jueves, 30 de marzo de 2017

Especial 3 La máquina de besos: La ambientación.


Si a día de hoy Londres es una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, coincidiréis conmigo al pensar que en el siglo XIX era lo mismo pero elevado a la máxima potencia.
He ambientado la historia en el victorianismo medio, cuando fue celebrada la auténtica Gran Exposición (que yo he llamado la Exposición universal en la novela), en plena época de industrialización y cambios sociales tales como, por ejemplo, los relacionados con la mujer (aunque el hombre seguía siendo protagonista de la escena absolutamente), que a pesar de seguir sin derecho a voto, consiguieron, entre otros, el derecho al divorcio. Esto que ahora nos suena tan normal en aquella época era cosa tensa, principalmente porque la sociedad estaba más encorsetada que la propia reina. Había prejuicios potentes relacionados con la moral, también se le daba gran importancia al tema del ahorro, el afán de trabajo, etc. Era muy importante el tema de los deberes de la fe, o cosas como descansar los domingos. Te podían echar a los perros si te veían currar a destiempo… Ya ves.
Me vino bien cómo funcionaban las mujeres de buena posición entonces, sobre todo para Charlotte y el desarrollo de la actividad de Las ánimas. Aquello de pertenecer a lugares privados, moverse entre bambalinas: sí, todo eso. También estuvo bien para justificar en cierta manera la reacción social ante el escándalo del palacio, o cómo se trata a Lord Arlington y todas esas cosas. Imaginaos, si a Oscar Wilde le condenaron a trabajos forzados por las sospechas sobre su homosexualidad, la cosa podía haberse puesto fatal ante una denuncia por poner en peligro la integridad colectiva.
Algunos me habéis dicho que Gary da un poco de pena por aquello del trabajo temprano. Bueno, pues en la época era totalmente normal, y eso que en esta ficción concreta existían artilugios y cosas que ayudaban (no he descrito ninguna máquina a parte de la de besos profundamente en la novela, salvo la estructura externa de los andamios del palacio y el mecanismo para retirar las planchas).
En determinado momento sabéis que la ambientación cambia: pasamos de una sociedad de lo más relamido a otra que es prácticamente agraria todavía, de hecho, a excepción de ciertos edificios, bancos, balnearios, palacios y gentes de bien, Valencia podría ser un pueblo grande. Amurallado, eso sí.
Me gusta mucho, muchísimo leer que olisteis el mar cuando Lord Arlington llegaba a esos puertos tan especiales, o la vegetación mientras viaja a ese lugar que todavía no desvelaremos por respeto a los que siguen leyendo o leerán la novela. Me gusta un montón. Es como que se cumple el cometido de todo autor que quiere comunicar algo al público.  













miércoles, 29 de marzo de 2017

I Congreso de novela de Valencia

Como digo muchas veces, en ocasiones las imágenes valen tanto como las palabras, así que vamos a abreviar hasta que desarrolle mi reseña del evento, muchachos.









lunes, 13 de marzo de 2017

Especial 2 La máquina de besos: Los personajes.

