martes, 28 de mayo de 2013

Vodka

Hola estantianos.
Os traigo el principio de mi relato Vodka, incluido en la antología Crónicas del miedo. Ale, ahí queda ^^:


VODKA


No sabía que si tocaba una farola con la mano pudiera quedarse pegado. En realidad sabía poco de Ucrania y del frío que llegaba a hacer en enero, no obstante se aventuró siguiendo los consejos de su colega del trabajo: “allí vas y con mil euros eres el puto amo durante un mes”. Una semana más tarde se montaba en el avión para aterrizar, diez horas después de los trasbordos, en Kiev. Su compañero tuvo a bien darle unos cuantos consejos más: “lleva siempre encima el teléfono de la embajada y dinero, sobre todo dinero, porque hay unas putas impresionantes. Pero si te las vas a follar no las lleves nunca a tu hotel, que esa gente tiene las manos largas y a ti se te ve a la legua que eres un poco idiota. Fóllatelas en alguna pensión… Ah, y guarda también un poco de pasta fuera de la cartera, yo la llevaba en el calcetín, porque si te pasara cualquier cosa no pienses que van a llamar a una ambulancia de gratis: tienes que pagar para que te acerquen al hospital”.
Desafortunadamente no le dio tiempo a guardar nada en ningún sitio. Escasos segundos después de salir del taxi que le llevó hasta el hotel, tropezó con un tipo enorme  desapareciendo éste entre los callejones con toda su documentación dentro de una bolsa de cuero. La misma bolsa donde viajaban los mil euros que había cambiado por grivnas en el aeropuerto.
–¡Hijo de puta! –Gritó inmóvil temiendo que volviera y le diera una paliza.
Estaba jodido, helado y jodido. Para colmo sólo se le ocurrió apoyarse en una farola con sus lamentos, mientras ¡oh fortuna! se quedaba pegado. Las chicas que pasaron junto a él  reían, podían distinguir un turista a la legua, más si el tipo en cuestión tenía aquella cara de gilipollas que se le quedaba a uno cuando se había inventado la rueda para todos menos para él. Intentó negociar con el encargado del hotel, no funcionó; en la recepción pedían el importe íntegro de la estancia por adelantado. También intentó guarecerse del frío en una cafetería, pero tampoco funcionó porque no tenía una triste moneda con la que tomar algo caliente o contactar con la embajada. Regresó al hotel lloroso, rogando que le dejaran hacer una llamada, pero en cuanto dijo que se trataba de una conferencia el tipo de la recepción se le rió en la cara: aquello no era un locutorio.
Hundido, salió a la calle sintiendo que Kiev era el lugar más cruel y horrible que podía haber elegido para pasar sus quince días de vacaciones. Todo por culpa de aquel cabrón del trabajo... De no haber sido por él habría ido a Estocolmo, como tenía planeado, o a Amsterdam donde se hincharía a fumar hachís, pero no… 
No quería alejarse demasiado del hotel, era el único lugar que conocía y si tenía que pasar la noche a la intemperie prefería hacerlo allí a perderse por las calles. Giró la esquina buscando algún hueco para resguardarse del frío: la salida de emergencia, un contenedor o algo donde hacerse un ovillo y esperar el amanecer sin que nadie reparara en su presencia. Tampoco en eso tuvo éxito… En cuanto se internó unos metros en el callejón más próximo...

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