lunes, 22 de septiembre de 2014

La vida siendo una chirimoya



Hola.
Muchos os preguntaréis qué estáis haciendo aquí, por qué entre todos los lugares que hay en internet, fuisteis a acabar en este, donde la cosa va de chirimoyas… Os aliviaré. No leeréis una novela frutal en estos apartados de El estante, tampoco la cosa va de nutrición (para interesados en el asunto, hay un magnífico blog que se ocupa de ello entre mis sitios favoritos, abajo a la derecha). Esta sección se dedicará a comentar todas las cuestiones que inquietan al ser humano. La cosa irá de miedos e inseguridades que a mí, chirimoya todavía en el mercado, me quitan el sueño de cuando en cuando. Hablaremos de felicidad, tristeza, vida y muerte, amor, filosofía, razón, funcionamientos cognitivos, sistema nervioso, estrés, fruterías, infinito, metafísica… todo desde la óptica chirimoyesca de una tipa tirando a normal, con estudios, familia y amigos frutescos que también compartirán sus movidas.
¿Por qué una chirimoya? Porque considero que no soy mala persona, que mi interior es blanco en su gran mayoría, aunque soy consciente de tener puntos negros, o pepitas, que están ahí casi desde mi nacimiento. También tengo celulitis y eso… a pesar de ser suave al tacto.
Empezamos pronto.
Yo me identifiqué con la chirimoya, pero vendrán a hacer macedonias alguna fresa, un kiwi, un par de plátanos, media sandía y unos cuantos melones.
Espero que la iniciativa os mole. Permaneced atentos. 


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