lunes, 10 de junio de 2013

Fanfic El reTHORno de Loki


CAPÍTULO 10*




El viaje pasó en un pestañeo, al levantar los párpados ya estaba allí, en el salón. Las paredes rojizas parecían especialmente crueles aquella luna, igual que los tronos; el vacío y el que pertenecía a  la reina  ocupado por Omaarliz, anciano hechicero de los gigantes y, por supuesto, encargado de guardarlos mientras las cortes elegían una nueva mandataria.
   –¿Realmente era necesario esto para hacerme regresar?
  –Me intrigas, Loki. Tus palabras parecen sinceras, y sin embargo sé que lo no dicho es realmente lo que te ha traído de vuelta.
  –No seas absurdo, ¿piensas que estoy inquieto? –sonrió travieso–. No, no lo estoy. Sin embargo percibo en ti cierta calma, profunda señal de estupidez –comentó mientras su capa ondeaba pesada siguiendo un caminar plácido.
   –En estos momentos soy el rey ¿por qué crees que debería estar nervioso?
   –Porque sabes quién soy.
   –Eres Loki, pero no el hijo de Odín, padre de todos… Si lo fueras te temería.
   –Indudablemente –sonrió él imitando el gesto del gigante–. En fin, supongo que tenías mucho interés en que nos reuniéramos.
   –¿Lo dices por el mensajero que envié a La Tierra?
   –Has acertado.
  –Era necesario –dijo el hechicero. Cuando su vista se desvió a las puertas por donde entraban  gigantes armados, listos para defender a su líder, aún estuvo más tranquilo. Loki sintió un cosquilleo.
   –Comprendo… –podía reconocer la ira del gigante aún disfrazada de falsa cordialidad.
   –¿Cómo pudiste, Loki? ¡La ahogaste! ¡A la madre de todos! La mataste como a un percdeli que ya no sirve para la caza… Nuestras leyes claman venganza, y tú, bastardo de Odín, uno de nuestra raza, pareces no darte cuenta de lo que te reserva el destino.
   –Realmente no lo sé.
   –Una muerte por otra, sangre por sangre –bramó el gigante.
   –Ah, por supuesto, ahora recuerdo las leyes…  De todos modos, creo que ya ha comenzado la tortura ¿me equivoco? ¡Habéis empezado a vengaros sin mí! –se jactó.
   –Si las recuerdas tan bien deberías saberlo. La humana está pagando tu falta –dijo con una punzada de orgullo. El universo entero conocía la crueldad de aquellos seres, Loki mismo fue implacablemente juzgado por su padre–. ¿Y ahora qué piensas hacer?
  –Tienes una pésima imagen de mí. ¿Crees que me importa su suerte? –preguntó viendo que la formación de gigantes se estrechaba en torno a él–. Sí, supongo que sí, pero olvidas que no tengo especial interés en saber qué hacéis los esclavos con los presos. Son vuestras costumbres, de acuerdo: matad a la humana y luego seguid revolcándoos en el fango, me trae sin cuidado –dijo sentándose en el trono vacío.
   –¡Blasfemo! –al escuchar a su líder los gigantes se alzaron contra Loki, pero sabiendo de sus mañas y la estupidez de aquella raza, los contuvo solo elevando una mano, disfrutando con la confusión que se levantaba entre aquellos rostros desencajados, que se hacían eco de su invisible poder.
El hechicero también quedó sin palabras. Loki siempre había resultado un misterio. La leyenda decía que sus habilidades no tenían límites, pero  tras siglos sin que nadie las viera, todos acabaron por tomarse sus poderes como un mito. Se le consideró dios menor, insignificante en comparación con Thor o el padre de todos.
   El grito desgarrador de la humana llegó en el peor de los momentos. Omaaliz contemplo que el semblante de Loki, sentado junto a él, había cambiado. Su mirada divertida tomó un cáliz inquietante y fue entonces cuando tembló: el dios de la discordia se había cansado de juegos.
   –Libera a la humana. Mándala de vuelta a su planeta –exigió sin levantar la voz.
  –No lo haré. Son nuestras ancestrales tradiciones las que exigen su sangre, son nuestras leyes, nuestras normas. Tenemos la obligación de obedecerlas –dijo el hechicero casi disculpándose. No podía creer que cincuenta de los más robustos gigantes continuaran como helados a escasos pasos del trono.
   –Lo dioses –dijo Loki poniéndose en pie–, tenemos la obligación de hacer cumplir nuestros deseos. Es la última vez que te lo digo, gigante: libérala.
Un latigazo de miedo trepó al hechicero desde la planta de los pies.
   –No… no puedo hacerlo –Loki liberó a los paralizados que no dudaron en avanzar empuñando sus armas.
   –Hágase pues mi voluntad.

