martes, 23 de mayo de 2017

Entrevista a Óscar M. Prieto "40"

40 – Óscar M. Prieto


Miriam: Gracias por venir a este sitio de bien con tu nuevo libro. 

Óscar: Gracias por seguir por aquí y abrirme de nuevo las ventanas.

M.: He ido anotando preguntas según leía la novela, así que allá van, desordenada y locamente.

Ó.: Intentaré contestarte por orden pero no descarto del todo la locura.
 
M.: ¿Qué escritura haces, automática o meditada?
 
Ó.: ¿Automática? Decía Raymond Chandler que con el tipo de tramas que se escribían (hablaba en los años 40) no sería de extrañar que pronto las escribieran máquinas. En un capítulo de los Simpson creo recordar que salía una sala de guionistas de unos estudios de cine y al entrar eran todo monos sentados delante de pantallas de ordenador. No, no escribo automático, eso lo dejaré para cuando un psiquiatra me pida respuestas sin pensar. La diferencia entre la vida y la escritura es escribiendo tienes la oportunidad de meditar, de pensar cada verbo, cada acción, de volver atrás y de rectificar, de corregir. Para escribir prefiero aprovechar esa ventaja y dejar la espontaneidad para vivir.

M.: Sospecho que el nombre del protagonista está relacionado con el que le has puesto a tu blog, ese universo tan tuyo. Háblame de él.

Ó.: Te refieres a Patacosmia. Una aventura feliz en la que me lo pasé muy bien descubriendo y creando ese universo surrealista y libérrimo, de palabras e imágenes. Pero no, el nombre de Cosmo nada tiene que ver con ello. En realidad viene de una serie de televisión, una que me ha hecho pasar muy buenos ratos, Senfiel, en la que uno de sus personajes se llamaba Cosmo Kramer. Creo que esto no tiene demasiada importancia, quizás por eso sea necesario contarlo.
 
M.: ¿Por qué tus personajes tienden a sufrir problemas cardiacos?
 
Ó.: ¡No me había dado cuenta de ello! Pero es cierto, Palmer y Cosmo y también en parte Aldous tienen algún problema cardiaco. Es más, Palmer fue trasplantado y tiene un corazón de mandril. Es curioso, sí. Los tres son personajes andan un poco perdidos y supongo que el reflejo de uno mismo en el cristal de la lámpara de un quirófano debe de ser una imagen poderosa, persuasiva, para comenzar a buscarse.
 
M.: Leyéndote sospecho que uno de tus escritores es Cortázar. ¿Qué otras obras te inspiran?

Ó.: Bueno, creo que no hace falta ser Jessica Fletcher para descubrir que Julio Cortázar es una de mis pasiones. En “40”, le tributo un pequeño homenaje y su Horacio y a La Maga, que quedaban sin quedar, sin fijar hora ni lugar para la cita.

Portada de 40
40 por Óscar M. Prieto (ISBN: 978-84-16613-64-9) editado por EOLAS ediciones

Un escritor debe ser primero un apasionad lector. Sólo así se aprende. Y se aprende de los libros buenos, pero también de los malos. Con los años he ido conformando un círculo más íntimo de escritores a los que visito con frecuencia y con placer. Es un grupo heterogéneo que incluye a los trágicos griegos, a Montaigne, a mis queridos surrealistas, como Crevel o Viant, a algunos eslavos que siempre me sacan del camino, Pavic y Danilo Kis, no faltan italianos, Pavese, Calvino, Erri de Luca, me gustan los franceses, Michaux, Michon,… En mi lengua materna casi todos y Borges siempre. Lo importante es leer, aunque sean prospectos de medicamentos a su Horacio.

M.: Vaya tela con el primer capítulo. Cuando uno pensaba que no había nada peor que terminar un día en las urgencias de un hospital, va y resulta que sí.
 
