lunes, 24 de noviembre de 2014

Entrevista a Vicente Roncero.

Vicente Roncero es uno de esos placeres que ocurren por sorpresa. Así pues, un buen día, nos encontramos compartiendo caseta en la pasada edición de la Feria del libro de Valencia. Leí la sinopsis de su novela y pronto quise hacerle esta entrevista.
Me encanta que escritores de esta talla se dejen caer en El estante.
Leed y comentad sin miedo. Esta es de esas entrevistas que dan qué hablar (y pensar).
Gracias Vicente.
Salud.




M.: Nos presentas una banda de músicos y yo imagino una caja de bombones –alguno está envenenado-,  para ir mordisqueando con cautela, relato a relato. ¿Por qué este formato?
V.: Sí me permites, Mimi. No se trata de una banda, y sí de una orquesta. La diferencia está en que en el primer caso sólo aparecerían instrumentos de viento y percusión. En una orquesta, como es el caso, encontramos también instrumentos de cuerda. Hecha esta salvedad que no es más que pura deformación profesional (lo siento), me gusta mucho la comparación que haces con la caja de bombones. Estoy de acuerdo, es algo así como ir descubriendo distintos sabores relato a relato. Y no, no creo que ninguno de ellos esté envenenado, no al menos más que cualquiera de nosotros. Los personajes de mi novela no se diferencian tanto de aquellos con quien nos cruzamos cada día por la calle. En todo caso, ellos han decidido “vivir su vida” con todas las mayúsculas posibles, algo a lo que no todo el mundo está dispuesto. Tras su normalidad, su cultura, sus buenos modales, se derivan una serie de acontecimientos que los convierten en unos seres en los que el amor que sienten hacia ellos mismos, se transforma en la única guía de su comportamiento. Mis personajes poseen un potente diálogo interior; no hacen distingos entre sus virtudes y defectos, ambos conviven en ellos con la más absoluta normalidad.  
 
M.: El primer miembro de la orquesta ya impacta sobremanera…
V.: Supongo que te refieres a Esteve Alberola, un médico forense a quien el contrabajo le cambia la vida. Es el último en llegar a la orquesta. Vive su existencia con tanta privacidad, que nunca ha querido compartir su instrumento con nadie. Sin embargo, Stefano Porzio, el director de la “Orquesta Filarmónica del Paradigma Universal”, le convence para que se una a ellos en la interpretación de la Sinfonía nº 3 de Mahler. Creo que es un relato con un final feliz. ¿No te parece?  

M.: Hay algo en tus historias que me recuerdan a los cuentos más oscuros de Ian McEwan.
V.: Bueno, no sé. ¿De verdad crees que mis relatos son así de sombríos? En todo caso, mi intención es, siempre, tratar aquellos momentos que pudieran resultar más sórdidos, con naturalidad, con un cuidado que nos permita leerlos sin crispación alguna. Y no es una pose. Me gusta tratar cualquier asunto con la misma espontaneidad con la que podríamos hacerlo en la cola de un supermercado.    
No obstante, te agradezco el cumplido.

M.: La combinación de pasiones y horrores de tu obra está tan manifiesta que me hace cuestionar los valores del grupo contrapuestos al individuo. ¿En soledad, es el ser humano depravado en tanto se equilibra cuando se relaciona con otros?
V.: Creo que el ser humano encuentra motivos para el “desorden” en cualquier ámbito. Sólo es preciso abrir la página de un diario. No obstante, sí, mis personajes son solitarios por definición. Creo que todos los músicos somos personas solitarias, aunque no todos desarrollemos con tanta alegría, las “virtudes” de los personajes de “Para ellos, no tengo nombre” (risas).

M.: ¿Qué miembro de tu peculiar orquesta –de toda la orquesta- podría producirte más inquietud?
V.: El archivero, a pesar de que es el único personaje que no es músico, forma parte de la orquesta como responsable de su archivo. Él es quien ejecuta la trama; es quien pone en evidencia al resto y esto lo convierte, sin duda, en el más peligroso de todos. El resto se limita a vivir su existencia con mayor o menor acierto, como cualquiera de nosotros.

M.: Me percato de que casi todos los protagonistas a los que nos referimos son gente culta… ¿Este grupo no es casi distópico? ¿Qué te parece?
V.: Bueno, ellos son felices en su orquesta (donde podríamos establecer un cierto paralelismo con una sociedad bien organizada), en la que comparten no sólo su amor por la música, sino una forma particular de ver la vida. Claro que su acción produce sufrimiento a quien podríamos denominar sus víctimas. Sin embargo, ninguno de ellos tiene en cuenta este sufrimiento; no es la razón por la que actúan de este modo, ninguno busca herir o provocar el mal. No, de ningún modo. Simplemente, el sufrimiento que pueden infligir a los demás es el resultado de su manera de ver la vida,  nunca en un fin en sí mismo. La orquesta para los personajes de mi novela, podría ser, perfectamente, una sociedad utópica, donde todo es como debe de ser.  

M.: ¿Por qué relatos enlazados? Es casi como una trampa al lector esta novela tuya.
V.: Tal vez deba recordar que soy compositor. Así, la estructura, la forma que he dado a esta novela es la de una “Suite”. Una “Suite” en una forma musical compuesta de una serie de danzas (relatos, en mi caso), contrastantes, atravesadas por un tema, un leitmotiv que les da la unidad necesaria al conjunto. En “Para ellos, no tengo nombre”, esta “Suite”, estaría precedida de un Preludio (el relato correspondiente al archivero), y de una Coda final. Como ves, todo muy musical. (Risas). Desde el punto de la narración, entendí que esta forma daría la claridad y el protagonismo, a cada uno de mis personajes, que la trama requería. 

M.: Ha habido relatos que me han cautivado tanto como hecho carraspear. Tu obra está llena de temáticas complejas que también podrían catalogarse de incómodas. ¿Tiene el arte el deber de escandalizar?
V.: Todavía no sé muy bien cómo definir eso que llamamos arte. Durante unos años di clase en el conservatorio de “Música y creatividad”. En esta asignatura provocaba en las primeras clases la discusión sobre qué era el arte. Era muy interesante porque los alumnos llegaban, casi siempre, con una idea muy preconcebida, muy romántica, en algunos casos, sobre el arte. Después de unas clases en la que provocaba la reflexión sobre qué podíamos considerar arte y por qué, todo quedaba panza arriba y ya nadie  sabía muy bien cómo definirlo. Y sí, tal vez una de las funciones del arte sea la de remover las conciencias, hacernos reflexionar, sacudirnos de ese día a día que puede convertirnos en unos seres tan grises como algunos quisieran. Entiendo que perturbar, o molestar en ocasiones, debe ser uno de sus cometidos, aunque no creo que ésta deba ser siempre su razón de ser.

M.: ¿Qué reacción buscas en los lectores de esta obra en concreto?
V.: Difícil pregunta. Lo cierto es que nunca me plantee reacción alguna en el público que escucha mi música. Supongo que hay tantas reacciones en quien escucha alguna obra musical mía, como personas escuchando. Y este mismo planteamiento me sugiere mi primera novela. Tal vez, sí podamos decir que en su planteamiento general, pretende mostrar cómo el comportamiento del ser humano anda siempre tambaleándose entre esa línea que separa lo moralmente establecido y aquellas conductas que entendemos como erráticas.

M.: Respecto al continente, ¿por qué en primera persona?
V.: La primera persona es más real, más directa. Me siento mucho más cómodo escribiendo así. Creo que la sinceridad que transmitimos de este modo añade un valor irrenunciable al texto. Por otro lado, es cierto que es más complicado justificar ciertos momentos de la trama en los que el narrador puede no haber estado presente. Sin embargo, esto se convierte en un reto más para el escritor, que en mi caso acepto de buen grado. No obstante, en “Para ellos, no tengo nombre”, hay casi tantas “primeras personas” como personajes. 

M.: ¿Tienes pensado enfrentar nuevas temáticas en el futuro?
V.: Sí, claro. Después de “Para ellos, no tengo nombre”, va a ser muy difícil que deje de escribir. Ahora mismo estoy con mi segunda novela, y tengo las mismas sensaciones que cuando comencé a escribir la primera.

M.: ¿Dónde podemos saber más de ti y tu obra?
V.: En mi web, aunque está un poco anticuada. Allí podéis escuchar algo de la música que he compuesto en estos últimos veintitantos años, así como información sobre “5 Segles de Música a L’Eliana” un festival que dirijo en L’Eliana, mis publicaciones de carácter pedagógico…

M.: Ahora los balazos. Vamos con el priero. Dime un instrumento.
V.: El piano. (y la voz)

M.: Una obra musical.
V.: Difícil. Pero podría decir que cualquiera de las escritas por Bach.  

M.: ¿Con quién una birra?
V.: Con Woody Allen, seguro

M.:Un pecado capital.
V.: ¡Vaya! ¿Tú también te educaste en un colegio religioso? Creo que si he de elegir uno, me quedo con la lujuria. El primero de la lista según el orden del Papa Gregorio, quien, además, nos dejó su nombre para designar a la música gregoriana.    

M.: Si pudieras cenar con uno de tus personajes, ¿a cuál elegirías?
V.: A Clara Vallés, por supuesto. 

M.: ¿Qué libro hay en tu mesita?
V.: Dos. Ventanas de Manhattan, de Antonio Muñoz Molina; Noverint Universi, de Joan
Andrés Sorribes.

M.:¿Algo que no te haya preguntado y quieras añadir?
V.: Sí. Yo, como Stefano Porzio, el director de mi orquesta, también cultivo Bonsáis…  (risas).

M.:Un consejo a los que empiezan.
V.: Que comiencen ya…

M.:¿Te ha gustado la entrevista?
V.: Divertida, ágil. Y sí, me ha gustado. Además, ha sido una excelente manera de volver a reflexionar sobre mi novela “Para ellos, no tengo nombre”.
Gracias, Mimi.   


Gracias a ti, Vicente. Como ya te dije en su momento, ha sido un placer. 

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