lunes, 29 de septiembre de 2014

Entrevista Gabriel Castelló, Princeps



Gabriel Castelló es uno de esos personajes que visita de cuando en cuando El estante para contar cosas de lo más interesantes. En esta ocasión su visita se debe a Princeps. ¿Qué es Princeps? Bueno, seguro que muchos ya lo sabéis, los que no, no temáis. Gabriel me ha concedido una entrevista donde podréis poneros al corriente de todo. No os la perdáis, además de la obra también tratamos temas super interesantes en estas líneas.
¡Salud!


M. Princeps arranca con el asesinato del César (Gayo Julio César) por parte de los libertadores… contundente. Parece sacado de un modelo de tragedia griega aunque el asunto sea romano.
G. La conjura para el asesinato de César es uno de esos episodios que, como bien dices, parecen sacados de una tragedia antigua. Ambición y envidia son siempre ingredientes peligrosos en almas perversas. César quería cambiar muchas cosas y los optimates más conservadores veían dichos cambios como una amenaza a su forma de vida…
M. Asesinato cobarde por otro lado, son 23 contra uno, y desarmado.
G. Sí, y eran 60 los conjurados, pero solo 23 tuvieron los suficientes bemoles de llevar escondido un parazonio entre su toga para participar activamente en el magnicidio. Para los llamados “libertadores” no fue un asesinato, sino un golpe de estado justo y necesario, aunque no tuviesen agallas para enfrentarse a él en igualdad de oportunidades.
M. También me ha llamado la atención el tema de la autopsia, no sabía que se empezaran a hacer tan pronto.
G. Ese pasaje lo recoge Plutarco. Parece ser que Antonio quería un cuadro exacto de cómo había muerto César para su cuidada escenografía(momento espectacular que aparece en las primeras páginas de la novela), así que le encargó a un médico un examen exhaustivo del cadáver para realizar una copia colosal en cera mostrando todas las heridas que poder mostrar al pueblo desde el estrado durante el funeral público del dictador.
M. Perdona que insista en esta parte, pero me sorprenden las determinaciones de Albino y Bruto… Cómo se las gastaban…
G. Creían que hacían lo correcto, y antepusieron la patria, la república y su concepto de libertad (que no era tal, pues eran los líderes de una oligarquía endogámica) a la amistad o el respeto de las leyes y las tradiciones, saltándoselas a la torera con tal de eliminar a César.
M. El Estigia vuelve a tener un papelón en tu obra. Se cumplió la profecía de las tres eses que comentábamos en otra entrevista…
G. Sí, siempre se cumple. No hay intriga en cualquier época histórica que no se vea adulterada o salpicada de épica, lujuria y violencia. En este caso que nos compete, habrás visto que las vidas privadas de Octavio y Antonio dan para un magazine de prensa rosa. Del esfuerzo y la violencia, qué te voy a contar, bregando en las aguas de Sicilia o padeciendo un calvario en las estepas del Azerbaiyán iraní, los protagonistas de esta obra cumplen a rajatabla la profecía. 
M. Crímenes pasionales y crímenes políticos. Depende del personaje que los observe es difícil diferenciarlos, ¿no?
G. La pasión y la política han estado siempre fuertemente imbricadas… Solo tienes que observar la trayectoria de Cleopatra, una soberana helenística de catálogo, para ver cómo despeja su camino sin temblarle el pulso, sean familiares o extraños.
M. Veo que la figura femenina es relevante por el trato a Calpurnia, por ejemplo, la desmitificación a Cleopatra, como comentas. Ahora bien: ¿el aspecto físico de la reina, por ejemplo, es el que tendría realmente?
G. Hay varias mujeres relevantes en esta intriga, destacando a Fulvia, la esposa de Antonio, y a Cleopatra, su amante de estado. La imagen que tenemos de la última reina de Egipto está muy distorsionada por la influencia del Antonio y Cleopatra de Shakespeare. Ni era tan hermosa como Liz Taylor, ni tan hierática como aparece en algunos guiones cinematográficos. La serie Roma de HBO sí que trató  de retratar una imagen más cercana a la reina. Era una mujer imponente, no por su belleza, lejos del canon actual, pues hoy no sería considerada una mujer atractiva, pero sí por su carácter, educación y encantos femeninos. Hablaba siete idiomas, había sido formada por los mejores preceptores de Alejandría (en aquel momento cuna del saber en todo el Mediterráneo) y educada para gobernar sin sensiblerías, con mano dura. Por eso sedujo a los dos hombres más importantes de su época, y trató de hacerlo con el tercero…
M. El foco de atención danza de Hispania a Italia, ¿podría considerarse coral tu novela?
G. Más que coral, que lo es, yo la consideraría viajera. Salto de escenarios para darle ese toque exótico que necesita todo relato épico que atrape. No solo Hispania e Italia, las costas de Sicilia y las Islas Eolias, Antioquía, Alejandría, las estepas de Media Atropatene, hoy el Azerbaiyán iraní, o los bosques de Iliria son otros escenarios importantes de la novela…
M. ¿Por qué crees que en muchas obras adaptadas por Hollywood nos ha “vendido la moto” en torno a detalles trascendentales de la historia? Hablo, por ejemplo, de cómo muere la reina.
G. Porque Hollywood se inspiró en Shakespeare, y el literato inglés fue, además de un genio de las letras, un genio de los negocios. Regentaba un teatro que tenía que llenar a diario, así que adaptó los textos de Plutarco al gusto de la época, cambiando ambición y falta de escrúpulos por el romanticismo que imperaba en sus días. De ahí la historia de amor de Antonio y Cleopatra, una de las más famosas de la historia, que tuvo más de acuerdo entre ambiciosos que de enamoramiento irracional.