Ó.: A veces nos quejamos por un catarro sin darnos cuenta de que hay cosas mucho más graves. Tenemos tendencia a resaltar lo malo que nos sucede sin poner en el otro platillo de la balanza todo por lo que deberíamos considerarnos afortunados. Como no sabemos que nos puede suceder mañana, hay que aprovechar cada instante y vivirlo con ganas. De esto va la novela. Pero bueno, al final, eso que tú dices todavía peor del primer capítulo, no fue tan malo, al contrario, fue una suerte para Cosmo. En nuestra mano está convertir aquello que nos viene en una oportunidad.

M.: Hay un montón de saltos temporales en la novela. Muy precisos y detallados...
 
Ó.: Sí, siempre me han divertido los saltos temporales, me parecen una forma muy interesante de contar una historia. Creo, además, que son más fieles a la realidad, porque la realidad nunca es lineal y mucho menos nuestras vidas. Vivimos saltando constantemente del presente al pasado, del pasado al futuro, del recuerdo al objetivo, de la nostalgia al deseo. Pero sí, es cierto que en “40” he sido un saltarín en el tiempo. Siempre es arriesgado, así que me alegro que a ti te hayan parecido precisos y detallados.
 
M.: De un apasionado encuentro, a un hospital y luego a una comisaría, pobre Cosmo.
 
Ó.: Para nada pobre, al contrario, yo diría afortunado Cosmo, porque todos esos acontecimientos repentinos, inesperados, le sacaron de la rutina de una vida fácil, blanda que ya le aburría, le pusieron en movimiento, le despertaron. Afortunado porque supo darse cuenta a tiempo de que la vida es riesgo y aventura.
 
M.: Cosmo odia la novela histórica ¿y tú?
 
Ó.: He aparcado los apuntes de Historia para contestar a tus preguntas. Tengo examen el jueves. Yo no odio la novela histórica, pero creo que como género literario provoca efectos perniciosos. Hace daño a la Historia, a la Literatura y me temo que también a los lectores. Si me interesa algún episodio o alguna época histórica, prefiero leer un buen ensayo.
 
M.: Cosmo tiene citas con el destino. ¡Qué peculiar!
 
Ó.: Todos tenemos citas con el destino, con nuestro destino. Por destino no entiendo algo escrito antes, nada predeterminado. Cada uno tiene su propio destino y es único, irrepetible e intransferible. Somos nosotros mismos quienes lo vamos escribiendo con cada decisión que tomamos, sólo nosotros somos responsables. En “40” el destino es junto a Cosmo el protagonista, porque al final son uno y el mismo.
 
M.: Otro de los destinos de Cosmo es la aurora boreal, ¿por algo en concreto?
 
Ó.: La aurora boreal es uno de los espectáculos más sobrecogedores que se pueden contemplar. Es tan grandiosa que nos da la medida de nuestra pequeñez y al mismo tiempo la alegría de disfrutarla. La vida nos hace regalos cada día que no cuestan dinero: el silencio de un bosque, las nervaduras en las hojas de un repollo de berza, un sendero de hormigas, la quietud de los árboles, la corriente de un río, las estelas que dejan los aviones en el cielo… Todo al alcance de todos, si abrimos los ojos.
 
M.: Hay un cambio narrativo importante respecto a "Love is game" o "Berlín Vintage". ¿A qué se debe?
 
Ó.: No sé si se trata de un cambio, quizás de una evolución. No se debe escribir siempre la misma novela. Hay que salir de las sendas que ya han sido transitadas. Qué aburrido sería siempre lo mismo, para mí y para los lectores. Pero sí, “40”, es una novela diferente.
 
M.: Y acaba el capítulo III con una bofetada, justo cuando habíamos olvidado a Gestas.
 
Ó.: De eso se trataba. Somos seres precarios. Creemos que sabemos pero ninguno sabe lo que le puede suceder cada mañana al salir de casa. Nos gustaría conocer todas las claves pero, como las ignoramos casi todas, deberíamos aprender a afrontar lo que nos llegue, a aceptarlo y devolverlo al mundo mejorado. Es así como nos hacemos dueños de nuestro destino y sólo por esto debemos rendir cuentas.
 
