miércoles, 26 de junio de 2013

Pandora's confidential: No me gusta Albert Camus


Hay veces que parece un sacrilegio decir que gusta tal autor o disgusta tal otro. Así que hoy quiero hablaros de uno que no me gusta, no porque a mi juicio no tuviera talento, pero vamos, que me cuesta digerirlo… 
Este año se cumple el centenario del nacimiento de este argelino, autor de obras como El extranjero, La peste, Calígula, frases célebres como “El buen gusto consiste en no insistir”, o ensayos como  El mito de Sísifo y Reflexiones sobre la guillotina, al que se le concedió el Nobel de literatura con cuarenta y cuatro años, notable edad.
Os diré que si buscáis info sobre él vais a encontrar un montón respecto a un enfrentamiento con Jean-Paul Sartre bastante polémico y también sobre la compleja personalidad que tenía, reflejada, tal vez, en su legado literario… Y aquí entramos en el tema.
Una de las cosas que más me llama la atención de este hombre es que tratando la filosofía a saco, parece carecer de un sistema filosófico. En su obra señaló con el dedo la humillación, la compasión y la solidaridad, diciendo que estos tres elementos son un reflejo fiel de la condición humana, pero luego, ¿qué pasó luego? Muchos han dicho que por eso trascendió y se merece todos los galones... Supongo que los años que separan la visión del joven Camus con la de un joven escritor actual, son argumento de peso para que no tenga muy claro eso de hacerle la ola, pero os puedo decir otro: el ansia de algunos artistas por decirle al mundo lo mal que están las cosas sin tirar de ingenio, utilizando argumentos deprimentes, exentos de gusto. Esto es un poco difícil de encajar así de pronto, pero me explico: creo que hay muchos modos de reivindicar, muchos modos de denunciar y hacer las cosas. Por ejemplo, a mí particularmente no me gusta que me dibujen un universo destruido, tierra muerta, un animal agonizando, etc. para decirme que hay que cuidar nuestros recursos. Me molesta sinceramente esa visión catastrófica, esa imagen que con suerte solo te va a revolver el estómago un rato, cuando desde mi punto de vista se puede evocar lo mismo currándotelo un poquito más, sin tirar de lo grotesco. 
No sé si las desgracias de su vida, la muerte de su padre, tener tuberculosis a los diecisiete, una madre sorda y analfabeta a la que adoraba (sí sí, esto también era una desgracia) en comparación con el resto de mujeres casi prescindibles, leer a saco a Dostoievsky, descubrirse obsesionado con la culpabilidad y nostálgico de la inocencia, tienen que ver con el producto de su musa, pero intuyo que sí, que eso es lo que le valió el Nobel, y sinceramente flipo. Para mí Camus podría ser un niño que sabe hablar perfectamente castellano, pero se inventa un idioma solo para él, se empeña en usarlo y luego lo pasa mal porque los demás niños no le entienden, por eso, pese a que visto desde otros ojos se dice de este autor que su objetivo fue imponer la solidaridad con todos los sufrimientos del mundo, y consagrarse a sus personajes para que reflejaran mejor las contradicciones y las bajezas humanas, me reafirmo.
No descarto que el problema sea mío, o sea generacional, o igual no he conseguido ponerme en sus zapatos, de verdad que no lo sé. Quizá dentro de unos años vuelva a leerlo y me mole, (errar es de sabios), pero de momento en fin… que no.


2 comentarios:

Ginés J. Vera dijo...

Es lícito que nos guste más o menos tal o cual autor. Por mi parte solo decir que me costó varios intentos terminar La peste. Tiene su aquel, quizá me pase lo que a ti, me pasará, quiero decir: acaso con los años vuelva a autores que ahora paso de largo. Buen artículo.

Mimi Alonso dijo...

Yo leí El extranjero y un montón de información extra (tesis incluida). No puedo añadir más que lo dicho arriba.