M. En Princeps vamos a encontrarnos con personajes conocidos, y sin embargo, esta no es exactamente una continuación de tus anteriores Valentia y Devotio.
G. No, exactamente, como bien dices. Es lo que llaman los guionistas anglosajones un spin off de Devotio, pues comparte con mi anterior novela personajes comunes como Lucio Antonio Naso, Aulo Afranio o Sexto Pompeyo, pero relacionados con otros nuevos personajes principales como Octavio, Agripa, Marco Antonio y Cleopatra.
M. Octavio es, sin duda, uno de los nombres que más suenan pero no es el único, hay otros que por un motivo u otro regresan con ganas de dar guerra.
G. Hay una pléyade de secundarios de importancia, personajes cuyo concurso en la novela es indispensable, la enriquece y nos ayuda a entender el contexto: Marco Agripa y Mecenas siempre al lado de Octavio, Asinio Polión, Delio y Planco con Antonio, los libertos de Sexto Pompeyo, los cortesanos de Cleopatra, los aliados asiáticos de Antonio, etc…
M. También me he enterado que, en principio, tu novela no iba a llamarse así.
G. Así es. Cuando empecé con ella, la figura principal sobre la que iba a girar todo el relato era Sexto Pompeyo. Fue tal su vanidad tras sus tempranos éxitos contra el triunvirato que llegó a acuñar moneda en Sicilia haciéndose llamar “El hijo de Neptuno”. Así se iba a llamar la novela, pero inmerso en la recreación de aquellos convulsos tiempos me vi abocado a seguir narrando en paralelo el ascenso al poder de Octavio y Antonio y, una vez estuvo Sexto fuera de escena, a proseguir hasta el enfrentamiento final entrambos. Como pasa en los Inmortales, que solo puede quedar uno, pues así fue, solo quedó uno, el princeps, y de ahí deriva el nombre definitivo de la novela en el año del bimilenario de su muerte.
M. Pese a lo enrevesado que nos pueda parecer aquel tiempo tan lejano, hay un eco que nos lo hace casi próximo, casi familiar. ¿Crees que el ser humano repite su historia?
G. Es cíclico. Los motores de las intrigas siguen siendo los mismos. Codicia, envidia, lujuria… Leyendo muchos pasajes de Princeps te das cuenta de que vivimos en una Roma globalizada, con los mismos problemas que colapsaron aquella sociedad (falta de fe en los gobernantes, muchos de ellos corruptos hasta la médula, conflictos eternos que nadie detiene porque interesan a unos pocos con mucho dinero y afán de gloria, abandono del mosmaiorum, de las costumbres, falta de foco en lo importante y necesario en beneficio de subsidios y distracciones con lo absurdo, el panes et circenses de Juvenal, etc.)
M. ¿Qué escenario o campamento descrito en tu novela te hubiera gustado presenciar en primera persona?
G. Siendo sinceros, ninguno. No duraríamos ni un telediario en aquella época, nos hemos hecho muy cómodos y sin el espíritu de sacrificio de aquellas personas. Pero puestos a ver algo, una batalla naval entre quinquerremes tendría que ser espectacular…
M. ¿En tus novelas haces un homenaje a los vencedores o a los vencidos? Al César me remito.
G. En Princeps muestro la agonía de la república desde cuatro puntos de vista distintos para que cada lector decida. La historia la cuenta el que gana.
M. Princeps, permíteme que lo diga, es la joya de la corona. ¿Qué podemos esperar de Gabriel Castelló en adelante?
G. Ya estoy inmerso en otro trabajo, algo diferente que tengo fe que  va a gustar mucho. Se llama “Archienemigos de Roma” y es un ensayo divulgativo en el que muestro a los hombres y mujeres más relevantes que se enfrentaron a Roma en sus ocho siglos de historia. Biografías breves e ilustraciones exclusivas compondrán esta nueva aventura.
M. ¿Sabes que gracias a ti ahora sé más de historia, ok, pero también más de naves?... Quiero un trirreme.
G. La marina de la antigüedad ha sido muy poco tratada en ficción y ensayo. Fue un reto reconstruir el mundo de las naves de remo de época helenística, traduciendo libros en inglés sobre el tema, pues hay muy poco en nuestro idioma. Es cierto, resulta evocador recrear aquellas naves a remo, con su artillería, los golpes del cómitre, el personal de cubierta… Yo también quiero un trirreme.