lunes, 1 de julio de 2013

Cuento número 49. Visión artística.



El mensaje que quería dar el artista era el más sencillo de todos: no sabía hacer arte. 
    Una aventura de tuberías, cables, chinchetas y botellas amarillas de lejía, rodeaban el maniquí de un hombre exento de brazo izquierdo. 
   Era su primera exposición: de acuerdo, pero aquello no tenía perdón de Dios, pensaba Carmen mientras sus compañeros de la Universidad Popular parloteaban eufóricos, rodeando la obra del fenómeno holandés que a nadie dejaba indiferente. 
   Fenómeno fenómeno... hombre, vergüenza ajena sí que daba, pero amén de eso no lo tenía muy claro... Meditó echándose a un lado para que otro, un tipo que se sujetaba la barbilla con sumo interés, viera lo que decían era una escultura.
   En el tiempo que llevó a Carmen dar una vuelta por la sala buscando algo capaz de emocionarle, el tipo siguió allí, solo que entonces se acariciaba la barba con otra mano. Hizo un leve movimiento de cabeza,  y al momento, un trabajador de la galería acudió raudo. 
   –Dieciocho mil comentó. 
   –De acuerdo respondió el trajeado que al fin volvía a moverse, esta vez para buscar una copa con la que celebrar su acierto de adquisición. 

  Aquella noche, mientras Carmen se sentaba al televisor, preparaba una ensaladilla rusa para el domingo. Los botes y latas vacíos se apilaban en el cubo de basura, sin orden ni concierto. 
   «Soy un diamante en bruto», se dijo escurriendo el de aceitunas La Española. 


Miriam Alonso

2 comentarios:

Ginés J. Vera dijo...

¿Microrrelato? Arte condensado en apenas un folio?
Mmm, estupendo.
Apetecible, delicioso.
Me has sorprendido, felicidades.

Mimi Alonso dijo...

¡Gracias! Que tú precisamente digas que te he sorprendido, para mí es un orgullo.
:*