lunes, 21 de septiembre de 2015

RESEÑA Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta. Charles Bukowski



Bueno, pues hay autores que no sabes bien por qué, pero no te gustan, y obviamente, cuando estás estudiando algo de lo que ellos son representativos, y das con su nombre, pues de puestos a escoger entre sus libros, escoges el más corto, como me pasó a mí con el de poesía de Bukowski que había en la biblio.
Si pasamos por alto que de cada quinientas palabras que dice este hombre, una con toda seguridad será “cagadero; si hacemos como que nos interesa el tracto intestinal de los protagonistas de sus poemas, y otras tantas cosas super desagradables que lleva implícito el término “realidad sucia”, este libro no está mal.
Obviamente, el tío era un genio de las letras y en el poemario que ocupa esta reseña se hace más que manifiesto. Era un comunicador brillante que te hacía navegar donde gustaba y, quizá, ya había hundido el barco cuando tú, pobre idiota, quizá seguías pretendiendo entender el poema. Es muy bueno, sí señor, pero así, sinceramente y para que quede entre nosotros, este hombre creaba historias enormes de las que muchas dan puto asco, así os lo digo.
No sé si es que no me interesa la mierda (literal) de este tipo de autores o qué, pero quitando el ejemplo del alemán este, en lo que a comunicador se refiere, no os recomendaría el poemario a menos que se os revuelvan las tripas por la curiosidad.
Ale, a liarla por ahí.

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