas beatas...Y  malditas también las otras, las musas las banales y enfermas, que pudriéndose en la gloria olvidan al que las hizo ser lo que son, entre escrituras, testamentos y ábacos.
—¿Qué archivas? —El señor Stiltford apareció en su despacho de modo tan repentino como acostumbraba. Se ajustó los cubre-mangas antes de asomarse a la trinchera tras la que Joseph se resguardaba.
—Nada importante —alegó cubriendo con un fajo de papeles el libro.
—Nunca llegarás a ser nadie si crees que lo que haces no es importante. —Respondió Stilford ceñudo. Las tramitaciones legales le habían robado más de la mitad de su vida; afrentar un documento era lanzar una afrenta contra sí mismo.
Abandonó el despacho dando un golpe seco a la puerta. Escuchó el tacón de sus botas chocando con furia contra el parqué. En cuanto lo supo lejos, apartó los documentos, dejando el libro al descubierto. Pasó los dedos un par de veces por la tapa. No debía leerlo, no estaba bien hacerlo en la notaría, pero sentía la necesidad de sumergirse en sus páginas: hambre voraz que amenazaba a su consciencia, temblores, vibraba… Pero al abrirlo, paz, volvía la calma, y el cielo tornaba a ser cielo mientras no escaseara la tinta…
—¿No vienes a comer? —Roxanne  había entrado en su despacho con la misma viveza que una alegre mariposa.
Batió sus alas insistiendo un par de veces en que fuera con ella, pero por más que insistió no logró que Joseph abandonara su libro para acompañarla. Despertó así la mariposa al huracán dejándolo después encerrado en su diminuta estancia, librando batallas que nadie podría imaginar.
Sólo pasó un par de páginas, sólo dos o tres más, cuando reapareció la polilla en la puerta, invitándolo a su casa. Joseph, receloso, consultó el reloj colgando de su chaleco: la jornada estaba cumplida. Incrédulo, comenzó a reunir todos los contratos  y discordias para introducirlos en el maletín de piel que sus padres le regalaron al finalizar los estudios, y junto a ellos metió el libro que le había embrujado.
—¿Qué es? —Preguntó Roxanne curiosa, acercando la mano al maletín.
—Es una agenda, nada de importancia... —La mujer le miró levantando una ceja, mientras pensaba en la serigrafía dorada de la misteriosa obra—. Ve yendo, yo te alcanzo.
La siguió con la mirada hasta que desapareció por la salida principal. Entonces se enfundó la sobria levita negra, y agarrando la cartera, dejó el edificio por la puerta de atrás.

Sentía un nudo en la garganta mientras caminaba acosado por los versos malditos de los malditos poetas. Echando ojeadas a su espalda, estuvo tentado de correr en un par de ocasiones, pero se contuvo. Sus padres no aprobarían semejante comportamiento, su mente tampoco podría recuperarse jamás. No obstante aceleró el paso, llegó a la mansión jadeante, no se detuvo a hablar con el ama de llaves, ni con Simone, la graciosa niña que le subiría la cena poco después.
Una vez solo debía hacerlo, ya había esperado demasiado. Tomó la pluma y la hundió en el tintero sintiendo sus latidos menos violentos a medida que el plumín surcaba cada página, cambiaba cada nombre…

—Permiso, joven amo Joseph.
—Entra.
Dejó la bandeja de plata en el escritorio, deteniendo su mirada sobre las páginas del libro abierto, garabateado, del que colgaba una pluma goteando tinta.
—Eso manchará la madera, señor. —Replicó la chica volviéndose a su amo, que la observaba satisfecho tendido en la cama.
—Valió la pena: convertí a la musa banal en la musa enferma...

Simone abandonó el dormitorio del señor. Jamás había visto que alguien le hiciera eso a un libro, seguro que por ello iría al infierno. Y el castigo del señor sería el peor, porque el libro era bello... No podía ser de otro modo, si hablaba de flores.




