lunes, 27 de abril de 2015

Cuento número 54. Caballerosidad.






Podría tirar de la RAE en busca de una definición más o menos correcta, pero es que el término es tan subjetivo además de danzante… Es una de esas palabras que, con el paso de los años, ha ido sufriendo mutaciones demasiado destacables; casi imposible darle un apunte compendiado e hispanizadamente correcto, o al menos válido para mí, que cabalgo el ego de la generación del ochenta y cuatro, últimos rebobinadores de cintas con boli Bic.
Si echamos mano de la historia -y dejamos de lado el sustantivo-, además del caballero cruzado, recibía este nombre otro tipo, el andante, que no pisaba su hogar ni muerto, en constante búsqueda de manceberías y gestas entrañables. Pero el término sigue mutando según se aproximan nuestros días. Encontramos otro, este también muy novelesco, que se viste de gala y practica la caballerosidad con cuantas damas, que no doncellas, nunca doncellas –estaba muy mal visto-, topa por la vida. Sus cosas son más de sacar a bailar a quien no tiene pareja, montar a caballo y parecer muy recio aunque elegante, escribir sentimentalísimas cartas de caligrafía añeja a una lacrimosa criatura, eternamente a la espera, entre bordados y florituras, de noticias de su amado, ¡qué romántico!...  Nuevo salto, nueva época. Aquí el caballero fuma gruesos habanos con sus colegas inversores del banco, y toma, elegante, una copa de Oporto, dejándose mecer por el cansino bamboleo de un transatlántico. Este caballero de éxito importa y exporta buscando fortuna al otro lado del mundo, en un nuevo continente que huele a ron, a negras bailando con escotadas y blancas prendas de algodón, a noches de calor abrasante.
Puedo seguir, tocamos a un tipo distinto por época, aunque puede hacerse largo. Me desvío del asunto, ya pienso en este relato como inapropiado, pareciendo la entrada de un libro de aforismos, sin ser breve ni doctrinal, solo odioso en comparativas y algo irónico.
Ya para finalizar, volviendo a lo subjetivo que nunca abandonamos, para mí la caballerosidad es, con diferencia, el que dejen que te corras primero. 

Mimi Alonso

lunes, 20 de abril de 2015

Pandora's confidential: Terry Pratchett






Hay gente, autores, que marcan mucho, marcan de verdad, nivel que te enteras de que les ha sucedido algo y te jodes el día. Llamadlo empatía, o como os dé la gana, pero yo, de verdad, que siento estas cosas muy fuerte cuando suceden. Por eso quizá he esperado que pasara casi un mes hasta escribir sobre ello.
Me dolió mucho la muerte de Terry Pratchett. Sé que no soy la única. Dentro de lo malo del suceso, me encantó presenciar emocionada, cómo los lápices y las plumas de medio mundo se levantaban para rendir homenaje, cada uno como pueda, a este gigante que hace un mes se marchó “por siempre”. ¿Por qué las comillas? Porque se ha ido, sí. Muchos no podremos cumplir ese sueño que teníamos de conocerle, de que nos dedicara un libro, pero irse, lo que se dice irse del todo, este hombre no se va a marchar jamás. 


Terry Pratchett creó un estilo único, inconfundible e irrepetible. Hizo que la fantasía se acercara incluso a los detractores del género (donde me encontraba hace años, justo antes de conocer su primera obra), obró muchos más milagros literarios, como pueden ser, por ejemplo, estar presente en la mayoría de hogares, en tapa dura o tapa blanda. Consiguió ser el autor británico más vendido por debajo de J. K. Rowling, otra gigante; se alió con Neil Gaiman para proyectos de esos que solo con descubrirlos te hacen exclamar un enorme “jo, jo, jo” y emocionarte toda pasando páginas… Hizo grandes cosas profesionalmente hablando… Pero las más tochas, las realmente enormes las hizo en nosotros, sus fieles, que encontramos dentro de sus libros ese remanso de trolls, golems, guardias, brujas y magos, que le faltaba al mundo que vivimos día a día.
Nos trajo la magia, estantianos, así de claro.
Propongo, escritorzuelos estantianos, que aunque sea solo por honrar su memoria, intentemos que los textos escritos a partir de ahora tengan un poco más de nivel, un poco más de estrella, un poco más de magia.
Propongo, lectores estantianos, que cojamos uno de sus libros disfrutándolo, y en la próxima cerveza que nos tomemos, nos acordemos de ese tío con barba blanca, gafas, y sombrero de cowboy, que parece que era un crack, además de Sir, y un gigante de las letras.
Salud. 






jueves, 16 de abril de 2015

Este domingo en la Feria del libro de Manises ;D

Pues eso, que el domingo por la tarde, bonitos míos, tenéis una cita en Manises conmigo (awyeah) y con mis tres chiquillos. Bueno, sobre todo con Euforia Forever, que asistirá lustrosa a su puesta de largo en tan molona ocasión.
Allí nos vemos, majos. No os la perdáis, porque es una feria pequeñita y cuquísima que la gente de Manises hace con todo el amor del mundo. Invitados quedáis :D