viernes, 5 de diciembre de 2014

Pandora's confidential: Llorar bien y llorar mal.




Últimamente lloro mogollón. En serio, lloro mucho. No es que me despierte reseca por haber pasado una mala noche (esto fue, ahora ya no), pero tengo el grifo flojo. 

Antes de entrar en materia he de decir que siento con intensidad, pero no en plan “me rasgo la camisa”, ¿sabes? Soy más de querer mucho y odiar fuerte, aunque al cabo del rato se me pasa. Lloro constantemente y lo hago por puro estímulo. ¿Eso que dicen del arte que emociona?, pues yo lo corroboro: el arte me hace llorar. Lloro con un buen libro, leyendo relatos… Hay poca poesía que me saque la lagrimita, aunque también lloro con ella. Hoy mismo he detectado qué es lo que más me hace llorar, me explico, he advertido que tras centrarme en determinados textos, fotografías o videos, acabo con maquillaje de violada. ¿Un ejemplo?  Truestories o regalos desinteresados que cambian vidas (rollo el famoso anuncio de la lotería pero sin publicistas de por medio). ¿Otro? El niño humilde que agradece la tablet que le regalan sus papás, o la niña que descubre el baile y siendo diminuta, baila en un gigantesco escenario. ¿Más? Puedo mencionaros artículos de prensa, novelas ejemplares, más videos o casos donde se denuncia una injusticia y hay alguien dispuesto a mojarse para solucionarla; cosas de animales rescatados de la maldad humana, elecciones de vida, toma de decisiones, personas ayudando a otras personas, gente haciendo el bien, queriendo el bien. Eso me hace llorar. 

También lloro de dolor y rabia, que conste, también “lo llevo mal”. Aunque procuro que veáis buen rollo en lo que leéis por aquí o Facebook, lo paso como el culo de cuando en cuando. Hay quien me ha dicho que soy “luminosa” y yo me he reído en directo (o he puesto muchas equisdés), porque obviamente no me conoce, pero a pesar de mi lado menos amable aquí estoy, aquí sigo, peleando por el cambio. 

La gente, las cosas, no van a ser distintas por más que lo deseemos. Ellos no van a tenerte en cuenta, él o ella no va a regresar contigo, no se van a preocupar, no importas; tu infancia, quien te protegió, quien hizo realidad tus momentos felices, no volverá, tampoco los momentos. Estás solo, es un hecho. Rodeado de corruptos, de gente mala, aprovechada, vil, grandes hijos de puta de todos sexos oficios y tamaños, engaños, mentiras, egoísmos, impotencias, desgracias, pérdidas, muertes, robos, pobreza… Todo hechos, todo bajezas, todo traiciones. Tú no importas ¿no te habías dado cuenta? Solo eres alguien de quien obtener algo, eres un número, un sueldo, un horario. No vales para nadie, ni lo harás nunca, porque ¿sabes qué? No tienes nada…

excepto

a

ti

¿Quieres cambios? Sé el cambio. 

Perdona, ayuda, ríe, disfruta, pero hazlo porque de verdad te apetece, porque quieres hacerlo, no porque este texto, un libro o un tipo de Youtube te lo diga. Hazlo porque quieres llorar de alegría, volver a sentir, volver a emocionarte con la vida que no es como soñabas, pero tiene un fondo bonito. Hazlo por ti, vuelve a ser tu amigo. Llévate bien con ese que toma la decisión de respirar por ti mientras haces otra cosa. Hazlo porque el mejor amigo que puedes tener en todo este viaje eres tú: los demás, aunque compartan etapas de camino, deben recorrer el suyo propio. 

Igual se te ha olvidado, pero hay belleza en las cosas más sencillas, paz. Hay arte. Hay amor. Hay vida. 

Al principio no tendrás fuerza ni ánimo, seguirás jodido, no descansarás, no podrás respirar, la vida y el mundo dolerán demasiado, pero un día estarás hasta los cojones, te revelarás contra todo lo que te hace llorar a malas y querrás hacerlo a buenas. Lo demás, la alegría, las risas y todo lo bueno, volverá a partir de ese momento, a partir del cambio. 

No esperes que nadie venga a rescatarte. Rescátate y llora lo que haga falta, porque hacerlo no es malo, nunca lo ha sido.



2 comentarios:

Ginés J. Vera dijo...

Sin palabras. Bueno, una, sublime.

Mimi Alonso dijo...

Salud, Ginés.