Gracias a todos los que se acercaron a escucharnos, y a los que no también. 
Aleeeee
¡Gracias!



miércoles, 20 de febrero de 2013

FANFIC. El reTHORno de Loki

CAPÍTULO TRES




Aquella mañana el sol entraba tímido, filtrándose como humo por las finas líneas de la persiana. El sol era agradable, le gustaba sentir cómo bañaba su piel. No tanto que le tocara el rostro, tampoco despertar deslumbrado por un insistente brillo irritando sus párpados. Se removió en el sofá: tampoco le gustaba. Era demasiado pequeño, casi no tenía espacio para extender el cuerpo a lo largo del mueble.
Mientras él se removía inquieto, la humana debía estar descansando plácidamente en el piso superior, en una cama grande y cómoda, digna de ser lecho de un príncipe o un rey. Se incorporó enervado, no quería seguir en aquella postura. Su estómago asgardiano que tanto silencio guardó durante la estancia en el polo, también tenía algo que decir al respecto. Loki decidió silenciarlo mientras se acercaba a la cocina, ¿dónde guardaría la humana los víveres? Abrió la puerta de un armario topando de frente con cajas y botes extraños, aquello era su comida, no había dudas. Tomando uno regresó al comedor para abrirlo con facilidad y degustar los misteriosos manjares humanos. Loki deseaba que aquella pasta amarilla fuera la mitad de sabrosa que lo consumido en el bar. Sumergió el dedo llevándolo a su boca presa de la emoción…
–¿Qué diablos estás haciendo? –preguntó Alex. Había bajado las escaleras con sigilo para no perturbar los sueños del desmemoriado.
–¡Esto es delicioso! –exclamó Loki con una sonrisa espléndida. La chica se ruborizó ante aquella imagen. 
–Eso es mostaza de Dijón, William…
–Me gusta la mostaza de Dijón, Alexia.
 Arrugó el ceño, incluso el olor le daba angustia, pero aún así se sentó próxima a él en el sofá.
–¿Has dormido bien?... Oh, en serio, es asqueroso, va a sentarte mal –dijo repugnada.
–¿Por qué? Estaba en tu armario… ¿Está envenenado? –preguntó mirándola con ojos desafiantes.
–No, pero no es un desayuno apropiado –dijo conciliadora.
Loki miró el bote con extrañeza, a él le parecía ideal, era una buena ración. Continuó sumergiendo el dedo en la salsa y llevándolo repetidamente a su boca, pero algo le hizo detenerse:
–Viene alguien.
–¿Cómo?
–Viene alguien –dijo poniéndose en pie. El pantalón vaquero que le sirvió de pijama estaba desabrochado. Alex no pudo evitar fijarse en los huesos de su cadera amenazando con subirle la líbido de modo incontrolable.
Alguien llamó a la puerta.
–¿Cómo lo sabías? –Preguntó incrédula mientras salía de su ensoñación erótica para abrir.
–¡Tía, tía, tía! Tengo que contarte algo muy gordo que me pasó ayer noche –Alex asintió, también a ella le ocurrió algo enorme la noche pasada–. ¿Te acuerdas de Malik, el turco aquel que conocí en…? ¿Quién es ese? –Preguntó Yvainne boquiabierta al percatarse de que Loki, con una sonrisa capaz de cautivar hasta a las piedras, la observaba sin pestañear.
–Es… Will, William –repuso Alex–. Un invitado.
Alex supo qué pensaba su amiga antes de que abriera la boca. La cosa venía siendo algo como: “¿qué hace éste tío en tu casa, perra? ¿por qué no sabía nada de él? ¡Cuéntamelo todo!”. Antes que Yvainne sufriera un colapso ante la visión, decidió llevarla al piso de arriba donde  podrían hablar a solas.
–Ahora venimos –sonrió nerviosa.
–Oh, sí… Ahora venimos…


–¿Vas a contarme de qué va esto? –Preguntó Yvainne todavía alucinada por lo que había visto. Nunca un ligue de Alex amaneció en su casa y tampoco fue de semejante envergadura… ¡Nunca había querido frungirse a un ligue de Alex!
Alex realmente intentó ponerla al día. Le contó el tema del accidente, que el chico había perdido la memoria y ella era, por increíble que pareciera, su “tutora legal”, pero de nada sirvió repetir la historia dos veces: Yvainne continuaba con serios interrogantes al respecto.
–¿Me estás diciendo que no te lo vas a tirar?
–¡Coño! Que está… ¡Que no tiene memoria, tía! ¡Eso sería como abusar de él!
–¿Pero tú eres tonta o qué? –Preguntó la otra partiéndose el pecho de risa–. O sea… ¿en serio lo ves desangelado? ¿¡Pero tú te das cuenta de lo que tienes en el sofá!?
–¡Claro que me doy cuenta! ¡Ni que no tuviera ojos!
–En serio Alex, estas cosas sólo pueden pasarte a ti. Me lo llego a encontrar yo y le hago recuperar la memoria a polvaz…
–¡Shhhhh! ¡No lo digas!
Por supuesto que Alex lo había pensado, pero siendo serios ¿no era aquella una de esas pruebas de la vida donde hay que mostrarse fría como el hielo y olvidar impulsos tan primarios como los que la hicieron retorcer de noche entre las sábanas? Sí, tenía que ser una prueba.
–¿Qué haces tú aquí?
–Pues venía a contarte lo de Malik, pero vamos, es una mierda comparado con lo que tenías que contarme tú… ¿Qué vas a hacer? –preguntó la pelirroja encendiendo un cigarro. La llama del mechero aceleró el brillo de sus inquietos ojos verdes.
–Pues quedármelo.
–Hablas de él como si fuera un perrito –Alex la miró levantando una ceja.
–No puedo hacer otra cosa hasta que recupere la memoria.
–Es una putada en realidad, pobre chaval…
–Ya…
–Y pobre de ti.
–¿Pobre de mí?
–Sí, por tenerle en el sofá hasta vete a saber cuándo siendo una buena chica. Vas a pasarlo mal.
–Uff, de verdad… Ni que fuera una depravada sexual, tía.
–No es eso pero ¿hace cuánto que no?
–Ni me acuerdo… –mentía, lo sabía perfectamente: un año, desde que rompió con su exnovio.
–Lo dicho.
–Bueno, cuéntame lo de Malik, rápido, hay que bajar al salón.
Yvainne le narró con pocos detalles su aventura nocturna con Malik: habían coincidido en un pub, bebieron, se rieron, la llevó al restaurante de su familia, una cosa dio lugar a la otra y en fin… todavía no había pasado por casa. La noche le pareció insulsa en comparación con la de Alex, no había que añadir mucho más.
Mientras bajaban las escaleras de vuelta al salón, dejaron de hablar. Quizá fuera conveniente alejar temas como aquellos de una mente luchando por regresar a la normalidad.
–Bueno, yo me marcho –dijo Yvainne en voz alta para que él también la escuchara, pero Loki no se movió–. ¿Le pasa  algo?
–No tengo ni idea –susurró Alex.
Tras despedir a su amiga se aproximó despacio al sofá. Will estaba completamente quieto con los párpados cerrados, en tensión. Comenzó a zarandearlo cuando no respondió a la quinta llamada.
–¿Qué haces? –preguntó Loki sorprendido del contacto.
–¿Estás bien?
–Claro que estoy bien –dijo altanero. Alex se enfureció ante aquella actitud, le había pegado un buen susto.
–Pues si estás tan bien responde cuando te llamo. Pensé que te había dado algo…
–No, es que no estaba aquí.
–¿Estabas recordando algo?
–Estaba visitando un lugar –respondió con una sonrisa que sólo pudo producir inquietud a la chica.
–Pero si no te has movido del sofá, ¿no?
–No.
–Ya…
Estaba confusa, mucho. Tenía que estar yéndosele la pinza porque de otro modo… Es que una persona con amnesia no diría cosas tan raras, tampoco se le vería tan seguro de sí mismo. Era raro, le inquietaba.
–¿Quién era la mujer que ha venido?
–Una amiga.
–Una buena amiga ¿verdad?
–Sí.
–¿Qué le ocurrió con Malik?
–Emm… bueno, pasaron una noche entretenida.
–¿Han copulado?
–¿Cómo? –preguntó con ojos como platos.
–La sentí relajada, plena, no siento lo mismo en ti.
–¿Pero qué…? O sea, ¿yo? ¿Cómo te atreves a…? ¡Estoy perfectamente! –dijo intentando que las palabras se entendieran entre tartamudeos, sentía calor en las mejillas.
–¿Podría hacer algo para que te sintieras mejor? –preguntó con la malicia propia del dios de las travesuras.
–¡No! –exclamó Alex con el corazón latiendo a toda velocidad.
Acto seguido abandonó el salón y subió al piso de arriba, a su dormitorio. No podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Así funcionaba la amnesia? ¿Lo olvidaban todo menos cómo hacer sentir incómoda a una chica en su propia casa?
No pensaba salir de la habitación en todo el día, no podría hacerlo aunque quisiera porque en el momento en que lo tuviera en frente comenzaría a sonrojarse como una idiota. Que se buscara la vida, ya podía aprender a cocinar y a entretenerse solo porque ella se negaba a ser  juguete de su demoledora sonrisa. No, no iba a serlo, se negaba en rotundo.
Pero llegada la noche…




