lunes, 20 de abril de 2015

Pandora's confidential: Terry Pratchett






Hay gente, autores, que marcan mucho, marcan de verdad, nivel que te enteras de que les ha sucedido algo y te jodes el día. Llamadlo empatía, o como os dé la gana, pero yo, de verdad, que siento estas cosas muy fuerte cuando suceden. Por eso quizá he esperado que pasara casi un mes hasta escribir sobre ello.
Me dolió mucho la muerte de Terry Pratchett. Sé que no soy la única. Dentro de lo malo del suceso, me encantó presenciar emocionada, cómo los lápices y las plumas de medio mundo se levantaban para rendir homenaje, cada uno como pueda, a este gigante que hace un mes se marchó “por siempre”. ¿Por qué las comillas? Porque se ha ido, sí. Muchos no podremos cumplir ese sueño que teníamos de conocerle, de que nos dedicara un libro, pero irse, lo que se dice irse del todo, este hombre no se va a marchar jamás. 


Terry Pratchett creó un estilo único, inconfundible e irrepetible. Hizo que la fantasía se acercara incluso a los detractores del género (donde me encontraba hace años, justo antes de conocer su primera obra), obró muchos más milagros literarios, como pueden ser, por ejemplo, estar presente en la mayoría de hogares, en tapa dura o tapa blanda. Consiguió ser el autor británico más vendido por debajo de J. K. Rowling, otra gigante; se alió con Neil Gaiman para proyectos de esos que solo con descubrirlos te hacen exclamar un enorme “jo, jo, jo” y emocionarte toda pasando páginas… Hizo grandes cosas profesionalmente hablando… Pero las más tochas, las realmente enormes las hizo en nosotros, sus fieles, que encontramos dentro de sus libros ese remanso de trolls, golems, guardias, brujas y magos, que le faltaba al mundo que vivimos día a día.
Nos trajo la magia, estantianos, así de claro.
Propongo, escritorzuelos estantianos, que aunque sea solo por honrar su memoria, intentemos que los textos escritos a partir de ahora tengan un poco más de nivel, un poco más de estrella, un poco más de magia.
Propongo, lectores estantianos, que cojamos uno de sus libros disfrutándolo, y en la próxima cerveza que nos tomemos, nos acordemos de ese tío con barba blanca, gafas, y sombrero de cowboy, que parece que era un crack, además de Sir, y un gigante de las letras.
Salud. 






No hay comentarios: