domingo, 2 de febrero de 2014

Cada siete olas, Daniel Glattauer





No os podéis imaginar el subidón que me dio cuando descubrí que Contra el viento del norte, libro que me enganchó vilmente de Daniel Glattauer, tenía una segunda parte de la que vamos a hablar hoy.
Lo cierto fue que el primero no acabó nada bien, pero nada nada, a los que seguimos la historia en plan devorar el libro en una noche se nos quedó un gusto amargo, pero bueno, la cosa fue que leyendo la sinopsis de la segunda parte pareció que el asunto remontaba. Estuve buscándolo en formato físico desde entonces (cosa de un año) sin encontrarlo por ningún lado. Rendida comencé a buscarlo en digital y ¡olé!, lo encontré.
La lectura ha sido casi al mismo ritmo que con el primero: me duró dos días. No sé ni su ISBN ni cuántas páginas tiene porque mi reader (Sony) las cuenta un poco raro, pero bueno, en resumidas cuentas os puedo decir que perdida en sus más de doscientas, casi seguro, he encontrado:
-Correos electrónicos enviados y respondidos que me han hecho reír, me han emocionado, y me han puesto de los nervios. La gente es muy tontita y muy rara a veces.
-Una historia distinta a las que estoy acostumbrada a leer, con parejas distintas de esas que no me suelen molar porque no las tomo por reales. Amor compartido: la quiero a ella pero hablo contigo cada noche… No perdona, no. Yo soy más Pamela que Emmi.
-Una Emmi más soportable que en el primer libro, aunque muy pesada. Sigo pensando que es una pasiva dominanta de cuidado. Egoísta al principio, pero sorprendentemente justa al final.
-Una novela en la que el lector se ve atrapado ante todo por el morbo, por el “¿hasta dónde va a llegar este asunto?, flipo, todos sabemos que es imposible y ahí están estos dos imbéciles dándolo todo”.
Gente que no la hayáis leído, dadle porque amén de lo que os he contado, de eso que se percibe como que no mola, sí que mola. Es tan adictiva como la primera y tiene el final que estos dos capullos merecían.
Vais a hacer la ola, ya veréis, la séptima ola*.
¡Gracias!

*Muy bonita esa historia, por cierto. Ya me contaréis ;)

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