Los dos bandos lucían su mejor armamento. Lo que había ocurrido era intolerable, pero más aún que ambos lados culparan al otro del sadismo que acabó produciendo la muerte del pequeño.
–¡Vosotros lo hicisteis, monstruos desalmados! –proclamó una voz metálica.
–¡Fuisteis vosotros, cobardes!
Los motores rugían fieros. Tanto los Autobots como los Decepticons llevaban años de rencillas a la espalda, pero aquello… aquel cadáver abollado, aquella batería que luchaba por mantener los faros encendidos, titilantes, agónicos, hasta finalmente apagarse por siempre… Fue demasiado. Quedó tan desfigurado que ni siquiera podían saber si antes del terrible padecimiento fue Autobot o Decepticon…
–¡Venganza! –Gritó el líder de los Decepticons dando un golpe en el pecho a Óptimus.
–¡Venganza! –Gritó el de los Autobots respondiendo al ataque.
Mientras Alex se indignaba en el piso superior, Loki regresó al lugar donde envió la vieja Ford Ranger de Jerry. Encantado, fue testigo de cómo un amasijo de hierros era motivo suficiente para que comenzara a fraguarse una batalla épica.  

lunes, 18 de febrero de 2013

Cuento número 46. Continuación... Deberes taller


Éste cuento es un ejercicio del taller de microrrelatos al que asisto, impartido por el enorme Ginés Vera.
La cosa era ésta: versionar o continuar uno de sus relatos, os dejo el link para que hagáis el seguimiento completo: http://ginesverab.blogspot.com.es/2012/09/doble-cita.html.


Éstos son mis deberes:





Los pies de la chica fueron más rápidos que su cerebro. Miriam Saiz, presentadora del tiempo en televisión, corría dejando atrás ojipláticos clientes del restaurante para perderse por el callejón más próximo. Distinguió una silueta en la lejanía, cerca de la parada de taxis donde se dirigía atropelladamente.
El terror aumentó de intensidad mientras se acercaba: era él, estaba convencida. Se detuvo para dar un quiebro cuando lo encontró frente a frente, a escasos centímetros.
–¿Qué quieres de mí?
–Dile que no -repuso Javier.
Miriam, perpleja, sintió que le agarraban del brazo. Se volvió con el miedo instalado en la  garganta.
–Perdona… ¿eres la chica del tiempo? –preguntó un hombre moreno con sonrisa peligrosa, ojos verdes, atractivo.
–No.
–Vaya, pues te pareces mucho.
–Lo siento.
El tipo se fue en dirección contraria mientras Javier le daba la mano para comenzar un tranquilo paseo. Le siguió por inercia hasta que se internaron en un pequeño parque de verano, donde finalmente se detuvo frente al laberinto de setos.
–Aquí es donde mañana encontrarían tu cadáver.
–¿Iba a matarme? –los ojos del fantasma respondieron por él.–¿Y qué vas a hacer tú? –preguntó desesperada.
–Esperaré que estés conmigo cuando llegue tu momento, princesa –confesó antes de desaparecer.
La dejó sola en el parque, abandonada entre parejas que paseaban su amor aquella noche de verano.


