jueves, 23 de mayo de 2013

Fanfic El reTHORno de Loki



CAPÍTULO 8


Imagen: http://lego-loki.tumblr.com/image/44388043802




La sorpresa hubiera sido que la fiesta no se desarrollara tal como Alex pensó; desafortunadamente sucedió tal cual había previsto. Sus “amigas”, ex compañeras de trabajo en el supermercado junto con Yvainne, habían puesto precio a la cabeza de Will iniciando una desmedida cacería que Alex observó con vergüenza ajena.
Will, muy lejos de sentir cierta incomodidad ante los desenfrenados ataques que recibía, pareció extrañamente relajado, incluso feliz con la tropa de novedades que se exponían ante él a golpe de escotado vestido.
Iba a ser más incómodo seguir presenciando aquello, pensó Alex, que darle elegantemente la espalda y reunirse con sus otros amigos, más interesados en el partido que se retransmitía por televisión que en el recién llegado al grupo.
Loki la vio alejarse, vio cómo se aproximaba al grupo de machos, e incluso se percató de cómo uno de ellos, al tomar asiento Alex, le dejaba apoyada una mano en la rodilla con gesto de camaradería que en realidad no era tal. Ella no lo sabía, pero al parecer su buen amigo se llenaba de excitación con el pequeño gesto… de ahí que no retirara la mano.
Pronto se integró en el grupo, pronto los machos sabiéndola hembra óptima para procrear, le prestaron mayor interés. Por su parte ella gesticulaba, en ocasiones les hacía reír, otras lograba captar aún más su atención haciendo leves y moderados comentarios… También él estaba más atento a lo que ocurría en aquel círculo que en el propio.
–Cielo, ¿te acuerdas de lo que es tener una cita?
–Karim, no le agobies… Seguro que ahora mismo necesita calma para reestablecerse.
–¿Qué hay mejor que tener una cita interesante para volver a ser tú mismo?
–Callaos de una vez –dijo Loki zanjando la discusión para levantarse de la butaca y acudir junto a Alex, que de nuevo gesticulaba, tenía el pulso elevado y «¡cómo no!», hablaba de Los Vengadores.
–Les agradecemos seguir vivos, ¿cómo puedes decir que no?
–No digo que no –se corrigió conciliador uno de los amigos–, digo que una batalla no forja al héroe. Tú no sabes quiénes son esos tíos, nadie sabe nada de ellos desde que pasó.  Podrían ser terroristas o pederastas, podrían ser…
–O podrían ser como tú: gilipollas a dolor –dijo ella–. O sea, salvan tu culo en vez del de Jessica ¿y aún dudas? ¿Tú precisamente, dudas?... Tendrías que haber estado en sus zapatos.
–Alex no te pases.
–Lo siento –admitió sintiéndose culpable–, no tendría que haber dicho eso.
Pero a Loki le vino genial que lo dijera. Los extractos, las imágenes sueltas que captó en su  mente al fin tenían sentido, al fin podía comprender por qué de aquella pasión por Los Vengadores, y también por qué de su acritud hacia él. La cosa era la siguiente: una cafetería, una camarera, Alex esperando su bebida mientras la que debía ser Jessica atravesaba la sala con una bandeja en equilibrio, y de pronto… de pronto los chitauri. Gritos, cristales, devastación, cadáveres y ella abrazada al cuerpo inerte de la camarera; eso fue lo ocurrido.
–Has hecho bien en decirlo. Este cabrón no sabe la suerte que tiene de seguir respirando.
–No, de verdad, ya vale –pidió ella. Will se estaba aproximando, no quería volver a discutir ni que los espeluznantes recuerdos invadieran su memoria una vez más.
–Tienes suerte, Will. Tú no recuerdas nada –sorprendido por la mención, Loki se quedó mirando al chico–. Así mejor.
–Déjale a parte, no conviene que se altere –dijo ella. Si Will le decía lo mismo a él que comentó  en casa horas antes, Joyce no dudaría en partirle la cara, desmemoriado o no.