Especial La máquina de besos 2. Los personajes. Me encantan las novelas con personajes que podrían pasar perfectamente por reales. Siempre he tenido problemas a la hora de creerme que alguien, sin ningún motivo de peso, abandone su vida para dedicarse a perseguir algo porque sí. No, mis personajes principales no siguen esas pautas. Sus motivaciones, con mayor o menor relevancia, están bien definidas. ¿Hablamos de ellos? Empezamos con Lord Daniel Arlington. Es el heredero de los altos hornos británicos que decidió dejar de lado la empresa familiar, para dedicarse por completo a la ciencia y en otro nivel, a la arquitectura. Desde que tiene uso de memoria ha levantado envidias por su inteligencia y haber decidido vivir su vida como quería en realidad. Tiene un punto apasionado, casi infantil, pero exceptuando esto podríamos decir que el Lord disfruta en su rareza, convive con su ingenio. Este personaje es todo lo que un hombre algo excéntrico y alejado socialmente puede ser. Ahora le toca el turno a Charlotte Walls, hija de un doctor en medicina que parecía tener serios problemas mentales. Se trata de una pelirroja inteligente y desgarbada, que ha vivido sus veinte años de edad encerrada en la mansión familiar sin ningún espejo a la vista. Esta privación de toda referencia externa la ha convertido en un personaje extraño, de estilo anticuado incluso para el Londres victoriano. Si tuviera que compararla con otro personaje literario, diría que es una especie de Jane Eyre. Me gusta Charlotte. Admiro su fortaleza. Lucas es el cochero del Lord, pero también una especie de padre para él. Sucede lo mismo a la inversa: el cochero tiene consideración por Daniel más allá de lo que estipula su relación laboral. Es un hombre de más de sesenta años, canoso y discreto, de esos que alguien arrogante tomaría por un ser sin significación alguna, pero que esconde sombras y secretos enormes. Creo que las motivaciones de Lucas son de lo más justificadas. Ya me diréis vosotros. Está inspirado en todas esas figuras que imaginamos conduciendo una calesa, tapados hasta la nariz, realizando los servicios más urgentes y secretos a medianoche. Gary Olsen. Para hablar de este chaval voy a citar la fantástica reseña que me hizo Erial de la obra (luego os dejo el enlace para que podáis leerla http://ennemidusommeil.blogspot.com.es/2017/03/la-maquina-de-besos-resena.html?showComment=1488872348525): “Gary Olsen, un chico humilde que conoce al lord en la obra del palacio, cuando vuelve para revisar qué fue lo que falló en la estructura (…). Es casi un comic relief, pero también nos llena de ternura —y ganas de matarlo/abrazarlo por su impertinencia, a veces”. Erial tiene razón. Gary, desde el principio, estuvo diseñado para ser lo que no eran todos los demás personajes: espontáneo, cabezota, simpático y guerrero, un chico de los que emocionan y se dejan querer. Protagonista, no obstante, de una de las partes más oscuras de la novela. Por último os voy a hablar de Las ánimas no como personaje, si no como entidad. Esta secta lleva actuando en Londres más tiempo del que pueda recordar nadie. Su misión es… Bueno, creo que no os voy a contar más sobre los personajes. Mejor los descubrís por vosotros mismos. Solo debo añadir que he dejado muchos sin mencionar y que la misma Londres, o el puerto valenciano de zepelines donde se traslada la acción de la novela, así como tantos otros escenarios podrían considerarse personajes por sí mismos. Esa es parte de la gracia de esta ambientación con toques steampunk, que recurre a escenarios conocidos y los adultera lo suficiente para darles ese tono tan chulo y misterioso. Eso, quizá, toque para el próximo especial. Como no soy de ponerles cara a los personajes (me gusta no pisar la imaginación del lector y que cada uno imagine sus propios protagonistas), os dejo por aquí unas cuantas… http://www.escarlataediciones.com/producto/lamaquinadebesos/









martes, 7 de marzo de 2017

Especial 1 de La máquina de besos: El palacio de cristal


El palacio de cristal de Londres, o Crystal Palace, construcción en la que me he inspirado para crear el que aparece en La máquina de besos, fue erigido con motivo de la Gran Exposición del año 1851 (diez días oficiales de expo, ya ves). Como ha ido sucediendo a lo largo de la historia con otros palacios, este también fue trasladado poco después de terminar el evento (seis meses), aunque no viajó más que al distrito vecino, Sydenham Hill, bautizando la nueva zona con su nombre. 



Podríamos pensar que solo albergó la Gran Exposición, pero no es cierto para nada. Durante los años que se sostuvo en pie, el Crystal Palace fue escuela de arte, ciencia y literatura, además de tener su rinconcito de herbolario y dejar hueco, también, para ser sede de la escuela de ingeniería. 
Lamentablemente en noviembre de 1936, una explosión provocó el final del sueño, haciéndolo arder hasta los cimientos. 



Os diré que uno de los testigos de la devastación que lo destruyó en cuestión de horas fue el mismísimo Winston Churchill (el político británico que tuvo un papelón en la Segunda Guerra Mundial, sí: ese mismo). También, que a día de hoy de aquella maravilla solo queda un pequeño arco, brillando con el esplendor de un tiempo que no regresará, y que existe, donde estuvo, un parque que se llama el Crystal Palace Park (vamos, el parque del Palacio pero sin Palacio). 


También, y ya para terminar, os contaré que el palacio que hay en el Parque del retiro de Madrid, está inspirado en este que nos ocupa. 


He estado allí un montón de veces y cada vez que puedo me escapo para verlo de nuevo. Un día me voy a encontrar con Lord Arlington y Charlotte, plano en mano, buscando respuestas, estoy convencida. 



Hasta aquí este primer especial La máquina de besos, donde os iré contando, semana a semana, detalles que me ayudaron a escribir la novela, escenarios y cosas que, si os gusta esta ambientación tanto como a mí, vais a disfrutar mucho.  






Salud.