Mimi Alonso

lunes, 11 de febrero de 2013

Cuento número 45. El aldabón

Foto Flirck galería de Raddle



El aldabón de la vieja casa encantada era el complemento perfecto para la suya, casa también, pero ésta rural. Lo había encontrado en Ebay, fue caro, pero en cuanto supo que era la única pieza que resistió la demolición del mítico lugar, tuvo que comprarlo y colgarlo en su puerta.
Dos días tras la inauguración, recibió por correo electrónico la primera propuesta de evento junto a una transferencia cuantiosa: se trataba de una boda, además sus clientes eran personas formales, no podía empezar el negocio con mejor pie.
Esa mañana, cuando debían llegar los primeros invitados y la pareja, él atendía los últimos detalles. Mientras apresurado, sacaba brillo al aldabón, escuchó aproximarse un coche. Acto seguido cerró la puerta y corrió para que sus clientes le encontraran perfectamente ubicado en recepción.
Los vio bajar del vehículo, sacar las maletas. Eran los novios, enamorados y nerviosos. Llamaron, fue a abrirles, pero cuando movió la puerta encontró que se habían esfumado. En el suelo, entre un lío de bultos y ropas, había dos pequeños seres arrugados, uno de ellos le miraba con curiosidad.
–Uff… Qué poco me gusta adoptar la forma humana –se quejó la que debía ser la novia intentando salir de un jersey escotado.
–Perdone señor ¿es ésta la nueva casa mágica?
Impresionado, sólo pudo negar con la cabeza.
–¡Pues claro que es aquí, Stwimckle! ¿No ves el aldabón o qué?



Mimi Alonso

miércoles, 6 de febrero de 2013

FANFIC: El reTHORno de Loki


CAPÍTULO SEGUNDO




En Asgard no había hospitales como aquellos, indudablemente la tecnología era mucho superior, mucho más eficaz. En caso de haber sufrido un daño real, algo que realmente pudiera producirle serias secuelas, ni concentrando todos aquellos inútiles juguetitos podrían haberle ayudado.
Le habían inspeccionado los oídos, también la boca y las pupilas, había reaccionado correctamente a todo, de modo que una mujer decidió tenderle en la camilla vistiéndole una  ridícula prenda que casi dejaba al aire su trasero, todo esto mientras esperaban que la máquina adherida a sus sienes dijera si había o no sufrido un daño cerebral.
Loki rió ante su ignorancia; por lo visto los humanos tenían previsto no dejar de sorprenderle.
Cerró los ojos en la camilla. Podía escuchar las voces del personal médico yendo y viniendo frenéticamente. Concentrándose un poco más también escuchó la ambulancia volviendo una esquina. El hombre que llevaban dentro estaba prácticamente muerto, pero ellos intentaban reanimarlo, mientras su vida se extinguía con la misma tibieza con la que fue concebida. En tanto el desfibrilador se descargaba una y otra vez sobre el pecho del paciente, Loki experimentaba una curiosidad que rozaba la fascinación. ¿Qué les impulsó a salvarle? ¿Por qué lo hicieron si no tenían relación alguna con él hasta el momento en que lo sacaron del vehículo accidentado? Profundizó un poco más en las mentes de aquellos hombres que seguían atizando el desfibrilador a la carrera: la camilla avanzaba ya por el corredor del hospital.
Les pagaban dinero por ello, ya había descubierto su motivación, pero… no, no se trataba de engrosar su economía… ¿Qué era entonces?
Loki se removió incómodo intentando encontrar la respuesta a sus preguntas en diversas mentes. Había humanos preocupados por diagnósticos complejos, ¡ridículo! ¡como si aquello fuera a evitar una muerte triste y solitaria! Encontró otras que no padecían por ellas mismas, sino por las personas que acompañaban, también mentes dispersas de las que no podía sacar nada en claro, otras que permanecían encerradas dando gritos en el interior de cuerpos estériles, sin movimiento, mentes que parecían en un constante estado de shock, mentes que…
–¿Cómo te encuentras? –Preguntó una enfermera descorriendo la cortina de un tirón. Él no respondió–. ¿Recuerdas algo del accidente?
–No.
–¿Sabes cómo te llamas?
–No.
–Bueno –sonrió la mujer entrada en años al paciente–, hasta que recuerdes algo te llamaremos John, ¿de acuerdo?
–¿Por qué John?
–¿Por qué no? ¿No te parece bonito? Mi hijo se llama John –dijo amablemente colocándole unas ventosas en el pecho.
–¿Cuándo seré libre?
–¿Serás libre? –Rió la enfermera–. Bueno, es una forma de verlo… Te soltaremos cuando sepamos quién eres. La policía se dirige a tu furgoneta, y en cuanto averigüen los datos del vehículo te irás a casa.
–¿Mi furgoneta?
–Sí... Tuviste un accidente, una chica te encontró. Ya le ha dicho todo a la policía, así que tranquilo, pronto tu familia vendrá a buscarte.
–No lo creo –confesó Loki. ¿Cómo era posible que aquella estúpida mujer estuviera haciendo despertar sentimientos que deseaba mantener en lo más profundo de su mente?
–¿Por qué dices eso? Seguro que te están buscando como locos, pero no te preocupes ¿de acuerdo? Seguro que te encuentran –añadió la mujer antes de echar nuevamente la cortina.
En un pestañeo Loki dejó la camilla para regresar a la carretera donde el furgón de Jerry, todavía empotrado contra un árbol, aguardaba la llegada de la policía. Colocando la mano sobre el capó lo envió lejos, sin pensar demasiado dónde, para regresar urgentemente al hospital. No debía desaprovechar la oportunidad que aquellos extraños le estaban brindando  de infiltrarse entre los humanos y continuar su aprendizaje.