Loki calló ante los deseos de una mujer por primera vez, y lo hizo mayormente por plena indignación y rabia. Le estaba protegiendo a él, a Él, que con un chasquido de dedos podría matarlos a todos, que con su poder causó la desgracia que no dejaban de lamentar… ¿acaso estaban tan poco desarrollados que no podían comprender el sentido de todo aquello? ¿No veían que lo hizo para vengarse de Thor? No era tan complicado, pensaba lívido, además,  solo quiso dominarlos, hacerles un favor, pero aquella raza desagradecida no veía más allá de absurdas filosofías moralistas. Tomó una jarra de cerveza que reposaba en la mesa auxiliar y la engulló prácticamente del tirón. Acto seguido se limpió los labios con la manga y haciendo pedazos el cristal contra el suelo gritó: “¡OTRA!”, haciendo el silencio entre los humanos.
–¿Qué eres, vikingo o qué? –preguntó uno mientras ella continuaba sin dar crédito a lo que veía.
–¡Joder, Will! –exclamó una de sus amigas que había seguido la conversación prudentemente alejada de ellos.
–¿Estás loco o qué? –preguntó Alex levantándose finalmente del asiento para hacerle a un lado. Pero Will estaba rígido, mantenía una alarmante expresión en el rostro–. ¡Eh! ¿Estás bien? ¿Me estás escuchando? –insistió ella–. ¿Por qué has hecho eso?
–Cállate –exigió cortante, y Alex perpleja, se calló. Loki había detectado una alteración, algo que parecía imposible y sin embargo cada vez sentía más próximo, más demoledor–. Los gigantes…
–¿Los gigantes? ¿Qué gigantes? ¿Qué estás diciendo? –preguntó ella molesta; nadie tenía derecho a hacerla callar. Intentó calmarse pensando que había bebido demasiado.
Pero no, no lo había hecho, Loki estaba perfectamente. De hecho, cuando llegó el temblor que los humanos tomaron por un terremoto y todos corrieron raudos a resguardarse, él fue el único que continuó quieto en mitad de la devastación, mientras la fachada del local dejaba de existir y todo se volvía pedazos.
Alex, que había tomado refugio tras lo que fue la barra del lugar, corrió hacia él al borde del infarto, temblorosa y con las ropas rasgadas por los escombros. Entonces, cuando estaba a punto de tocarle, Will…
–¿Cómo habéis hecho para llegar a La Tierra? –preguntó al denso polvo que se levantaba más allá de un agujero en la pared, un agujero por el que cabía perfectamente la cabeza de un tráiler.
–Loki… –respondió el gigante haciéndose visible entre la bruma polvorienta. Su voz gutural se sonó como una tormenta.
–No tenéis suficiente energía para hacerlo.
–Vas a pagar por tu crimen, hijo de Odín.
Él sonrió divertido.
–Ya sabes que no soy el hijo de Odín.
–¡Antes la muerte que reconocerte como uno de los nuestros! –aulló el gigante mientras Alex presenciaba la escena dantesca que estaba sucediendo.
«Va a ser genial –pensaba Loki–, estoy terriblemente excitado… Pobres humanos, no sé cómo podrá soportar Portland una lucha de este calibre».
–Pagarás por tu crimen.
–¿Por cuál? –se mofó el semidiós separando las piernas para estabilizar el peso antes del primer envite.
–Will… –A su lado Alex sólo deseaba ponerle a salvo, apartar a Will el desmemoriado de todo mal. El gigante le llamó Loki, pero él no podía ser Loki, al menos no el Loki que ella conocía. Era Will, era…
Una de sus amigas intentó salvarse huyendo en pleno momento de confusión, pero al pasar junto al gigante este no dudó en aplastarla como a un insecto, Loki no se movió.
–Los mataré uno a uno –dijo la mole mientras él permanecía estático, sonriente–. Uno a uno –añadió capturando a Alex con una sola mano, elevándola por la cintura, golpeándola contra la pared.
Solo en ese instante un leve guiño de Loki, un gesto con los labios, hizo que el gigante ganara la batalla.
–¿Qué pasa con esta? –preguntó golpeándola de nuevo contra la pared–. ¿La quieres?...
Loki no se movió.
–Pues ven a buscarla –añadió el gigante mientras su cuerpo comenzaba a desaparecer, emprendiendo el regreso a su planeta con algo valioso, perteneciente el bastardo de Odín.

Mientras tanto, en La Tierra, en pleno centro del caos, Loki se sacudía el polvo de la americana aceptando el excitante juego que le había propuesto aquel atrevido gigante. 



¡¡¡QUEDAN DOOOOS!!!

3 comentarios:

Asunción Macián Ruiz dijo...

Me muero de feels ;_;

Ginés J. Vera dijo...

Quedan dos. :-)

Mimi Alonso dijo...

Nena: pues aún queda lo más gordo jejejjeje

Ginés: sip, acaba en el capítulo diez, así que figúrate ;)