M.: El Aleph de Borges, también es importante en esta obra, eso y la capacidad de dar nombre a las cosas.
 
Ó.: El Aleph es “donde se encuentran, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Así lo dice Borges y así nombré a un minúsculo trocito de monte de mi pueblo, en el que he plantado árboles y donde he escrito esta novela. En el Aleph y en Roma. Nombrar es la facultad que tiene el ser humano para aprehender la realidad.
 
M.: Hay cambios de narrador y de objetivo en el texto. ¿40 refleja tu nuevo estilo?
 
Ó.: En realidad no hay cambios de narrador en la novela, siempre es el mismo, lo que cambia es la persona. Es un narrador que comienza contando en tercera persona, para pasar después a la segunda persona y finalmente concluir hablando en primera persona. No se trata de un juego literario, en ello está parte de la esencia de la novela. Sobre si refleja mi nuevo estilo, qué quieres que te diga. Todas mis novelas han sido muy diferentes entre sí y supongo que la siguiente también lo será, aunque en todas creo que se puede escuchar la misma voz.
 
M.: Las ocho últimas páginas son de angustia pura y dura. A las 2:54 de la madrugada y seguía leyendo.
 
Ó.: Si he logrado que el lector, tú como lectora, llegues a las últimas páginas y sigas leyendo de madrugada porque no lo puedes dejar, porque necesitas saber qué va a pasar, entonces me doy por satisfecho, aunque a ti te haya costado levantarte al día siguiente.
 
M.: Me quedé con ganas de saber por qué alguien no le pagó el desayuno a otro alguien y qué fue de ella, ¿puede haber un spin-off en proceso por ahí?

Óscar M. Prieto
 Óscar M. Prieto (web)

Ó.: Bueno, aunque habían apostado un desayuno, nadie lo pagó porque se tuvieron que ir pitando a urgencias, parece una razón justificada. En las novelas no es diferente de lo que sucede en la vida, hay personajes que aparecen y luego se van.
 

M.: ¿Hay algo que quieras comentar y no te haya preguntado?
 
Ó.: Sí: SALVEMOS LA PLAZA DEL GRANO.
 
M.: ¿Qué proyectos hay para el futuro?
 
Ó.: Estoy con mi próximo libro, que será el libro de familia, porque me caso el 2 de septiembre.

martes, 9 de mayo de 2017

Reseña de 40 - Óscar M. Prieto

Hay libros que no dejan indiferentes y bueno, esto es en esencia el efecto que deben producir. Dicen que si sales ileso de un libro es que nunca entraste. Yo, a mis treinta y pocos, he entrado en 40, quizá porque el autor tiene una narrativa que envuelve o puede ser porque echaba en falta esas historias tan de Óscar M. Prieto. Minimalistas pero que a un tiempo son capaces de envolver universos enteros. Muy en referencia a esto encontramos el nombre del protagonista, bautizado como Cosmo (en referencia por yo lo digo, conste, el autor no señala nada al respecto). Cuando la historia comienza, está a punto de cumplir los treinta y nueve. 40 narra el viaje macabro en ocasiones, tortuoso en otras y de belleza extravagante que sucede en esos días que separan una fecha de otra.


40 por Óscar M. Prieto (ISBN: 978-84-16613-64-9) editado por EOLAS ediciones


Muy intenso y en ocasiones estremecedor, unos contrapuntos cuidados entre el protagonista y el destino, entre escenas que dejan al lector con la boca abierta, otras que indignan y las que provocan cierta ternura e incluso complicidad con este personaje tan peculiar al que no cuesta ponerle cara.

Lo recomiendo, por supuesto.

Todos los libros de Óscar son distintos y creo que no podría decidir un favorito, pero creo que en este hay una gran apuesta que merece ser reconocida y alabada, en Madrid, León, España, Francia en una cafetería desierta o en el mismísimo Aleph del protagonista.

Salud.

domingo, 30 de abril de 2017

Sant Jordi, la semana loca y La máquina de besos.

Bueno, pues aquí estamos después de una temporadita fina, fina, en la tranquilidad de mi casa compartida con Ximo, en el sofá, con nuestra gatita Morgana maullando perdida de celo, y con los pies en alto (yo, no la gata), porque al fin tengo un ratito para sentarme a teclear tranquilamente y hablar de lo transcurrido estas últimas semanas.
Ha sido una locura, así: literal y tópico. Una locura intensa que dio su pistoletazo de salida el pasado día 15 de abril en el evento Mecánica Steampunk de Ponferrada, llevándome luego a la feria del libro de la misma localidad, de viaje León-Valencia, a la Feria del Libro de Valencia, a la llegada de mi nuevo libro con Manuel Lermas Almas de vinilo y a mi primer Sant Jordi en Barcelona, todo esto en una semana.
Claro, así a simple vista parece poca cosa, pero si le sumas que durante esa semana llegó mi familia a casa para pasar juntos las vacaciones de Semana Santa y todos en general nos volvimos muy locos y dispuestos a viajar lejos, lejos, para mojarnos en una cascada, a hacer procesiones paganas con otros tantos cientos de personas, a dormir lo justo y beber lo menos, pues oye, todo coge un tonillo intenso que te deja agotada, con la lengua fuera, despeinada y diciendo “laaaaaa madre’l cordero vaya semanita”.
Pero ha molado. Ha molado mucho.
No entraré más en detalles personales y sí en los literarios, que es lo que nos ocupa en este lugar de bien, así que ya os relato la crónica de esa primera vez en la feria donde todos los escritores quieren estar: Sant Jordi.
Seis de la madrugada, suena el despertador, Raúl, Luis y yo bostezamos muy fuerte (cada uno en su habitación y tal) y chocándonos por la casa desayunamos para poner rumbo a Barcelona. Nos ampara la noche durante un ratito. El amanecer nos encuentra escalando el país por la N340, esquivando peajes con elegancia. El sueño reaparece en el asiento trasero del coche, en el que voy hecha un ovillo pensando en la suerte que tengo al poder estar ahí mismo, en ese coche, mi coche, para cumplir el sueño de ver lo que considero la fiesta del libro más grande de España. Mis acompañantes hablan bajito, susurran historias que les fueron sucediendo hace mucho tiempo. También ellos se sorprenden de cómo las cosas cambian, mientras dejamos Port Aventura y su montaña rusa gigante a un lado en nuestro imparable ascenso.
Ya se ve el mar desde hace rato. Ellos, gentes de montaña, lo disfrutan de una forma que conmueve. Yo ya conocía la costa catalana, pero eso no quita que la siga considerando una de las más bellas en este feliz reencuentro.
Poco tardamos en ver la urbe gigantesca que nos recibe escondida tras grandes torres de oficinas, en carreteras de cinco y seis carriles que casi dan miedo al verlas tan grandes. Siguiendo los consejos de Siri, llegamos a destino. Bueno, primero llegamos al aparcamiento.
¡Ya estamos! ¡Ya estoy! Super nerviosa, super contenta y super sorprendida de ver la cantidad de rosas y libros que hay por la calle. Me enternezco toda porque me parece una maravilla (y ahora, después de haberlo vivido de cerca, todavía más). Vale que sea el día, vale que quien compra libros habitualmente no compra en Sant Jordi, vale lo que quieras, pero Barcelona, ya preciosa de por sí, está más guapa este día de abril.
En el stand de Escarlata, caras conocidas, reencuentros y abrazos: Lorena Pacheco (de la que me declaro fan porque no puede molar más) y Ash (idem de lo mismo) esperan junto a otros nombres familiares a los que al fin pongo cara. Son compañeras: Violeta Otín, Ester Pablos y otras que me dejo.
No sigo contándoos lo fantástico que es poner unas fotos del almuerzo con café y PAN TUMACA (así, en mayúsculas para fastidiar a los que se piquen) y que aparezcan conocidos a contarte que te han timado, pasando de eso (xD). Volveré a la feria porque a pesar de que el stand no estuvo situado en el mejor lugar, vimos movimiento, hubo mucha gente que se detuvo a interesarse por las obras que firmábamos y en general, Barcelona se mostró tan culta y emblemática como recordaba en mis muchas visitas al Salón del Cómic y del Manga. La gente encantadora, educadísima, colaboradora. Las mesas (no solo la de Escarlata) a rebosar de personas decididas a tomarse el tiempo de escuchar, de pasear, de disfrutar del sol y los libros. Y una, la que escribe, que estaba por primera vez mimetizada con el paisaje mientras Sant Jordi le daba cañita al dragón, flipando con cuanto veía y deseando experimentar mucho más: más libros, más firmas, más arquitectura, más cultura.  