Horas más tarde, ya bien de madrugada, un médico fue a visitarlo.
–Bueno, ¿cómo te encuentras? ¿Ya recuerdas algo?
–No.
–¿Recuerdas tu nombre?
–No –repitió molesto.
–De acuerdo… –dijo el doctor pasando unas páginas de la carpeta con el escueto historial que le habían abierto–. Por lo visto no tienes ninguna lesión aparente salvo la falta de memoria, es una buena noticia. La mala es que no sabemos quién eres y tu coche… bueno, tu coche se ha esfumado. El escáner que te hemos hecho no detecta tampoco nada por lo que no tenemos obligación de… en fin...
–¿Y dónde voy a ir?
–Esa es una buena pregunta –confesó el médico rascándose la cabeza. Odiaba que pasaran esas cosas, Loki lo supo al instante.
Tenían a un indocumentado en la camilla, una persona sin procedencia que afirmaba desconocer hasta su propio nombre y que tras el accidente, se mostraba más sano que cualquier otra persona del hospital. Tenía que deshacerse de él, pero ¿cómo? Pensaba el médico. ¿Cómo hacerlo sin dar a entender que la institución era una desalmada?
Loki se incorporó y tomó las ropas que había junto a su camilla.
–Me marcho –dijo al médico que dio gracias al instante porque la decisión la hubiera tomado el paciente.
–Tenemos que volver a interrogarte, ver si recuerdas algo y darle los datos a la policía, claro que ¿qué datos? Ni siquiera llevabas un teléfono móvil encima…
–No.