   Los gemidos ahogados de cabezas sin cuerpo aún persistían cuando bajó las manos dejándolas  colgar a ambos lados de sus piernas. Algunos todavía intentaban arrastrarse, otros rogaron clemencia mientras el suelo se bañaba con sus entrañas, y el otro, el que todavía seguía intacto, se arrodilló a sus pies.
   –¡Detente! –rogó contemplando la devastación que en cuestión de segundos se había apoderado de la sala–. ¡Discúlpanos! ¡Hazlo por piedad! ¡Somos tus hermanos!
   –Yo –dijo él con los ojos llenos de ira homicida– no tengo familia.


   Su poder no surtió efecto en el resto de gigantes; estos continuaban con su existencia sin saber lo fácil que era aniquilarlos. El último en comprobar cuánto de rápido era matarles fue el que torturaba a Alex. Mientras Loki la descolgaba del gancho anclado al techo, el gigante todavía sostenía el cubo con el que la roció de líquido hirviente, levantando la piel de su espalda.  
   –¿Will? –preguntó ida al sentir que la descolgaban, entonces estaba tan fuera de sí que ni sintió dolor al contacto con las zonas en carne viva–. ¿Eres tú?... Quiero irme a casa, Will –rogó mientras Loki cruzaba sus piernas en torno a su cintura, cubriéndola con la capa.
  –Ya nos vamos –dijo sacándola de la sala donde un gigante roto en siete pedazos, todavía se estaba preguntando por qué.


   En lo que para una fue un segundo y para otro una eternidad, estaban en casa de Alex. Loki la dejó en el suelo, inquieto, trataba de consolar sus deseos febriles que clamaban agua y más agua insistentemente. La tensión hizo que se le fuera la mano y acabar arrancando el grifo de la cocina, por lo que cuando todo comenzó a inundarse, tuvo que actuar con rapidez clavando el  aparato en su lugar y trasladando a la herida al piso superior. El embrujo se desvanecía, comenzaba a despertar, lloraba, llegaron los estremecimientos…
   –Quiero que pare.
   –Haré que sanes.
   –Quiero olvidarlo todo.
   –Lo harás. No habrá dolor, no habrá cicatriz.
   –¿Lo olvidaré todo? –insistió, Loki dudó un momento antes de responder.
   –Todo.
   –Gracias –dijo cerrando los ojos.
   Solo la abandonó el tiempo que tardó en ir en busca de Yuren, la sanadora. Mientras la Pekkense regeneraba su piel Alex no se dio cuenta de nada, permanecía quieta, mojada y él, sintiendo una leve angustia, supo que llegaba el fin de aquella aventura. La energía que invirtió en traer y llevar de vuelta a la curandera destapó definitivamente su posición. Thor y su martillo se acercaban, Loki era consciente de ello mientras Alex salía del trance y abría los ojos, para clavárselos tan poco piadosa como él se mostró con los gigantes.
   –Te atraparán.
   –¿Estás segura?
   –Ya lo hicieron antes.
   –Y escapé.
   –¿Te esconderás?
   –Eso no es problema de una humana.
   –Sí lo es. Dijiste que lo olvidaría todo, pero lo recuerdo, créeme, a la perfección –dijo incorporándose trabajosa–. Tengo que saber si esta pesadilla ha terminado.
   –No ha sido una pesadilla.
   –Sí… Ojala no te hubiera encontrado esa noche. Ojala… –continuó mientras el miedo, los gigantes, la muerte, la destrucción y todas las cosas horribles que había vivido por su culpa le venían al recuerdo–. Ojala…
   –No recordarás nada  –repitió él arrodillándose a su lado. Le acarició antes de besarla arrastrando con su lengua saliva y recuerdos, penas, monstruos, tortura… hechizando su mente. Separó los labios para mirarla a los ojos–. No quedará huella de mi paso salvo una –añadió besándola de nuevo–. Me seguirás amando, me pertenecerás y esperarás que pronto, vuelva por ti para sentarte a mi lado y que reines sobre todos –se incorporó grandioso–. No habrá despedida, no habrá recuerdos si no los quieres, pero me seguirás amando como amabas a William Dohe… Ahora debo marchar.
   La besó una vez más y en ese beso inyectó en Alex el juego más cruel,  la travesura más potente y premeditada que Loki había llevado a cabo en toda su existencia.
   Le vio desaparecer desde un rincón del cuarto de baño. Lucía una sonrisa traviesa, incluso bonita, pensaba  cuando una nube se interpuso entre ella y el mundo, le quedaba bien aquel casco afilado…
Después, mareada y con un sabor extraño en la boca se metió en la cama. Debía dejar de beber de aquella manera; nunca es elegante acabar una borrachera en el cuarto de baño.