¿A qué viene este post? ¿Por qué si ya ha pasado una semana? Lo he escrito porque os recomiendo muy fuerte que vayáis el año que viene, escritores y lectores: vale mucho la pena.


El regreso a casa fue con el atardecer, La Sagrada Familia caliente en las retinas y la impresión de que tanto para mí como para mis compañeros de viaje y mis compañeras de firma, fue un día grande.
Salud. 





jueves, 30 de marzo de 2017

Especial 3 La máquina de besos: La ambientación.


Si a día de hoy Londres es una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, coincidiréis conmigo al pensar que en el siglo XIX era lo mismo pero elevado a la máxima potencia.
He ambientado la historia en el victorianismo medio, cuando fue celebrada la auténtica Gran Exposición (que yo he llamado la Exposición universal en la novela), en plena época de industrialización y cambios sociales tales como, por ejemplo, los relacionados con la mujer (aunque el hombre seguía siendo protagonista de la escena absolutamente), que a pesar de seguir sin derecho a voto, consiguieron, entre otros, el derecho al divorcio. Esto que ahora nos suena tan normal en aquella época era cosa tensa, principalmente porque la sociedad estaba más encorsetada que la propia reina. Había prejuicios potentes relacionados con la moral, también se le daba gran importancia al tema del ahorro, el afán de trabajo, etc. Era muy importante el tema de los deberes de la fe, o cosas como descansar los domingos. Te podían echar a los perros si te veían currar a destiempo… Ya ves.
Me vino bien cómo funcionaban las mujeres de buena posición entonces, sobre todo para Charlotte y el desarrollo de la actividad de Las ánimas. Aquello de pertenecer a lugares privados, moverse entre bambalinas: sí, todo eso. También estuvo bien para justificar en cierta manera la reacción social ante el escándalo del palacio, o cómo se trata a Lord Arlington y todas esas cosas. Imaginaos, si a Oscar Wilde le condenaron a trabajos forzados por las sospechas sobre su homosexualidad, la cosa podía haberse puesto fatal ante una denuncia por poner en peligro la integridad colectiva.
Algunos me habéis dicho que Gary da un poco de pena por aquello del trabajo temprano. Bueno, pues en la época era totalmente normal, y eso que en esta ficción concreta existían artilugios y cosas que ayudaban (no he descrito ninguna máquina a parte de la de besos profundamente en la novela, salvo la estructura externa de los andamios del palacio y el mecanismo para retirar las planchas).
En determinado momento sabéis que la ambientación cambia: pasamos de una sociedad de lo más relamido a otra que es prácticamente agraria todavía, de hecho, a excepción de ciertos edificios, bancos, balnearios, palacios y gentes de bien, Valencia podría ser un pueblo grande. Amurallado, eso sí.
Me gusta mucho, muchísimo leer que olisteis el mar cuando Lord Arlington llegaba a esos puertos tan especiales, o la vegetación mientras viaja a ese lugar que todavía no desvelaremos por respeto a los que siguen leyendo o leerán la novela. Me gusta un montón. Es como que se cumple el cometido de todo autor que quiere comunicar algo al público.  













miércoles, 29 de marzo de 2017

I Congreso de novela de Valencia

Como digo muchas veces, en ocasiones las imágenes valen tanto como las palabras, así que vamos a abreviar hasta que desarrolle mi reseña del evento, muchachos.









lunes, 13 de marzo de 2017

Especial 2 La máquina de besos: Los personajes.

