lunes, 16 de marzo de 2015

Pandora's confidential: Matilde Asensi



Siempre me refiero a mis libros favoritos como “Top ten”, pero en realidad estoy mintiendo  porque tengo más de diez, y posiblemente de veinte, la gran mayoría novelas. En mi particular listado acaparan los primeros puestos títulos como La tabla de Flandes de Arturo Pérez-Reverte, Jane Eyre de Charlotte Brontë, Sangre y Oro de Anne Rice, Las flores del mal de Charles Baudelaire… y así podría seguir hasta el aburrimiento. Hoy he decidido hablar sobre El último Catón por un buen motivo; esperad y veréis.
Para empezar diré que Matilde Asensi fue la primera autora española que leí en narrativa no juvenil. Es curioso pero hasta entonces solo hubo hombres. Tenía diecisiete años, llevaba tiempo dedicada a devorar ejemplares propios y de la biblioteca cuando me lo regalaron. Había topado con pocos libros de ese tipo, uno en realidad, y siendo sincera me sentí engañada, así que justos por pecadores El último Catón estuvo calladito en mi estantería bastante tiempo.  
Hay cuatro personajes principales: Ottavia, religiosa directora del laboratorio de restauración en los archivos secretos del Vaticano, el capitán de la guardia Suiza vaticana, un egipcio profesor de arqueología, y el cuarto que no abre los labios en toda la novela (es el cadáver de un etíope que ha aparecido, con escarificaciones peliagudas, junto a tres trozos de madera) y lleva siete cruces marcadas en el cuerpo... La historia arranca cuando piden a la religiosa que descifre el significado de aquellos símbolos. Según avanza se descubre que los trozos de madera pertenecen a la Vera Cruz, y las escarificaciones, las cruces, etc., son cosa de un misterioso grupo conocido como estaurofílakes. Argumento apasionante que además tiene La Divina Comedia como clave para solucionar el enigma, pero no destaco esta obra por eso, sino por su mecánica interna. Aluciné leyéndola y sigo alucinando tiempo después con más conocimientos en este asunto de escribir, al suponer el trabajo de Matilde cuando planteó las escaletas de sus capítulos, la ingeniería de maquinarias realmente complejas y de materiales rústicos que, siguiendo su antiquísimo propósito, detuvieran el viaje de los injustos hacia el conocimiento y el Stauro. Lo dicho, no la he releído recientemente, pero sigo alucinada.
Creo recordar que cayó en dos días, y según pasaba páginas me ponía más nerviosa sufriendo con los personajes, temiendo que no superaran las pruebas, y en general, que el final no fuera a satisfacer mis expectativas. Sí lo hizo. Esta novela me ayudó a comprobar la magia de un libro en acción, apretando sin soltar.
He seguido la obra de Matilde y diré que ninguno de los libros que vinieron tras este me causó la misma impresión. Es lo que tienen las primeras veces.

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