Tras los formalismos y los deseos del equipo médico de que aquel desgraciado tuviera un golpe de suerte, salió al pasillo frente a la puerta de urgencias. Allí, esparcidos en incómodos asientos de cuero, había unas cuantas personas esperando noticias de sus seres queridos. Entre ellas estaba la chica de la moto. Abrió los ojos despacio, pero se incorporó con brusquedad.
–Hola –dijo Alex frotándose un ojo.
–Hola.
–¿Cómo te encuentras? ¿Ya recuerdas quién eres?
–No.
–Vaya, lo siento mucho…
–¿Alexia Cooper? –Preguntó un policía a todos en general.
–Soy yo –el agente caminó con pesadez hacia ellos.
–¿Usted lo encontró?
–Sí.
–De acuerdo –dijo sacando unos documentos de su carpeta–. Debe firmar aquí.
–¿Para qué?
–Estos papeles la nombran responsable legal del caballero.
–¿Cómo? –preguntó ella boquiabierta–. ¿Responsable legal suya?
–Sí, usted lo ha encontrado, es su contacto. Tiene que firmar aquí y rellenar esta página con sus datos, en caso de averiguar algo sobre él debemos tener un número donde localizarle.
–Dios mío… –definitivamente sí: aquella estaba resultando ser una semana de mierda.
Alex se apoyó en la carpeta para facilitar todos los datos que el agente requería. Una vez los tuvo, y entregada la copia del documento, el hombre se marchó tan rápido como vino.
–¿Por qué estás aquí? –Preguntó Loki muerto de la curiosidad.
–No podía abandonarte.
–¿Por qué no?
–Porque no hubiera estado bien –respondió ella con extrañeza, aunque en realidad le acababan de hacer una gran pregunta. Podía haberlo dejado en la puerta de urgencias y desaparecer sin más, pero se quedó allí toda la noche, velando a un desconocido. ¿Por qué diablos había decidido hacerlo?...
Lo mismo se estaba preguntando Loki. ¿Qué razón había para que esa humana decidiera pasar allí la noche, se interesara por su suerte? Realmente comprenderlos estaba resultando de lo más complicado…
–Bueno, pues visto lo visto… En fin, vamos a desayunar –sentenció Alex caminando hacia la salida del hospital.
Le llevó a la primera cafetería que encontraron. Fue ella quien ordenó el desayuno para ambos mientras Loki la seguía atentamente, estudiando cada movimiento que describían sus vaqueros agujereados y la chaqueta de cuero negra. En completo silencio degustaron sendos cafés, pero mientras ella tomaba un donut él engulló media docena. Alex observaba fascinada su tragar incansable.
–¿Cómo debo llamarte?
–¿Cómo quieres hacerlo? –Preguntó Loki que había decidido divertirse haciéndose pasar por el perfecto desorientado–. En el hospital me llamaron John.
–¿John Doe? –Rió ella.
–No, solamente John.
–No tienes cara de John. Tienes cara de Tom, de Luck, de William…
–Me gusta William –respondió devorando aquel manjar de dioses que los humanos hacían llamar donuts.
–Entonces te llamaré Will. ¿Sabes Will? –dijo haciendo un énfasis especial en el nombre que habían elegido–, me va a salir más a cuenta comprarte un traje que pagar el desayuno.
–¿Por qué? ¿No es mi vestimenta adecuada?
–No, no es eso… Bueno, olvídalo –sonrió ella pensando en lo absurdo de la situación.
Aquel hombre tan atractivo con expresión inocente en el rostro, estaba sentado frente a ella como si se tratara de un chiquillo confuso, aunque bien pensado era eso exactamente de lo que se trataba: de un tío grande de preciosos ojos claros con una sonrisa blanca y melena oscura, alto, fuerte, extremadamente follable y perdido, inocente, a su merced… Por un momento la buena samaritana que pasara una noche en el sofá de un hospital se esfumó para convertirse en un ser depravado, planteándose abusar de aquella belleza de catálogo.
Loki leyó sus pensamientos, divertido.
–¿Y ahora qué? –preguntó más para sí que para ella.
–Ahora deberíamos ir a casa. Son casi las siete y tengo que dormir un poco.
–¿Puedo ir contigo? –Alex guardó silencio con los labios apretados, una incómoda sensación de excitación volvió a nacerle en el peor y más inoportuno de los momentos–. Me gustaría saberlo todo de ti.
–Claro –respondió ruborizándose–, aunque supongo que no tengo más opción –comentó  levantándose sonrojada para pagar el desayuno.




Era una casa unifamiliar blanca, de dos pisos, modesta, no tenía nada que ver con las que Loki vio en Nueva York. Alex le invitó a pasar con un gesto de la mano.
–Bueno, pues de momento te quedarás aquí. Puedes dormir en el sofá, yo estaré arriba… ¡Oh Dios, espero que no seas un psicópata!
–No soy un psicópata.
–Es gracioso que digas eso porque en realidad no sabes quién eres.
–Alexia…
–Llámame Alex.
–Alex, en la cafetería dijiste que no tenías más opción que traerme, pero sí la tenías. ¿Qué estoy haciendo en tu casa?
–Si te digo la verdad, todavía me lo estoy preguntando.






Esto no me reconoce los guiones de diálogos, estantianos, sorry mil xDDDDD



The best of you



lunes, 4 de febrero de 2013

Intrépidos Lacoste: expo Hermanos Grimm

¿Qué es Intrépidos Lacoste? Pues esa sección de la que siempre hablo, nunca escribo y hoy estreno con vosotros. Aquí encontraréis excursiones, exposiciones, fotos, chorradas varias, actos, etc. vamos, todas esas cosas que los intrépidos hacen pa pasar el rato xDDD!



Hace mucho, mucho tiempo...
Suena a cuento ¿verdad? Pues bien porque por ahí va la cosa xD! Vale, ahora volvamos a empezar:

Hace unos cuantos findes unos amigos y yo quedamos en domingo (a temprana hora, creedme) para ir a ver una exposición molante en museo MUVIM de Valencia. La cosa iba de cuentos, pero no unos cuentos cualquiera: iba de las historias de los hermanos Grimm.


Bueno, pues estuvimos como una hora dando vueltas por la expo donde podías deleitarte con ilustraciones clásicas de las historias (relieves, algún animalillo como los ratoncitos de Hamelin, el sapo al que besas y se convierte en príncipe...) y también con un completísimo estudio que colgaba de las paredes, hecho con mucho ojo para poner en situación a todo aquel que, aún hoy, piense que los cuentos de éste pedazo de equipo alemán son cosas de niños.
¿Queréis saber por qué? Ok, os cuento parte de lo que descubrimos sobre ellos y su obra.



Los hermanos Grimm no viajaban de pueblo en pueblo buscando gente que les contara historias, ellos hacían un riguroso trabajo de biblioteca e investigación estudiando, además de las leyendas y tradiciones de otras culturas, los cuentos que alguien escribió antes que ellos (como en el caso de Perrault, que escribía para la corte cosas picantillas y tal), pero adaptándolos para convertirlos en material apto para todo tipo de público.



La obra más importante del dúo se llama originalmente "Los cuentos infantiles y del hogar", pero sabed, oh estantianos, que éstos tíos estaban "montados en la pluma" y no escribieron sólo cuentos. Entre sus destacados están el primer tomo del diccionario del alemán de 1816, y otro libro, uno de los primeros publicados, que recogía la mitología alemana fechado en 1835.

Los Grimms tuvieron problemas con un editor, ya que Jacob Grimm insistía en decir que sus cuentos "eran un aporte científico a la literatura a la vez que un manual de educación", pero claro, en aquellas épocas de Dios los editores no lo vieron así. Los echaron para atrás con la premisa de que "un libro no podía servir a dos amos a la vez": veas. O sea, que si es científico y/o filosófico no puede tratar la ficción.

La cosa es que sea como sea, se hayan o no transformado los cuentos, son necesarios ya no sólo para los niños, también para los adultos: los cuentos nos hacen soñar, reír, nos pegan un chute de magia que mola, sobre todo con la que está cayendo. Yo no imagino haber crecido sin fantasía. No sé cómo sería de no haber disfrutado de un trato mágico que hicieron mi madre y mi hermana, donde una vez por semana me dejaban un cuento (aparecido de la nada) bajo la almohada para que lo descubriera antes de dormir.



Lejos ya de polémicas, de opiniones diciendo que son sexistas, que las protagonistas de los cuentos suelen ser inútiles y leches en vinagre, en serio y por favor, los que tengáis pequeños en casa, dejad que sean niños, que disfruten, y ayudadles a convertirse en las personitas majas con las que nos gustaría tratar cuando estemos desdentados. Si lo hacemos, si les dejamos crecer felices y les presentamos a la señorita imaginación, magia, o como queráis llamarla, quizá acaben transformándose en algo parecido a ésta adoreibol pipol que se hacen llamar mis amigos:


Aquí Karla y Ximo sufriendo el rapten del cuerven xDDDDD


EHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH SEXY LADY OP OP OP OP
Si es que hacen las ilustraciones pa provocar... xDDDDDDDDD


Atiendan, momento mágico e irrepetible: la princesa se acerca al sapo para convertirlo en un príncipe ^^

Ains... Amor absoluto de gente.

Gracias salaos, espero que disfrutéis con ésta nueva sección del blog.

Ciao!

Pero no, aún no me voy xDDDDD. No os olvidéis del concurso que se está urdiendo en Facebook respecto a mi novela Sabor Euforia. El cartel está colgado arriba a la derecha del blog. Aquí os dejo el enlace a mi página en Facebook: http://www.facebook.com/MiriamAlonsoRodrigues
Pasad, gustad, compartid e hinchaos a chocolate xDDDDD

Ahora sí!