Especial La máquina de besos 2. Los personajes. Me encantan las novelas con personajes que podrían pasar perfectamente por reales. Siempre he tenido problemas a la hora de creerme que alguien, sin ningún motivo de peso, abandone su vida para dedicarse a perseguir algo porque sí. No, mis personajes principales no siguen esas pautas. Sus motivaciones, con mayor o menor relevancia, están bien definidas. ¿Hablamos de ellos? Empezamos con Lord Daniel Arlington. Es el heredero de los altos hornos británicos que decidió dejar de lado la empresa familiar, para dedicarse por completo a la ciencia y en otro nivel, a la arquitectura. Desde que tiene uso de memoria ha levantado envidias por su inteligencia y haber decidido vivir su vida como quería en realidad. Tiene un punto apasionado, casi infantil, pero exceptuando esto podríamos decir que el Lord disfruta en su rareza, convive con su ingenio. Este personaje es todo lo que un hombre algo excéntrico y alejado socialmente puede ser. Ahora le toca el turno a Charlotte Walls, hija de un doctor en medicina que parecía tener serios problemas mentales. Se trata de una pelirroja inteligente y desgarbada, que ha vivido sus veinte años de edad encerrada en la mansión familiar sin ningún espejo a la vista. Esta privación de toda referencia externa la ha convertido en un personaje extraño, de estilo anticuado incluso para el Londres victoriano. Si tuviera que compararla con otro personaje literario, diría que es una especie de Jane Eyre. Me gusta Charlotte. Admiro su fortaleza. Lucas es el cochero del Lord, pero también una especie de padre para él. Sucede lo mismo a la inversa: el cochero tiene consideración por Daniel más allá de lo que estipula su relación laboral. Es un hombre de más de sesenta años, canoso y discreto, de esos que alguien arrogante tomaría por un ser sin significación alguna, pero que esconde sombras y secretos enormes. Creo que las motivaciones de Lucas son de lo más justificadas. Ya me diréis vosotros. Está inspirado en todas esas figuras que imaginamos conduciendo una calesa, tapados hasta la nariz, realizando los servicios más urgentes y secretos a medianoche. Gary Olsen. Para hablar de este chaval voy a citar la fantástica reseña que me hizo Erial de la obra (luego os dejo el enlace para que podáis leerla http://ennemidusommeil.blogspot.com.es/2017/03/la-maquina-de-besos-resena.html?showComment=1488872348525): “Gary Olsen, un chico humilde que conoce al lord en la obra del palacio, cuando vuelve para revisar qué fue lo que falló en la estructura (…). Es casi un comic relief, pero también nos llena de ternura —y ganas de matarlo/abrazarlo por su impertinencia, a veces”. Erial tiene razón. Gary, desde el principio, estuvo diseñado para ser lo que no eran todos los demás personajes: espontáneo, cabezota, simpático y guerrero, un chico de los que emocionan y se dejan querer. Protagonista, no obstante, de una de las partes más oscuras de la novela. Por último os voy a hablar de Las ánimas no como personaje, si no como entidad. Esta secta lleva actuando en Londres más tiempo del que pueda recordar nadie. Su misión es… Bueno, creo que no os voy a contar más sobre los personajes. Mejor los descubrís por vosotros mismos. Solo debo añadir que he dejado muchos sin mencionar y que la misma Londres, o el puerto valenciano de zepelines donde se traslada la acción de la novela, así como tantos otros escenarios podrían considerarse personajes por sí mismos. Esa es parte de la gracia de esta ambientación con toques steampunk, que recurre a escenarios conocidos y los adultera lo suficiente para darles ese tono tan chulo y misterioso. Eso, quizá, toque para el próximo especial. Como no soy de ponerles cara a los personajes (me gusta no pisar la imaginación del lector y que cada uno imagine sus propios protagonistas), os dejo por aquí unas cuantas… http://www.escarlataediciones.com/producto/lamaquinadebesos/