   –¡Mierda de tuberías! ¿¡Tía, tú te crees que esto es normal!? ¡Mierda de  casas viejas!
   –¿Pero qué ha pasado? –preguntó Yvainne.
  –¡Yo que sé! –dijo Alex todavía arrodillada en una toalla empapada–. He bajado esta mañana y ale: inundación. ¡No hay ni una fuga y esto parece una puta piscina!
   –Vaya movida tía… –suspiró–. Madre mía, supongo que no tendrás ganas de fiesta esta noche.
   –Supones bien. Cuando acabe de secar todo esto y de tirar mis cosas, no voy a tener el cuerpo para cervezas –tampoco es que tuviera demasiadas ganas tras la resaca arrastrada de la noche anterior.
   –Pues es una pena –comentó su amiga más por decir algo que otra cosa–, vamos a estar todos, menos Jude.
   –¿Dónde está Jude?
  –No lo sé tía, se ha esfumado la colega –le contó molesta. Alex tenía una excusa para faltar a la reunión del instituto, pero Jude no: llevaba intentando hacerse con ella desde la fiesta de  cumpleaños y seguía sin dar señal de vida–. En fin… ¿quieres que te ayude o algo?
   –No, da igual. Vete y diles que siento perdérmelo, pero vamos, no tengo muchas opciones: cuéntales el percal.
   –Me sabe mal dejarte así.
  –No pasa nada, en serio, hay mucho para tirar y prefiero hacerlo yo sola, además tú ya estás vestida. No te preocupes, de verdad. Si luego me animo me acerco.
   –Vale tía…
   Pero no se iba a animar, Alex tenía mucho trabajo y estaba demasiado cansada para apetecerle salir.
   Cuando consiguió que el comedor tuviera un estado lamentable pero infinitamente mejor que el de la mañana, solo le quedaron fuerzas para subir al dormitorio, cambiarse de ropa y encender el televisor. Una película donde Sandra Bullock y Nicole Kidman hacían brujerías apareció en el zapping; decidió resguardarse en ella para ignorar aquella sensación que le acosó todo el día… Era como si hubiera perdido algo, o como si algo que tendría que estar no estuviera. No se sentía así por las cosas que tiró al contenedor, tenía que ser por algo más grande, más importante.
   Salió de la cama y fue a la ventana como esperando encontrar allí una respuesta. Miró al cielo deteniéndose un instante en las hermosas estrellas que siempre estaban allí, eternas, pero ni siquiera ellas le dieron paz.
   Odiaba esa sensación, odiaba desear algo y no saber qué. 


Mimi Alonso, ea

*
Capítulo diez y fin de fiesta jejjejejej. 
Aquí acaba este regalín para una amija del alma xDDD. Sé que ella lo ha disfrutado, sé que yo lo he hecho, sé que alguno de vosotros también se ha dejado caer por aquí pa ver qué le pasaba a Alex con super Loki/Will/eldesmemoriao/olakeasekenoestaentuplanetaokease así que, chicos: misión cumplida. 
Me lo he pasado genial, de verdad, pero de momento vamos a dejar el mundo del fanfic una temporadita. 
Os contaré que durante estas diez entregas han ido pasando cosillas y surgiendo personajes a los que le he tomado cariño: pienso trabajar en ellos y que vuelvan a hacernos una visita. También he de decir que me encanta esto de hacer finales alternativos, así que lo mismo amenazo con volver al rollo, pero bueno, lo dicho, ya se verá. 
Espero que os lo hayáis pasado tan guay como nosotras y que se os haya quedado el mismo regustillo amargo que se me ha quedado a mí tras escribir el final. 
Ale estantianos, seguimos en directo. 
Gracias por venir. 
Besitos

4 comentarios:

Asunción Macián Ruiz dijo...

;_; Vaya fina, lloro mucho ay que estoy con feels. Muchas gracias nena, te quiero <3

Mimi Alonso dijo...

Y yo a tuuu ^^
<3

Marina andrés dijo...

Me encantó tu fan fic de Locki,buen trabajo.

Mimi Alonso dijo...

Gracias Marina!