lunes, 8 de febrero de 2016

La novia rebelde, Julie Garwood

Bueno pues "açó es mel de romer", que decimos los valencianos. Si bien el personaje sigue teniendo esa serie de ralladuras mentales típicas de las heroínas de novela romántica (hablo de esos momentos en que el tío le ha salvado la vida, besado en la frente, o lo que sea, pero ella sigue dudando que le importe lo más mínimo); he de decir que la historia es buena, está muy bien contada y me ha hecho pensar que los escoceses de época (1102 para concretar) eran unos cachondos. La cosa es que Jaime, inglesa, se ve obligada a casar con un escocés por mandato real. El escocés, que iba a ser un bárbaro de lo peorcito, resulta bastante majo, aunque también es machista, bastante.
No os cuento más, salvo que el personaje de ella me parece muy carismático y el de él, al final, es de esos a los que se le toma cariño.
Sí quiero comentar, más como reflexión en voz alta que otra cosa, algo que he observado en este tipo de novelas y me parece un poco erróneo. De normal, siempre la protagonista femenina tiene algo que la hace distinta a cualquier otra mujer, en el caso de Jaime, sus ojos violetas. Esto mola, por supuesto, pero en el momento que el lector le da por ponerse en la historia de verdad (mi caso, cuando imaginé que era yo la que pasaba por ese palacio escocés), te das cuenta que serías una de las sirvientas o algo, porque claro, de ojos violetas poco, y de pecas graciosas salpicadas como si estuvieran hechas a posta, mucho menos. ¿Por qué comento esto? Por ese mensaje entre líneas tan feo que a veces nos llega de historias como estas, algo que deja a entender que si no eres la más guapa, o tienes algo especial, haz cuenta que acabarás casada con el encargado de los establos, en vez de con el buenorro de turno. Entendedme, no estoy diciendo que las guapas no tengan finales felices. Lo que me preocupa es que alguna de esas mujeres tirando a maleables que sea fan de este tipo de libros, asuma que no puede tener pretensión alguna en el aspecto amatorio por considerarse poco especial. Las hay, doy fe, conozco unas cuantas.
Por otro lado, echo en falta a las protagonistas normalitas, chicas rubias o morenas, sin ojos mágicos ni leyendas heavys a la espalda. No sé, protas cotidianas, de esas que podrían hacer la compra en un súper de la época, sin enamorarse del primero que les haga caso.

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