martes, 7 de marzo de 2017

Especial 1 de La máquina de besos: El palacio de cristal


El palacio de cristal de Londres, o Crystal Palace, construcción en la que me he inspirado para crear el que aparece en La máquina de besos, fue erigido con motivo de la Gran Exposición del año 1851 (diez días oficiales de expo, ya ves). Como ha ido sucediendo a lo largo de la historia con otros palacios, este también fue trasladado poco después de terminar el evento (seis meses), aunque no viajó más que al distrito vecino, Sydenham Hill, bautizando la nueva zona con su nombre. 



Podríamos pensar que solo albergó la Gran Exposición, pero no es cierto para nada. Durante los años que se sostuvo en pie, el Crystal Palace fue escuela de arte, ciencia y literatura, además de tener su rinconcito de herbolario y dejar hueco, también, para ser sede de la escuela de ingeniería. 
Lamentablemente en noviembre de 1936, una explosión provocó el final del sueño, haciéndolo arder hasta los cimientos. 



Os diré que uno de los testigos de la devastación que lo destruyó en cuestión de horas fue el mismísimo Winston Churchill (el político británico que tuvo un papelón en la Segunda Guerra Mundial, sí: ese mismo). También, que a día de hoy de aquella maravilla solo queda un pequeño arco, brillando con el esplendor de un tiempo que no regresará, y que existe, donde estuvo, un parque que se llama el Crystal Palace Park (vamos, el parque del Palacio pero sin Palacio). 


También, y ya para terminar, os contaré que el palacio que hay en el Parque del retiro de Madrid, está inspirado en este que nos ocupa. 


He estado allí un montón de veces y cada vez que puedo me escapo para verlo de nuevo. Un día me voy a encontrar con Lord Arlington y Charlotte, plano en mano, buscando respuestas, estoy convencida. 



Hasta aquí este primer especial La máquina de besos, donde os iré contando, semana a semana, detalles que me ayudaron a escribir la novela, escenarios y cosas que, si os gusta esta ambientación tanto como a mí, vais a disfrutar mucho.  






Salud. 

jueves, 23 de febrero de 2017

La máquina de besos YA A LA VENTA

Hola estantianos. 

Ha llegado el día, ¡al fin! Ya está disponible La máquina de besos. 
El título, la novela, que sale a la venta hoy, se une a las otras publicaciones que ya me conocéis.
Voy a hablaros de ella.
La máquina de besos comienza con el alboroto que puede darse en un salón a rebosar de intrigadas damas y caballeros de época. Tienen la mente abierta, no son personas comunes, no pueden serlo, dado que están en el Palacio de Cristal, a punto de inaugurar la Exposición Universal que ese año se celebra en Londres.
El edificio ha sido construido por Lord Arlington, un heredero de los altos hornos británicos que decidió dejar de lado la empresa familiar, para dedicarse por completo a la ciencia y en otro nivel, a la arquitectura. Aunque el favor que se le ha brindado dejando que inaugure la  Exposición y presente su ingenio antes que otros compañeros ha levantado envidias, allí está, sobre el escenario, deseando mostrar a aquellos hombres respetables, en qué consiste su
Máquina de Besos.
Lo peor que le podría pasar en ese momento no es que la máquina falle, ni mucho menos; lo peor es que enormes planchas de cristal del techo de su palacio, -a pesar de haber sido seleccionadas y tintadas son esmero, para producir un juego de luces cuando el sol roza el mediodía-, comiencen a desprenderse y caigan sobre el público, desatando el caos.
A partir de ese instante la reputación de Arlington, que había estado en alza, cae con desenfreno. Incluso llega a ser tachado de loco por intentar demostrar que hay algo extraño en ese incidente, algo que no cuadra, un error que tampoco encuentra revisando hasta la extenuación sus planos.
Dicha sospecha le llevará de vuelta al palacio, para echar mano de amigos que ya no lo son, a fin de inspeccionar las planchas de cristal y la estructura desde cerca. Quizá por esa amistad ausente, o por el deseo de ver hundida a una de las promesas del sector, consigue el permiso del señor Sterling.
Es ahí, caminando a más de veinte metros de altura sobre cristal resbaladizo, cuando el Lord descubre cosas tan importantes como que, efectivamente, él no ha tenido la culpa de que las placas cayeran al suelo: los materiales han sido manipulados tal vez para incriminarle en lo que podría haber sido un asesinato. Por último, encuentra en ciertos cristales tintados un mensaje oculto que solo puede leerse en determinado momento, cuando el sol cae sobre la ciudad de Londres y la luz entra por el costado del palacio, proyectando palabras en el suelo.
El empeño por descifrar este extraño mensaje escrito en latín, hace que el Lord se encuentre con el personaje protagonista femenino de esta historia: Charlotte Walls. La muchacha, hija de un doctor en medicina que parecía tener serios problemas mentales, es una pelirroja desgarbada que ha vivido sus veinte años de edad encerrada en la mansión familiar, sin ningún espejo a la vista.
Pronto entrará a formar parte del equipo que compone el Lord junto a su cochero y un pequeño ratero de Whitechapel.
La investigación no tarda en hacer que se estrechen lazos en el grupo. Si bien algunos componentes desarrollan el sentido de la amistad como no habían conocido hasta el momento, otros son presa de sensaciones muy intensas, que por falta de experiencia y tacto, no saben relacionar con el romanticismo.
Mientras el grupo trabaja, aparece en escena un nuevo personaje, uno colectivo y complejo, tan discreto e invisible como un fantasma, y al tiempo, perpetuo como la misma historia: una misteriosa sociedad secreta, Las ánimas, vinculada a los protagonistas, aunque ellos, por el momento, no lo saben.
Desde la aparición de Las ánimas, los protagonistas serán testigos de cómo, cuanto pensaban conocer de su vida, puede verse en entredicho. Comenzando por la madre de Charlotte –supuestamente fallecida–, y el padre de la misma –supuestamente loco. El grupo de investigadores será testigo de cómo los misterios acaban sacudiendo definitivamente a cada uno, invitándoles a afrontar sus propios destinos.
En un corto espacio de tiempo, la desesperación, incomprensión y soledad, se apodera de los protagonistas, que no consiguen seguir con sus vidas como si tal cosa. He de ahí que la historia deba regresar al principio, a un parque, para encontrar nuevas pistas que la conducirán al siguiente nivel, uno en que la recuperación de la máquina por parte de Lord Arlington, se convierte en trama central, y su hermano, mencionado al comienzo de la novela, vuelve a tomar protagonismo.
El paisaje cambia, es la exótica España el nuevo mundo donde el lector encontrará una acción  que no decepciona.

Quizá esté mal decirlo, pero creo firmemente que así es. Y lo digo yo, que no suelo echarme flores de forma gratuita.

Hoy quería compartir con vosotros este gran momento, tan esperado y genial.
Salud para todos.


Aquí os dejo un enlace a la web de la editorial, donde encontraréis más información de la obra: 


miércoles, 1 de febrero de 2017

La máquina de besos PRÓXIMAMENTE

Estoy muy, muy, feliz con esta noticia, gente.
El 23 de febrero sale a la venta mi nueva novela La máquina de besos. Una aventura steam con fuerte base histórica.
Tengo muchas ganas de saber qué os parece la sinopsis y la maravillosa portada que me ha hecho el equipo de Escarlata ediciones.
¡¡¡CONTADME COSAS!!!

http://www.escarlataediciones.com/evento/lanzamiento-de-lamaquinadebesos/


jueves, 19 de enero de 2017

A veces una imagen...



















El pan y el pastel de naranja son obra mía... Ah, y las lentejas jajajaj. 
Es lo que tiene estar a 700 kilómetros de madre. 

Disfrutad. 

:)